Sánchez y Feijóo se citan en la Moncloa en un clima de ruido y confrontación que disipa el entendimiento: tú a Ucrania y yo a Venezuela
De primero de democracia: cuando el presidente del Gobierno de un país convoca al líder de la oposición para abordar asuntos de Estado se acude a la cita y punto. No se especula con dobles intenciones. No se desconfía. No se ponen condiciones. Y, sobre todo, no se insulta. Pero estamos en España y aquí hace tiempo que los códigos de la democracia cambiaron por completo. Tanto que ya forma parte de la normalidad que al jefe de gobierno se le llame “arrogante”, “sinvergüenza”, “chulo”, “caudillo”, “meme de república bananera”, “tirano” y hasta “hijo de puta”. Tanto que nadie espera que ni siquiera ante escenarios inquietantes como el que proyecta Donald Trump con su decidida voluntad de apropiarse de Groenlandia, dinamitar la OTAN y socavar la UE impulsando a las fuerzas de extrema derecha en el continente, se deje de lado la refriega partidista.
Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo se reunirán el lunes en la Moncloa en un clima de ruido y desconfianza que disipa cualquier atisbo de entendimiento. La reunión se ha convocado para que el presidente informe al principal partido de la oposición –en el marco de una ronda de contactos con todos los grupos políticos excepto con Vox– de los avances en la Coalición de Voluntarios de la que España forma parte con otros 34 países para ayudar a Ucrania, invadida por Rusia hace casi cuatro años. Y explicar también el posible envío de tropas españolas para garantizar la seguridad, una vez esté consolidada la paz.
Pero cuando en la calle Génova recibieron la invitación, el equipo de Feijóo puso como condición para asistir a la cita desde un informe escrito sobre los contratos de Defensa firmados por el Gobierno y el listado de las empresas contratadas –información disponible en el Portal de Transparencia–, un documento con explicaciones detalladas sobre la pérdida de confianza en los aliados de la OTAN, un análisis de la negativa del gobierno a aumentar el gasto militar al 5% del PIB y hasta un memorándum sobre presuntos vínculos del Ejecutivo con el ejército chavista. Demandas todas ellas que en la Moncloa se recibieron como una señal inequívoca de que “el PP no busca más que una nueva oportunidad de chocar con el Gobierno, representar un teatrillo e insistir en un anticipo electoral que no llegará por más que lo pida”, según palabras del entorno de Sánchez.
“Nosotros hablamos de parar una guerra y ellos solo piensan en cómo sacar rédito con un nuevo encontronazo con el presidente del Gobierno, lo que no solamente demuestra una escasa altura moral ante una situación internacional extremadamente compleja, sino la palmaria ausencia de una sólida apuesta estratégica sobre el nuevo orden global”, lamenta un estrecho colaborador del presidente.
El “no” del PP al envío de tropas
Si Feijóo dijera “no” a una fuerza de paz en Ucrania –que en ningún caso está prevista para un horizonte inmediato, pero sí precisará del aval del Congreso–, “¿cree que Donald Tusk, primer ministro de Polonia, y el canciller alemán, Friedrich Merz, ambos de su misma familia política en Europa, se cruzarán de brazos o, por el contrario, le llamarán al orden?”, se pregunta un ministro socialista. “¿Acaso se ha preguntado el líder de la oposición, cuál es la opinión de sus electores al respecto? Todas las encuestas revelan que son favorables a una participación de España en una fuerza de paz”, añade el mismo interlocutor.
En la parte socialista del Gobierno no solo tienen la sensación de que el PP anda perdido en el tablero internacional sino también de que, a pesar del ruido y la furia que quieran desplegar con otros asuntos nacionales, tienen muy complicado oponerse a esta misión llegado el caso. De momento, Feijóo se ha limitado a exigir que el encuentro de este lunes, además de abordar el envío de tropas a Ucrania incluya otros asuntos y que se le proporcionen detalles sobre la seguridad nacional, el gasto militar y las partidas que el Gobierno pretende movilizar para sus compromisos. Pero si hay un asunto que Feijóo tiene previsto poner en el foco de esta conversación con el presidente no es tanto Ucrania como Venezuela y los vínculos que el PP entiende que el Gobierno de Sánchez tiene con el régimen chavista. El líder de la oposición se ha empeñado en asumir como propios los postulados y hasta las contradicciones de la ultraderecha tras el secuestro de Nicolás Maduro en el marco de una operación al margen del derecho internacional sin que haya caído el chavismo ni la oposición, con María Corina Machado a la cabeza, haya asumido el poder.
