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La voluntad de reforma en Marruecos choca con “una sociedad muy conservadora”

El ministro de Justicia de Marruecos, Mohamed Aujjar, durante la entrevista con Efe en la sede del Ministerio, en Rabat.

EFE

Rabat —

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El gobierno de Marruecos está inmerso en una dinámica de reformas, pero la voluntad de cambio choca con “una sociedad muy conservadora” que necesita de “pedagogía”, según afirma en una entrevista con Efe el ministro de Justicia, Mohamed Aujjar.

El ministro, que ofreció la entrevista en el marco del vigésimo aniversario en el trono de Mohamed VI, considera que el monarca es el primero que quiere hacer del país “una monarquía parlamentaria, democrática y social”, un “reto histórico” para el que hay que “ir preparando a la sociedad”.

“Marruecos está comprometido y quiere formar parte del nuevo mundo, pero tomando en consideración el tejido social”, repite el ministro en varios momentos de la entrevista, refiriéndose a cuestiones como la abolición de la pena de muerte o la despenalización de las relaciones sexuales extramaritales, incluidas las relaciones homosexuales.

Para nosotros -dice el ministro-, “la Unión Europea es el sistema de valores que compartimos, y estamos preparando a la sociedad para ello (pero) es una sociedad muy apegada a ciertas tradiciones, que se encuentra en una región (árabe) atravesada por el fundamentalismo y el oscurantismo”.

Aunque el ministro habla en plural en nombre de un proyecto colectivo, también reconoce que forma parte de un gobierno de coalición de seis partidos en el que el mayoritario en el parlamento es el Partido Justicia y Desarrollo (PJD, islamista), con ideas muy distintas en lo referente a las libertades individuales.

Algunas de las leyes más controvertidas en Marruecos son las que penalizan la homosexualidad, el adulterio o la no observancia del ayuno en ramadán, y Aujjar reconoce que su abolición por “no es para mañana”, ya que para ello “hay que preparar a la sociedad paulatinamente y sin choques”.

De todas formas, sostiene que hay “una clara regresión en el número de casos que llegan a los tribunales por estos delitos”, pero se resiste a dar cifras; la Fiscalía ha hecho público que el año pasado abrió más de 3.000 casos por adulterio y 170 por homosexualidad, pero se desconoce cuántos terminaron en juicio y condena.

“Pese a su carácter conservador, la sociedad, y también los tribunales, están en una tendencia de respeto cada vez mayor a la vida privada”, sostiene el ministro, pero matiza que hay que distinguir entre la esfera privada y la pública y no buscar nunca “el choque con la sociedad”.

El ministro insiste en otras reformas impulsadas por su departamento que son más inmediatas y que ya se encuentran en instancia parlamentaria, como las distintas medidas para aliviar la superpoblación carcelaria -83.000 presos, una de las cifras más altas de todo el mundo árabe-, causada por el hecho de que un 40 % de los reclusos son presos preventivos sin la condena en firme.

Al respecto, una próxima enmienda al Código de Procedimiento Penal va a convertir la detención preventiva en excepcional, al obligar al Procurador (fiscal) a argumentarla y permitir su recurso en las 48 horas siguientes; esto va a ir acompañado de una batería de penas alternativas (trabajos sociales, multas o pulseras electrónicas) para los delitos considerados menores.

“Una verdadera política penal no puede consistir en meter a la gente a la cárcel”, insiste.

Del mismo modo, el gobierno va a impulsar otra medida como es la presencia obligatoria de un abogado defensor desde el primer momento de detención de una persona y va a instalar cámaras en todas las comisarías para evitar cualquier situación de tortura o maltrato, hechos que según él no suceden actualmente sino “de forma excepcional, siendo casos que son inmediatamente reprimidos y castigados”.

Lamenta al respecto que solo existan en el país trece médicos forenses que puedan certificar la veracidad de esas acusaciones, y promete generalizar su presencia en todas las regiones y provincias de Marruecos.

Otra reforma en la que está inmersa el ministerio es promover una mayor presencia femenina de los oficios judiciales, comenzando por los jueces, los notarios, los abogados y los funcionarios del ministerio de Justicia.

Aujjar destaca la primera promoción de mujeres “adules” o notarias de derecho familiar -que se ha regido siempre por la tradición islámica-, que van a representar un tercio del total de titulados; está por ver ahora cómo la sociedad va a aceptar que una mujer dé su veredicto sobre cuestiones como divorcios o herencias, algo que nunca ha sucedido en la historia.

“Esto va a ser una novedad en el mundo musulmán -dice Aujjar- Hay que abrir el ámbito religioso a la mujer, y en esto quiero rendir homenaje al rey y a los ulemas” por haberlo hecho posible.

Javier Otaz

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