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Cuatro datos que dicen que 2018 va a ser terrible para Trump

Trump no tiene que renovar el cargo hasta 2020 pero se la juega ya este año en las elecciones legislativas de noviembre

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Trump va a pasar un año pensando en las elecciones legislativas de noviembre. EFE

¿Sabes cuando ves a alguien por la calle mirando el móvil mientras se dirige de frente a una farola? Pues Donald Trump va corriendo desbocado y con los ojos cerrados hacia un muro, un muro llamado elecciones de 2018. Las midterm o elecciones de mitad de mandato son en noviembre y muchas cosas pueden cambiar hasta entonces, pero ahora mismo están sonando todas las alarmas para los republicanos, aunque el inquilino de la Casa Blanca no se dé por aludido.

Trump no tiene que renovar el cargo hasta 2020 pero se la juega ya este año. Los votantes van a elegir a los 435 miembros de la Cámara de Representantes, donde ahora mismo los republicanos tienen 45 escaños más que los demócratas. Hace solo un año parecía imposible que cambiara la mayoría, pero ahora suena bastante razonable.

¿Por qué es esto tan importante? Porque es esta Cámara la que, por mayoría simple, puede iniciar el proceso de impeachment para destituir al presidente. Lograr una condena requiere dos tercios del Senado y es más difícil, pero al menos los demócratas podrían investigar a Trump con más medios y hacerle pasar por el trance de ser el tercer presidente de la historia en someterse al juicio político del impeachment.

Aluvión de jubilaciones

La primera señal de peligro para Trump está en las jubilaciones de los suyos: en la enorme cantidad de legisladores republicanos que, en vista de que puede ser un año negro, han decidido no presentarse siquiera a la reelección en 2018.

Nunca desde 1974 el partido que controla la Casa Blanca había sufrido tantos abandonos. Algunos están asqueados y sin ganas de tener que defender a Trump ante los votantes, pero la mayoría tiene motivos menos elevados: si cree que va a perder, a un congresista le resulta mucho más fácil encontrar un lucrativo trabajo como lobista si está todavía en el cargo que después de la derrota. ¿Para qué perder el tiempo haciendo una campaña perdedora?

Demócratas enfadados, republicanos de bajón

EEUU no es como España, donde uno va a su colegio electoral y vota. Allí, en la inmensa mayoría de los casos, necesitas haberte registrado meses antes como votante y además tienes que sacar un rato para ir a la urna un día entre semana... vamos, que no es fácil, y el éxito de una campaña casi siempre depende de su capacidad de ilusionar a sus votantes, sobre todo en elecciones de mitad de mandato donde participa mucha menos gente.

Ahí entra el juego el entusiasmo y la era Trump está motivando mucho a los demócratas y muy poco a los republicanos. En las nueve elecciones especiales que ha habido desde la victoria de Trump, el voto demócrata ha subido en todas ellas y en algunas el ascenso llega a 31 puntos respecto a una situación “normal”.

Candidatos muy locos

La victoria de Trump ha dividido mucho a los republicanos y ha dado alas a los elementos más extremistas del partido. Es evidente que el presidente, que tiene aún más de un 80% de aprobación entre sus votantes, goza de mucho peso en las primarias. Por eso están surgiendo candidatos radicales pero que lo tienen difícil para ganar, como el que apoyó Trump en Alabama pese a las acusaciones de pedofilia.

La derecha trumpista puede hacer que se impongan en las primarias pero cuando llega la general, su extremismo les condena a perder incluso en lugares donde un republicano más moderado ganaría sin despeinarse. Lo hemos visto hace días en Pennsylvania, donde el candidato de Trump se las apañó para perder un distrito que el presidente había ganados por 20 puntos de diferencia.

Un presidente impopular

No olvidemos que, ahora mismo, la figura de Trump es más una carga que una ayuda para la mayoría de los candidatos de su partido. Según las últimas cifras, apenas el 40% de los estadounidenses aprueba su labor como presidente. Aunque Trump se jacta de haber despistado a las encuestas en el pasado, la historia no le augura nada bueno.

Las elecciones de mitad de mandato casi siempre son malas para el partido del presidente pero, además, si éste está por debajo del 50% de popularidad los suyos suelen perder una media de 36 escaños en la Cámara de Representantes. Trump está muy por debajo.

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