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La enfermedad del siglo XXI

La ansiedad ya es la enfermedad mental más citada por los españoles, por delante de la depresión y se ha convertido en el mal de nuestros tiempos.

Un dato revelador y preocupante al mismo tiempo es que España es el país con más consumo de sedantes de Europa; en nuestro país somos líderes en consumo de ansiolíticos.

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Sylvia Plath (película Sylvia)

Sylvia Plath (película Sylvia)

“La vida se te escapa y se te va minuto a minuto, y no puedes ir al supermercado y comprar vida”. Pepe Mujica

 

Se dice, se comenta, que la ansiedad es la enfermedad silenciosa del siglo XXI. También hablan de ella como epidemia social. Y es que quién no conoce a alguien con episodios de ansiedad o etapas ansioso depresivas. La ansiedad ya es la enfermedad mental más citada por los españoles, por delante de la depresión y se ha convertido en el mal de nuestros tiempos. Un dato revelador y preocupante al mismo tiempo es que España es el país con más consumo de sedantes de Europa; en nuestro país somos líderes en consumo de ansiolíticos: al menos una de cada 10 personas sufre estos síntomas, según la OMS. Según las últimas encuestas, la ansiedad ya es el problema mental más citado por los españoles.

Llega un día que simplemente te rompes. El mundo sigue a tu alrededor y tu cabeza no funciona “como debería”. Intentas arreglarla como quien se cura de un esguince o de una gastroenteritis, pero esto es mucho más complejo e incomprendido socialmente. Entre otras cosas, creo, por el estigma de siglos atrás y actualmente, que hacen que no avancemos en este sentido. La gente suele esconder este tipo de situaciones y problemas. Mejor no hablar de ello, pero precisamente eso me parece un grave error. La culpa judeocristiana nos lleva a esconder en el armario patologías o enfermedades que tampoco hemos elegido. ¿Hasta cuándo?

Te miran como a un bicho raro. Sé feliz, céntrate en lo positivo, “sí se puede”, y frases estilo Mr Wonderful te rondan alrededor. Lo hacen por ti, intentan ayudarte, pero no te ayudan una mierda, con perdón. La depresión es una enfermedad seria. A nadie le gusta estar deprimida y sufrir. Nadie decide pasarlo mal, aunque tengamos un concepto de la felicidad en mi opinión, erróneo y muy occidentalizado y mercantilizado.  

Nos programan para consumir y producir y dejar la vida pasar. No nos enseñaron a vivir. Ahora quien más quien menos consume drogas legales o ilegales. Cuando tienes ansiedad o depresión acudes al médico y la tendencia es –no siempre- recetarte pastillitas de la felicidad para recuperarte lo antes posible y poder seguir en tu lugar de trabajo. Las autónomas, las que ni tenemos baja laboral, apenas podemos permitirnos enfermar. Se echa en falta un sistema de salud pública que prime la salud mental y lo haga desde una perspectiva transformadora y terapéutica, invirtiendo en psicología más que en psiquiatría.

Los libros de autoayuda llenan las repisas de las librerías. El poder el ahora; En busca de la felicidad; Sé feliz en 10 sencillos pasos; Ansiedad para dummies son top ventas. Yo misma, lo reconozco, soy algo magufa. Intentas buscar una explicación a la vida que llevamos y a una posible solución más oriental. Intentas lo del poder del ahora, la meditación, pero te interrumpe el sonido del móvil… Por supuesto, creo que ayuda y está probado científicamente que la meditación reduce la depresión y la ansiedad. Por eso ahora está de moda, pero ¿es compatible con nuestras vidas? Matthieu Ricard, traductor al francés del Dalai Lama y biólogo anteriormente, asegura que sí. Se trata de fijarse en la respiración, pero además se trata de ser altruistas y estar en el momento presente, con desapegos. Sin embargo, es complicado llevarlo a cabo cuando nos han programado en una cultura judeocristiana y capitalista, del esfuerzo, el sacrificio, el sufrimiento y la culpa por encima de todo.

Por supuesto, no soy experta en el tema, pero ya son años de crisis episódicas, como las que puede estar teniendo el lector o lectora que ahora mismo fija su vista en esta página. Sacarlo fuera, hacerlo visible, compartirlo aunque difícil es el primer paso para la recuperación. Existen además asociaciones y grupos de apoyo mutuo como el de FLIPAS GAM en Madrid donde además puedes compartir en primera persona tus experiencias, donde nadie va a juzgarte por algo que no es un delito.

Porque no estás solo, no estás sola,

“No te rindas por favor no cedas,

aunque el frio queme,

aunque el miedo muerda,

aunque el sol se ponga y se calle el viento,

aun hay fuego en tu alma,

aun hay vida en tus sueños,

porque cada día es un comienzo,

porque esta es la hora y el mejor momento”. Mario Benedetti

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