Roma no cayó de golpe: el norte ya ocupaba y cultivaba Alemania un siglo antes

Nature situó grupos norteños en Baviera y Hesse

Héctor Farrés

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Las insignias imperiales dejaron de tener valor en cuanto cambiaron de manos. Odoacro no necesitó coronarse emperador para desmontar el poder romano en Occidente, porque bastó con apartar a un adolescente que apenas gobernaba y enviar los símbolos del cargo a Constantinopla. El jefe militar germánico actuó dentro de un sistema que ya llevaba décadas lleno de generales extranjeros, tropas reclutadas fuera de Italia y autoridades incapaces de controlar sus propias fronteras.

La caída de Rómulo Augústulo en 476 suele presentarse como el golpe definitivo que acabó con Roma, aunque el proceso venía de mucho antes y había avanzado mediante pactos, desplazamientos pequeños y cambios lentos dentro del propio Imperio. Muchas comunidades del norte de Europa ya convivían con la administración romana, trabajaban en sus tierras o servían en su ejército antes de aquel derrumbe político. Esa convivencia previa terminó alterando la población y las costumbres de amplias zonas de Centroeuropa.

Los cementerios bávaros ya reunían familias norteuropeas

Un estudio publicado en Nature y recogido por la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz sostiene que la transición del mundo romano a la Alta Edad Media en el sur de Alemania fue mucho más gradual de lo que defendía la vieja imagen de las invasiones germánicas. El trabajo reunió a unos 60 especialistas de varios países europeos y analizó 258 genomas de personas enterradas entre los años 400 y 700 después de Cristo en Baviera y Hesse.

Joachim Burger, antropólogo y genetista de poblaciones de la universidad alemana, dirigió la investigación junto a varios equipos de arqueología, historia y bioinformática. Los resultados muestran que la población del periodo no surgió de una llegada masiva y repentina, sino de grupos pequeños que convivieron durante generaciones con habitantes ligados al mundo romano.

El castellum romano reunió orígenes de Europa y Asia

Los análisis detectaron personas con ascendencia del norte de Europa en cementerios del sur de Alemania incluso antes del derrumbe definitivo del Imperio romano de Occidente. Los casos más claros aparecieron en Altheim, cerca de Landshut, y en Büttelborn, junto a Darmstadt.

Jens Blöcher, genetista de poblaciones de la Johannes Gutenberg de Mainz y uno de los autores principales, explicó que ese hallazgo parecía confirmar la antigua teoría de una gran migración germánica, aunque los datos completos apuntaban hacia otra dirección. Leonardo Vallini añadió en la misma investigación que aquellos grupos habían llegado mucho antes en contingentes reducidos, adoptaron el modo de vida romano y permanecieron apartados del resto de la población durante generaciones, probablemente como trabajadores agrícolas.

Esa separación social pudo depender de normas romanas aplicadas a grupos extranjeros instalados dentro del Imperio. El estudio indica que muchos recibían tierras bajo condiciones estrictas y con limitaciones matrimoniales que permitían controlar su integración.

Los investigadores también reconstruyeron por primera vez la composición genética de un castellum romano del sur de Alemania y encontraron una población muy diversa, formada por civiles y militares con ascendencia repartida por Europa e incluso Asia. Ese resultado dibuja una frontera romana mucho más abierta al movimiento humano de lo que suele mostrar el relato clásico sobre la caída imperial.

Steffen Patzold rechazó enormes pueblos avanzando unidos

El cambio más fuerte llegó hacia el año 470, cuando las estructuras políticas del Imperio occidental terminaron de derrumbarse. Joachim Burger explicó que el aumento de la inseguridad empujó a muchas personas que vivían en ciudades, villas y asentamientos militares a desplazarse hacia áreas rurales. Allí coincidieron con grupos de raíces norteuropeas que ya llevaban tiempo instalados en la región. Ambas poblaciones empezaron entonces a formar comunidades nuevas y enterraron a sus muertos en los mismos cementerios de hileras que se extendieron por buena parte de Europa central.

Steffen Patzold negó pueblos germánicos en bloque

Steffen Patzold, medievalista de la Universidad de Tubinga, afirmó que la antigua imagen de enormes pueblos germánicos avanzando como bloques compactos no encaja con los datos genómicos obtenidos en la región estudiada. El historiador señaló que los movimientos detectados fueron pequeños y dispersos, algo muy distinto a la vieja idea de la Völkerwanderung defendida desde el siglo XIX. Los responsables del trabajo sostienen que la integración fue relativamente rápida porque ambas poblaciones ya compartían elementos culturales ligados al mundo tardorromano antes de la desaparición política del Imperio.

Las familias medievales siguieron normas tardorromanas

La investigación también permitió reconstruir árboles familiares y seguir la formación de hogares durante esa etapa de cambios. Los matrimonios fueron mayoritariamente monógamos y las uniones entre parientes quedaron excluidas. Las familias estaban formadas sobre todo por núcleos pequeños, no por grandes clanes, y la descendencia se seguía tanto por línea masculina como femenina.

Burger explicó que esos comportamientos muestran hasta qué punto las normas sociales tardorromanas siguieron presentes en los primeros siglos medievales. A partir del siglo VII apareció una población que ya se parecía mucho a la del actual sur de Alemania, aunque la ascendencia norteuropea fue aumentando de forma progresiva con el paso de las generaciones.

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