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Ada Blackjack, la ‘robinson crusoe’ iñupiat

La mujer, de la tribu esquimal (aunque ellos rechazan el término), sobrevivió más de dos años sola en la Isla Wrangler

La expedición a la que acompañaba como costurera fracasó, y ella acabó a merced de los osos polares en pleno Ártico

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 Ada Blackjack fue contratada por un explorador británico para servir como costurera de ropa indígena en la expedición.

Ada Blackjack fue contratada por un explorador británico para servir como costurera de ropa indígena en la expedición. PD-US

Conocemos las grandes historias épicas de supervivencia de exploradores europeos, pero a menudo se olvidan las hazañas de gentes de otros pueblos que muchas veces son incluso más épicas. Como la de Ada Blackjack, una mujer de la tribu  Iñupiat (esquimales, aunque ellos rechazan el término) nacida en Alaska que en 1921 fue contratada por un explorador británico para servir como costurera de ropa indígena para una expedición a la Isla Wrangler, cerca de la costa norte de Siberia, al otro lado del Estrecho de Bering. Y que acabó protagonizando una épica gesta de supervivencia polar extrema.

Ada tenía un hijo enfermo cuyo tratamiento no podía pagar y aceptó acompañar a cuatro expedicionarios casi sin experiencia polar durante el año que tenían previsto pasar en la isla Wrangler. Pero la expedición estaba muy mal planificada, con recursos insuficientes, y el barco que debía recogerles al final del periodo previsto no consiguió llegar, por lo que se quedaron varados sin provisiones para pasar un segundo invierno ártico. Uno de los expedicionarios enfermó (de escorbuto) y los otros tres decidieron intentar llegar a tierra: nunca se volvió a saber de ellos.

Mientras Ada cuidó del enfermo durante seis meses haciendo de enfermera, cazando para alimentar a ambos, buscando leña y ocupándose de todo entre las continuas quejas del afectado. Cuando finalmente murió, la mujer siguió manteniéndose por sí misma hasta que, más de dos años después de lo previsto, apareció un barco de rescate que la encontró en buen estado físico y anímico a pesar de la absoluta soledad y de su terror a los osos polares, continua amenaza en aquella isla. Rescatada, regresó a Alaska donde se la recibió como la ‘robinson crusoe mujer’ y recibió parte (que no toda) su paga, con la que se llevó a su hijo a ser tratado en un hospital de Seattle. Murió con 85 años, aunque nunca recibió la fama y el dinero de los que que en cambio sí gozaron los organizadores de la catastrófica expedición.

Imagen de PD-US

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