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ANÁLISIS

A por el segundo referéndum del Brexit, pero primero Theresa May tiene que fracasar

La enmienda que propone que se continúe con el acuerdo de Theresa May si se somete a un referéndum de confirmación ha ganado bastante popularidad

No obstante, en la votación de este martes el foco debe estar puesto en rechazar el deplorable acuerdo del Brexit en sí

La primera ministra británica, Theresa May, trata de construir puentes para evitar un Brexit sin acuerdo.

La primera ministra británica, Theresa May, trata de construir puentes para evitar un Brexit sin acuerdo. EFE

Allá vamos otra vez. Otro fin de semana marcado por la especulación política, generada por la votación que se avecina en el parlamento. Predomina en los programas televisivos que nos repiten hasta la saciedad que "este es el momento devisivo... Otra vez". En medio del ruido y las millones de palabras dichas y escritas dirigidas al Brexit y tantas entrevistas con ministros diciéndonos constantemente que "la primera ministra [Theresa May] ha sido muy clara sobre este asunto", la verdad es que no se saca nada en claro.

No obstante, aquí va una claridad firme: Theresa May perdió por un margen notable la primera "votación significativa" sobre el acuerdo de salida de la Unión Europea y sufrió la declaración política que la acompañó. Los cambios por los que dijo que lucharía en futuras negociaciones con Bruselas no han dado sus frutos. Esta vez es la primera ocasión en la que tendría derecho a decir que "nada ha cambiado". Por supuesto, no lo va hacer. Lo que espera la primera ministra es que la gente y los miembros del parlamento no estén al tanto de los detalles de su acuerdo, que adornándolo un poco pueda aparentar que se ha producido un avance en la buena dirección y que los apoyos pueden ir acordes con él.

Para hablar de aquellos al otro lado de las mesas de negociación europeas hay que entender que no solo no ha cambiado nada, sino que no se ha sido nada claro con los cambios que se han exigido. El abogado conservador Geoffrey Cox podrá llevar adelante un buen acto de calentamiento para la conferencia del partido de mayo. Pero, como negociador, ha dejado una impresión más similar a la de un bufón fanfarrón que a la de un astuto estratega

¿Dónde deja la segunda votación que tendrá lugar este martes a los parlamentarios que se someten a ella? Eso está bastante claro. Los que votaron en contra de May en la primera ocasión van a tener que tragarse sus propias palabras si deciden cambiar de opinión y unirse a ella en las negociaciones. El debate que ha precedido a esta votación ha sido un verdadero espectáculo. No creo que pudiese enumerar a tantos diputados que se hayan opuesto alguna vez al plan de un gobierno.

La 'salvaguarda' con Irlanda fue la razón principal por la que se rechazó el acuerdo, pero había unas cuantas más. Esas razones tampoco han sido modificadas: sabemos que las promesas que sustentan el Brexit se romperán en algún momento. Conocemos el coste real que tendrá dejar la UE y sabemos que no las garantías que ofrece el acuerdo no aclaran el futuro, solo perpetúan una crisis que no cesa.

El único factor que ha cambiado en el debate sobre el acuerdo es la fecha. Este hecho que confirma que lo que queda de la estrategia de May es dejar que se agote el tiempo, además de esperar que a los parlamentarios les venza el miedo por salir del grupo sin un acuerdo y terminen apoyando el suyo. Sin embargo, saben que si hacen fracasar su documento (y si se mantienen fieles a su análisis del mismo, deberían), tendrán la oportunidad al siguiente día de votar contra una salida sin acuerdo. Si esa votación sale adelante, podrán decidir el jueves sobre la extensión del artículo 50.

29 de marzo, una fecha cada vez más laxa 

El hecho de que la primera ministra apoyase dicha extensión fue una victoria en sí para aquellos ministros y diputados que mostraron su determinación en todo momento de que Reino Unido no se iría sin un acuerdo. Tal y como una vez se reafirmó obstinadamente en que no habría elecciones anticipadas, también estaba segura de que dejaríamos la UE el 29 de marzo y que un aplazamiento no sería necesario. Parece que esa afirmación tan audaz ha resultado ser errónea y que la decisión se le ha escapado de las manos.

