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Una Púnica desapercibida y Collado Villalba

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Los 22 de diciembre España está pendiente del sorteo de la lotería. Es la noticia del día en todos los medios. El pasado lunes 22 hubo otra noticia que también le seguía, a bastante distancia: el domingo 21 se habían celebrado elecciones en Extremadura. El debate de los resultados se mezclaba con el morbo de cuánto dimitiría el dirigente extremeño del PSOE. A años luz de distancia apareció en algunos medios otra noticia: la Audiencia Nacional hacía pública la sentencia por la trama de corrupción Púnica, después de más de once años desde que se denunciaron los hechos. La Audiencia elige ese día para hacer pública la esperada sentencia ¿Casualidad? va a ser que no. Un favor más a añadir a la lista de jueces que regalan a la derecha. La noticia pasó desapercibida.

Después de la Gürtel, la Púnica es seguramente la mayor trama de corrupción de la España democrática -aunque es posible que me equivoque, ya hemos perdido la cuenta de las del PP- por su tamaño e implicaciones políticas: seis alcaldes condenados a prisión, además de otros concejales y cargos políticos, hasta un total de 29 condenados de los 37 acusados por su participación en esta pieza de la macrocausa Púnica que engloba 16 piezas. Condenados por cohecho, prevaricación y miembros de organización criminal, entre otros delitos. Sorprende además que la Audiencia Nacional, que ha tardado más de once años en emitir sentencia, aplique reducciones en las penas por el “atenuante de dilaciones indebidas”. Es decir la Audiencia se “castiga” y abronca a sí misma y reduce las penas por no haber hecho el trabajo en su debido tiempo. Con el resultado en la práctica de que pocos de los condenados irán a la cárcel. Y a una docena de acusados se les aplica otra reducción, por haber confesado las “irregularidades” y devuelto parte de lo robado.

En el caso de Collado Villalba, el alcalde Agustín Juárez fue detenido por la Guardia Civil en 2014 en el mismo Ayuntamiento y salió esposado de las dependencias municipales, ante la mirada, entre incrédula y asombrada, de los trabajadores municipales.

¿Qué había pasado? El PP de Villalba trató de convencer a oposición y vecinos de que adjudicar a una sola empresa todos los contratos de suministro energético y de mantenimiento municipal abarataría los costes. El argumentario del PP tenía su base: si una empresa se encarga de todo de todos los servicios municipales, conseguirá unos precios más baratos. Economías de escala, a más volumen de negocio precios más bajos.

Pero los concejales de la oposición, Izquierda Unida y PSOE, no vieron las cosas claras. Supuso el mayor contrato municipal de servicios de la historia villalbina para una empresa privada, tanto en volumen económico, 43 millones €, como por la duración, 15 años. Según avanzaban los debates aparecían más dudas, interrogantes y sospechas que respuestas verosímiles. En estas llegamos a octubre de 2014, en que el Alcalde es detenido. La adjudicación ya había sido realizada con el voto unánime de todos los concejales del PP. El proceso se para y posteriormente se anula cuando es bien conocida la trama de corrupción. El PP lo había defendido unánimemente, a capa y espada, pero, ante la evidencia, accede después a realizar un proceso de anulación. Ahora dicen que no sabían nada.

La sentencia publicada considera probado que el alcalde “cometió un delito de fraude a la Administración, un delito de prevaricación y un delito continuado de cohecho, imponiéndole una pena conjunta de cuatro años y seis meses”. No solo el alcalde ha sido condenado, también de Villalba “los exconcejales Alberto Sánchez Caballero y Francisco Pintado López han sido condenados como cooperadores necesarios de un delito de prevaricación, con penas de siete años de inhabilitación para empleo o cargo público en la administración local”.

A las pocas horas de conocerse la sentencia, el PP de Villalba sacaba una nota de prensa indicando que «la sentencia deja claro que las responsabilidades son personales». Es decir que ellos no sabían nada. La actual alcaldesa, Mariola Vargas, era teniente de alcalde y mano derecha del alcalde detenido y condenado. Pero por supuesto, ella no sabía nada, se debió de enterar cuando vio salir a su compañero esposado. En ese momento pensaría “¡ahí va qué sorpresa!”.

A ver si al menos ahora algunos tertulianos y medios de comunicación, pasadas las navidades y los polvorones, se enteran de la trama, de la sentencia y algo más comentan e investigan, que el tema desde luego se lo merece.

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