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La Fiscalía pide dos años y medio de cárcel para Rubiales por el “beso no consentido” y las presiones a Jennifer Hermoso

El expresidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) Luis Rubiales, tras declarar en la Audiencia Nacional. EFE/ Sergio Pérez

Elena Herrera

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La Fiscalía de la Audiencia Nacional solicita dos años y medio de cárcel para el expresidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) Luis Rubiales por el beso que impuso en la boca a la futbolista Jennifer Hermoso tras la final del mundial femenino y las supuestas coacciones a la futbolista y a varios de sus allegados para que saliera públicamente en un vídeo a restar importancia a ese beso. Le atribuye delitos de agresión sexual y coacciones.

El Ministerio Público también pide un año y medio de cárcel para el director deportivo de la selección masculina, Albert Luque, el exentrenador de la selección femenina Jorge Vilda y el exresponsable de marketing de la Federación Rubén Rivera por las coacciones a las que sometieron a la jugadora para que dijese que el beso había sido consentido. Además, reclama que los acusados indemnicen a la futbolista con 100.000 euros. La Federación ha apartado este miércoles de sus funciones tanto a Luque como Rivera, según informa la Cadena SER.

En su escrito de acusación, la teniente fiscal de la Audiencia Nacional, Marta Durántez, concluye que Rubiales “propinó” a Hermoso un beso en los labios “de manera sorpresiva y sin consentimiento ni aceptación de la jugadora”. Y que, con posterioridad, “ante las consecuencias personales y profesionales que le podían acarrear”, él y el resto de acusados comenzaron a ejercer “actos constantes y reiterados de presión” tanto a la jugadora como a su familia y amistades. Todo, dice la fiscal, con la finalidad de que, públicamente, justificara y aprobara “el beso que contra su voluntad” le había dado el expresidente de la RFEF. 

El escrito otorga credibilidad al relato de la futbolista, que en su declaración ante el juez el pasado enero dijo que el beso fue inesperado y en ningún momento consentido y que, en las horas y días posteriores, ella y algunos de sus familiares y amigos sufrieron un atosigamiento constante por parte de Rubiales y personas de su entorno. Según la fiscal, las “presiones” a las que se sometió a la jugadora crearon en ella  “una situación de hostigamiento que le impidió desarrollar su vida en paz, tranquilidad y libremente”. 

Por contra, Rubiales defendió ese beso como “algo natural” entre dos personas que han convivido mucho tiempo y negó haber presionado a la jugadora, según extractos de su declaración publicados por El Español. “¿Cómo le voy a pedir perdón si estábamos los dos super contentos?”, dijo durante el interrogatorio para tratar de justificar ese acto, que fue retransmitido en directo por televisiones de todo el mundo. Tras esa declaración, el juez le prohibió acercarse a menos de 200 metros de la deportista  y comunicarse con ella mientras avanza la investigación. Los otros tres investigados también negaron las coacciones. 

Frente a esta versión, la fiscal hace en su escrito un detallado relato de lo sucedido. Así, explica que el 20 de agosto de 2023, en Sídney, en el momento en que Hermoso recibía el saludo protocolario y la felicitación del presidente de la RFEF, Rubiales sujetó su cabeza con ambas manos y “de manera sorpresiva y sin consentimiento ni aceptación de la jugadora” le propinó un beso en los labios.

Con posterioridad, Rubiales y el resto de acusados comenzaron a ejercer sobre la jugadora y sus allegados “unos actos constantes y reiterados de presión” que, según la fiscal, crearon en Hermoso “una situación de ansiedad e intenso estrés, que se prolongó durante varios meses después”. En su escrito, la fiscal recuerda que Luque, Vilda y Rivera eran “personas de confianza” de Rubiales, que accedieron a sus cargos bajo su mandato y que su “privilegiada situación” en la RFEF dependía, por tanto, de la suerte que corriera la de su presidente.

“Actos constantes y reiterados de presión”

En cuanto a las coacciones, el escrito se centra en varios hitos para desentrañar su existencia: la petición de Rubiales para que Hermoso saliera del vestuario en el “momento inmediatamente posterior a la entrega de medallas”, lo ocurrido en el autobús que trasladó a las jugadoras al aeropuerto de Sídney, los hechos que tuvieron lugar dentro del avión que trajo a la comitiva de vuelta a España y lo acontecido en los días posteriores en Ibiza, donde una decena de jugadoras disfrutaron de unos días de vacaciones pagados por la RFEF. 

Respecto al vestuario, la fiscal sostiene que Rubiales pidió a la directora de fútbol femenino de la RFEF, Ana Álvarez Mesas, que mandara salir a Hermoso porque quería hablar con ella. La jugadora accedió y en este primer momento el expresidente federativo le pidió que hiciera una declaración en la que aceptara públicamente el “beso recibido”. Pero Hermoso dijo que no estaba de acuerdo y que no tenía obligación alguna de hacer esa declaración.

Momentos después, ya en el autobús, la fiscal dice que “se le obligó a bajar precipitadamente del mismo” para que “suscribiera una nota de prensa redactada por el equipo de comunicación de la RFEF” por orden de Rubiales. Ese comunicado exculpatorio se acabó enviando a los medios a pesar de que la jugadora no compartía su contenido ni había tenido ninguna intervención en el mismo.

En relación al vuelo, la fiscal relata que primero fue Rubiales quien intentó que la jugadora accediese a aparecer en un vídeo con él afirmando que el beso había sido consentido. Pero ella se negó. Así que tras pedir consejo a su “equipo de confianza”, siempre según la fiscal, Rubiales pidió a Vilda que hablara con el hermano de la jugadora. El escrito recoge que el entonces seleccionador “le advirtió de que si su hermana no accedía a participar en el vídeo, ello tendría consecuencias negativas para ella, tanto en lo personal como en su carrera profesional como futbolista”.

El otro escenario clave para desentrañar las presuntas coacciones es el citado viaje a Ibiza que la RFEF pagó a las jugadoras. Allí se trasladaron los otros dos procesados: Rubén Rivera y Albert Luque. Según el auto, por encargo de Rubiales, el primero le insistió a la futbolista que debía participar en el vídeo y le pidió “de manera reiterada y persistente” que hablase por teléfono con el responsable de integridad de la Federación. Ese comité había abierto un expediente respecto a los hechos ocurridos en Sydney en el que se pretendía la exculpación de Rubiales “obligando a cambiar declaraciones de intervinientes y aportando periciales parciales en su favor”, sostiene el escrito de la fiscal. 

Ante las reiteradas negativas de la futbolista, entró en escena Luque que, “de acuerdo” con Rubiales, se desplazó a Ibiza para conseguir que la jugadora participara en el vídeo. Acudió al hotel en el que se alojaban la futbolista y una amiga e intentó “obligar” a Hermoso a hablar con él, a lo que ella se negó. Según el escrito, finalmente, y ante la rotunda negativa, Luque envió un mensaje a la amiga de Hermoso insistiendo en su petición de ayuda para justificar la conducta de Rubiales.

En ese mensaje, recoge la fiscal, Luque hacía alusión a que a la jugadora, por su edad, le quedaban dos años de carrera y que si en este momento le ayudaba seguramente le podría conseguir un puesto en la RFEF. También acusaba a Hermoso de mala persona, le deseaba que se encontrara muy sola en la vida y le anunciaba que se alegraría si eso sucediera.

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