May ha dicho en numerosas ocasiones a los diputados que la única decisión a la que se enfrenta el país es la de apoyar su acuerdo o no apoyar ninguno. Lo que ocurre es que ya no la creen porque su autoridad se ha debilitado mucho por el proceso, mientras que la suya se ha fortalecido.

Por lo tanto, aunque no hay nadie capaz de predecir algo concreto en este punto, muchos parecen aceptar que la votación no va a salir adelante este martes, que la salida sin acuerdo se rechazará el miércoles y que se acordará aplazar la salida el jueves. Así que sí, mientras las semanas decisivas se han ido sucediendo, el momento cumbre es definitivamente este.

Con la pretensión de amenazar a su propio bando, May también ha señalado que la única alternativa a no apoyar su acuerdo ni ningún otro es no culminar el Brexit. Esa es sin duda mi opción preferida y, si hacemos caso a las encuestas, de una mayoría cada vez más amplia en el país. El deseo de muchas personas puede haber cambiado. Además, ¿acaso no es interesante pensar que su estrategia al completo depende de que los diputados hayan cambiado su voto en las últimas semanas, pero no contempla la posibilidad de que la gente haya cambiado de parecer en los últimos años? Especialmente después de entender realmente el caos y el coste que supone el Brexit.

Más que sugerir que un segundo referéndum es antidemocrático, creo que el Brexit que se prometió al principio ha demostrado ser inviable. La salida que se ofrece ahora está tan alejado de aquellas promesas y perjudica tanto a Reino Unido que sería profundamente antidemocrático no realizar una consulta sobre el resultado del desdichado proceso que atraviesa el país actualmente.

Los diputados laboristas Peter Kyle y Phil Wilson se han ganado un considerado respaldo gracias a la enmienda que propusieron y que permitiría a May continuar con su acuerdo (siempre y cuando se remueva la amenaza de una salida sin acuerdo) si se somete a un referéndum de confirmación de la salida y se mantuviera en las papeletas de voto. Se han ganado un respeto también por la forma de la que lo han llevado a cabo: con un espíritu genuino de compromiso, probablemente menos absolutista que el que tenemos otros miembros de la campaña People's Vote (el voto de la gente) y yo.

Conozco a Phil Wilson desde hace décadas, de los días en los que era el joven asistente del que fue su predecesor como parlamentario de de Sedgefield, Tony Blair. Peter Kyle es uno de los fichajes de 2015 más sorprendentes de los Laboristas. Ambos son operarios políticos inteligentes., pero espero espero que no fuercen su enmienda a votación este martes. Creo que el público necesita ver claramente que aunque el reloj que marca las horas haya hecho decrecer la estratosférica mayoría que se oponía al acuerdo de May (230 en enero), sigue sin contar con el apoyo parlamentario suficiente para salir adelante.

Una estrategia debilitada

El foco debe estar puesto en su acuerdo y solo en su acuerdo. Así, todas sus flaquezas y el fracaso de los arreglos alternativos que había prometido podrán ser expuestos y debatidos. Habrá partidarios de People's Vote que verán relevante mostrar que el apoyo a un segundo referéndum está aumentando no solo entre el público general, sino entre los parlamentarios. Ese día llegará. Pero no es el martes, que es cuando May deberá ver que su acuerdo no puede (y no debe) perpetuar.

No debemos confundir tampoco la causa dirigida a que la gente vote con el debate sobre una extensión de la salida, que tendrá lugar el jueves. Algunas ya agonizan pensando en los nuevos plazos de dicha prolongación pero, en realidad, la longitud o el período no importan tanto como su propósito. La primera ministra querrá una extensión corta, así podrá servirse por unas semanas más de otra votación significativa para pretender que todo encajará en su lugar. Más engaños. El propósito del aplazamiento debe ser forzar al Gobierno a enfrentarse a la decisión que lleva evitando desde que su "plan Chequers" expuso las hondas divisiones que hay en su gabinete. ¿Quieren un Brexit duro o un Brexit acordado?

Solo cuando la realidad que deja esta decisión se confronte en vez de esquivarse, cuando se acepte que no hay una mayoría clara para ningún tipo de Brexit específico, se sumarán los parlamentarios que ahora ponen mala cara a una nueva votación de salida y surgirá la mayoría para ello en el Parlamento.

Este no es el momento para los asustadizos o para cargar contra todo. Este es el momento para mantener el valor.

Traducido por Naiara Bellio

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