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Opinión - Poco nos pasa, por Esther Palomera

El repliegue de la ministra Robles

Robles agradece la colaboración de Ciudadanos: "Ojalá hubiera pasado hace meses y las cosas hubieran sido diferentes"

Diciembre de 2016. Dos meses después del traumático Comité Federal que convulsionó al PSOE y arrastró a la dimisión de su secretario general, Pedro Sánchez andaba deprimido y sin saber qué hacer con su futuro. Al día siguiente de presentar su renuncia también como diputado, se desahogó en el programa Salvados y, a preguntas de Jordi Évole, denunció una operación de acoso y derribo contra él en la que habrían participado sectores de su propio partido y grandes actores mediáticos y económicos españoles. Ese día hubo quien pensó que el ex secretario general se había pegado un tiro en la sien y acabado para siempre con su carrera política. Una de ellas fue la hoy ministra de Defensa, Margarita Robles, quien había sido meses antes el fichaje "estrella" como número dos a las elecciones generales del candidato del PSOE.

Acompañada de la diputada por Zaragoza y miembro de la dirección del PSOE a la que sustituyó una gestora, Susana Sumelzo, Margarita Robles se plantó en Valladolid para almorzar con el alcalde de la ciudad, el socialista Óscar Puente, y animarlo a que se presentara él a las primarias contra Susana Díaz. "Pedro está muerto. Has de ser tú quien dé la batalla", le dijo. Cuentan en los mentideros del PSOE que no fue al único al que planteó que compitiera por la secretaría general contra la entonces presidenta de Andalucía, Susana Díaz. Sánchez, a quien Robles debía su regreso a la primera línea, nunca supo de sus movimientos en busca de un sustituto y, cuando decidió finalmente lanzarse a la reconquista de la secretaría general, volvió a contar con ella para su equipo de ¿fieles?

Viene todo esto a cuento de la lealtad que la titular de Defensa se ha visto obligada de declarar a Sánchez en los últimos días ante varios dirigentes socialistas para zanjar la polémica de verse convertida en icono de la derecha política y mediática y en el centro de una surrealista operación para hacerla presidenta de un hipotético Gobierno de concentración nacional.

La ciencia ficción es un género que también practica la política. Esta vez ha sido el nombre de Robles; antaño fue el de José Bono, Josep Borrell y hasta el del mismísimo Felipe González. En medio de esta tormenta perfecta, que es la crisis del coronavirus, la imaginación no descansa, el enredo es gratis y en la campaña de acoso y derribo contra Pedro Sánchez vale todo. Incluso que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz-Ayuso, convierta a la titular de Defensa en la nueva Manuela Malasaña, una de las heroínas del levantamiento popular contra las tropas francesas de 1808. Lo dijo en su discurso solemne del 2 de mayo, la fiesta de Madrid. Ahí es nada.

Días antes, la ministra de Defensa, quiso recordar a las víctimas del coronavirus en el cierre de la morgue improvisada en el Palacio de Hielo de Madrid, donde fue el único cargo del Gobierno invitado por las autoridades de Madrid. En presencia del alcalde Martínez-Almeida y de Díaz Ayuso, y al borde de las lágrimas, dedicó unas palabras a quienes habían perdido la vida en la pandemia y defendió la labor de cuidado y de cariño llevada a cabo por el Ejército: "No les hemos podido salvar la vida, pero que sepan que nuestras Fuerzas Armadas siempre han estado con ellos, no les han dejado solos ni un minuto. Nunca les vamos a dejar atrás. En todo momento han estado con ellos, guardando por su dignidad, por su respeto, y orando cuando sabían que eran personas creyentes (...) Que sepan que en otro mundo mejor les estarán viendo, ayudándonos a todos y yo no puedo dejar de acompañarles en ese dolor (...). No estuvieron solo porque nuestras Fuerzas Armadas estuvieron con ellos", afirmó.

Sus palabras fueron trending topic en las redes sociales, con múltiples reconocimientos y aplausos sobre todo del espectro ideológico de la derecha. A los pocos días, su popularidad ya se había disparado en las encuestas encargadas por los medios más conservadores, que la convirtieron en el miembro del Gobierno mejor valorado en la historia de la democracia, un 7,2 de nota media en la puntuación de los españoles.

La participación de los tres cuerpos del Ejército y de la Unidad Militar de Emergencias (UME) en la "operación Balmis", que es como bautizó el Jemad su misión durante la vigencia del estado de alarma ha jugado en su favor. Pero, también sus intervenciones públicas junto a los dirigentes del PP, que la colmaron de elogios hasta convertirla en presidenciable dentro de esa exótica teoría del Gobierno de concentración.

En Moncloa y en el PSOE no gustó que la ministra dejara crecer la bola y tampoco que se prodigara con extensas entrevistas en los medios de comunicación más hostiles con Pedro Sánchez. "Ella se ha dejado querer. Su ego ha podido más que su supuesta lealtad al presidente", asegura un ministro que también destaca la "incapacidad" de Robles para "trabajar en equipo" y su "compleja personalidad".

El malestar con ella ha sido notable. Tanto que Robles tuvo que pedir seriedad tras ser preguntada por la posibilidad de un Gobierno de concentración presidido por ella en una rueda de prensa en Moncloa y declararse "orgullosa" de formar parte del Ejecutivo liderado por Sánchez mientras sus compañeros de gabinete la miraban de reojo.

La secuencia no es nueva en la historia del socialismo. Robles es hoy lo más parecido al José Bono de la etapa de Zapatero. Ambos ministros de Defensa, ambos bien vistos entre la dirigencia y el electorado de derechas y ambos con personalidades dispuestas siempre al enredo y el contubernio.

En el Gobierno sostienen que el presidente vive ajeno a ese tipo de maniobras y que no ha emitido señal perceptible respecto a la actitud de Robles, que sí ha sido afeada por otros dirigentes socialistas que le acusan de "contribuir, aún sin pretenderlo, al desprestigio y el acoso contra Sánchez". La opinión de algunos cargos es que todo esto "no le saldrá gratis en su relación" con el secretario general del PSOE. Sánchez habla poco, pero observa mucho y siempre toma nota. Si algo le define como líder político es su implacable forma de actuar con quienes considera partícipes de algún agravio contra su indiscutible liderazgo. Y Robles, como otros muchos que han trabajado de cerca con él, lo sabe. De ahí que la ministra esta misma semana haya dado explicaciones sin que se las pidiera nadie y haya confesado ante algunos compañeros de Gobierno y de escaño que toda la campaña de la derecha ha sido "muy a su pesar", asegura un socialista con el que ha conversado sobre ello durante estos últimos días.

"La ministra está muy ofendida [añade el mismo interlocutor] y defiende que no entiende cómo con la lealtad que ella ha profesado a Sánchez se haya dudado de sus intenciones". En su descargo, añade otro miembro de la dirección federal, "hay que decir que su ego y su gusto por la adulación han podido más que cualquier otra circunstancia". Sea como fuere, después de todo ello, Robles se ha replegado y vuelto a los cuarteles para evitar seguir siendo utilizada por la derecha para convertirla en una hipotética sustituta de Sánchez.

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Publicado el
9 de mayo de 2020 - 20:49 h

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