Muchos titulares y pocas firmas
Por lo que sea, Jordi Sevilla es de esos socialistas que nunca tuvieron en el PSOE gran éxito de crítica y público. Tampoco se puede decir que el exministro se haya prodigado nunca por la procelosa vida orgánica de su partido. Algo que en ocasiones es un mérito y en ocasiones, un obstáculo insalvable para cualquiera que intente construir una corriente crítica. Allá por dónde pasó -fuera el Gobierno, la dirección federal o Red Eléctrica-, el hombre que quiso enseñar economía a José Luis Rodríguez Zapatero “en dos tardes” siempre hizo de Pepito Grillo. Hoy vuelve a la palestra con un manifiesto -Socialdemocracia21- para reclamar un “cambio de rumbo político” en su partido y responsabilizar a Pedro Sánchez de la polarización, del auge de la extrema derecha, de la pérdida de apoyos al socialismo y de conducir al país a una dictadura de las minorías.
A nadie ha pillado por sorpresa porque hace meses que sus intenciones han sido publicitadas, con gran alarde tipográfico, por una derecha mediática que, en su afán por atacar a Sánchez, ha tratado de vincular con la iniciativa de Sevilla a relevantes socialistas que ni están ni se les espera junto al propósito del exministro, aunque se les otorgó el papel de impuslores. Por ejemplo Ignacio Urquizu, exalcalde de Alcañiz (Teruel), a quién Sevilla trató de arrastrar infructuosamente a su proyecto. O por ejemplo Eduardo Madina, para quien “el PSOE es hoy como el instituto”, un espacio que siempre estará en su recuerdo, pero al que nunca volvería. O por ejemplo Susana Díaz, para quien la iniciativa no es oportuna y dice -lo que piense puede ser distinto- que tampoco es momento de abrir debates internos.
Son solo algunos ejemplos, pero hay otros muchos porque, en general, el PSOE hoy no está por la labor de abrir frente alguno ni contra la estrategia política de Pedro Sánchez ni contra su liderato. “Mientras dure el Gobierno, todo sueño húmedo de los críticos de guardia acabará en pesadilla, y no porque el líder del partido y presidente del Gobierno se llame Pedro Sánchez, sino porque sería un suicidio colectivo”, resume un veterano dirigente que ya ha cohabitado con diferentes secretarios generales y vivido no pocas guerras fratricidas en una organización que si de algo sabe es de autodestrucción.
El caso es que Jordi Sevilla ha realizado en los últimos meses decenas de llamadas, pero apoyos ha cosechado pocos. Y los pocos que ha sumado no cuentan con predicamento entre la dirigencia o la militancia. Al manifiesto, que echa en falta políticas socialdemócratas de reparto de la renta, un fortalecimiento de los servicios públicos o una reforma fiscal progresista, se han adherido de momento con vídeos de apoyo en redes sociales algunos socialistas que carecen de peso orgánico o político en el partido, si bien el senador y ex secretario general de los socialistas madrileños, Juan Lobato, ha hecho de portavoz improvisado en varias televisiones de un movimiento que pretende convertirse en plataforma o corriente de debate, pero sin la pretensión, de momento, de constituirse en corriente de opinión del PSOE.
Para esto último, los requisitos están definidos en el artículo 4 de los Estatutos del partido, entre ellos la preceptiva autorización del Comité Federal, a propuesta de la Comisión Ejecutiva y el aval previo de un 5% de militantes de al menos 5 federaciones regionales. No parece que Sevilla y quienes le susurran al oído puedan arrastrar ese porcentaje del censo de afiliados. Lo que sí ha logrado es la atención de la prensa.
Pues, enhorabuena al premiado, que en adelante es probable que tenga que disputarse con Emiliano García Page o Felipe González la distinción de socialista más solicitado y laureado por la derecha mediática. Porque lo de presentar a la ex socialista Soraya Rodríguez como referente histórico del PSOE, como se escucha en algunos medios, suena igual de estrambótico que si alguien se refiriera a Miguel Tellado como ejemplo indiscutible de intelectualidad.
Conclusión: muchos titulares, pero pocas firmas.
19