La presidenta encargada, por designación directa de Trump, es hoy la maléfica Delcy Rodríguez, y el presidente de los EEUU ha humillado públicamente a Machado al decir que carece del apoyo y el respeto del pueblo venezolano para tomar las riendas del país y otorgar un perfil bajo a su reciente visita a la Casa Blanca. Y, sin embargo, el PP insiste en convertir a Sánchez en principal valedor de la que fue vicepresidenta de Maduro.
Con todo, lo más grave es que el PP y el propio Feijóo se han sumado, sin remilgo, a la insidiosa campaña de la ultraderecha contra un expresidente del Gobierno y difundido todo tipo de bulos sobre José Luis Rodríguez Zapatero. Precisamente esta semana, la Fiscalía Antidroga ha planteado al magistrado Antonio Piña, instructor de la Audiencia Nacional, que rechace la querella presentada por la asociación ultraderechista HazteOír contra el expresidente, a quien el grupo ultracatólico acusa de participar en una trama de narcotráfico y blanqueo gracias a sus supuestos vínculos con Nicolás Maduro, exjefe de Estado de Venezuela. Delitos ambos que han llegado a imputar también varios dirigentes del PP en sus intervenciones públicas.
Y, tras recibir la denuncia, el juez pidió el pasado 8 de enero su opinión al Ministerio Público, que se ha pronunciado en contra de iniciar una causa contra el exdirigente del PSOE, quien ha mediado para liberar a presos políticos que permanecían encarcelados por el régimen chavista. Antidroga considera que no existe el más “mínimo” indicio contra Zapatero y que la querella se basa en “conjeturas, suposiciones y/o deducciones infundadas y carentes del más mínimo sentido descriptivo ni apoyo fáctico alguno”.
Zapatero y la jurisprudencia sobre denuncias falsas
Zapatero prefiere guardar silencio y no responder a cada una de las patrañas que se vierten desde la derecha mediática y política contra él, si bien hay jurisprudencia del Constitucional y del Supremo según la cual una víctima de denuncias falsas que obliguen a trabajar a la Administración de Justicia tiene derecho a una reparación por el daño sufrido a su reputación. Si durante la investigación, el juez determinara que los hechos o datos aportados son falsos, el tribunal procederá al archivo o sobreseimiento de la querella original. Y, una vez que exista una sentencia absolutoria o auto de archivo firme, la persona afectada puede interponer una querella contra el denunciante original por un delito de acusación y denuncia falsa.
Presentar una querella a sabiendas de su falsedad o con temerario desprecio hacia la verdad conlleva sanciones que varían según la gravedad del delito falsamente imputado. La imputación de delitos graves puede suponer penas de prisión de seis meses a dos años y multas de 12 a 24 meses. Y para que los tribunales condenen por este delito, la jurisprudencia exige la concurrencia de la imputación de hechos concretos, de tal modo que no bastan juicios de valor o sospechas. El Tribunal Supremo exige, de hecho, que el denunciante actúe con “conocimiento de su falsedad o temerario desprecio hacia la verdad” porque “la libertad de expresión [según doctrina del Constitucional] no permite difamar injustamente a otros”. En ese caso el bien jurídico protegido es la Administración de Justicia para evitar el uso de recursos públicos en causas espurias y, secundariamente, el honor de la persona injustamente acusada.
Como ha dicho el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, Zapatero se ha convertido en una pieza a abatir para el PP “porque ganó las elecciones de 2004, porque derrotó a ETA en 2011 y porque levantó la campaña de 2023” con la que Sánchez evitó que Feijóo tuviera la mayoría necesaria para gobernar. No sería por tanto de extrañar que el líder del PP, en su conversación con el presidente del Gobierno, demande explicaciones sobre el papel del expresidente en la compleja situación de Venezuela.
En la Moncloa barruntan, en todo caso, que lejos de buscar información y adoptar la posición de Estado que exige el complicado tablero de la geopolítica, Feijóo buscará solo el choque. Justo lo contrario a las instrucciones que el presidente ha trasladado a los suyos para evitar, tanto en el on como en el off, cuando acabe el encuentro con Feijóo, aunque defienda –como cada vez que ha visitado la Moncloa– que Sánchez no le ha dado respuesta a ninguna de sus preguntas y pese a que la cita se pueda resumir ya con un 'tú a Ucrania y yo a Venezuela'. Y es que “hace tiempo que la derecha tradicional ha roto la institucionalidad más básica”, concluye otro portavoz de Sánchez, que entiende que lo que está en juego hoy ya no es un debate “sobre izquierdas o derechas”, sino “sobre democracia o derivas autoritarias”.
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