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Humillar en plan de coña

Se trataba de buscar una diana fácil, alguien cuya situación de desventaja no le pusiera en apuros

Aquel suceso ofrece pocas dudas de que aquella humillación no hubiera sido igual sin la condición de sinhogarismo de ese hombre de 54 años

Es un acto claro de aporofobia porque es la condición de pobre de la persona que es víctima del trato degradante la que motiva que los hechos se produzcan de esa forma y no de otra

La Guardia Urbana durante la intervención con el sintecho. Foto de @barcelona_GUB

La Guardia Urbana durante la intervención con el sintecho. Foto de @barcelona_GUB

La víctima que eligió el joven de 20 años no fue casual. Se trataba de buscar una diana fácil, alguien cuya situación de desventaja no le pusiera en apuros. Una persona del que pudiera mofarse mientras mordía fácilmente el anzuelo. Al fin y al cabo, qué persona en situación de calle, que no hable español y pida limosna en la puerta de un supermercado, podría negarse aceptar 20€ y un paquete con cinco deliciosas galletas Oreo. Además, se las ofrecía un chaval de ojos claros con aspecto angelical. Lo que no sabía este hombre de origen rumano es que esas galletas que le hicieron vomitar durante cinco días no estaban rellenas de nata sino de pasta de dientes.

Aquello no fue un regalo sino otro más de los despreciables retos que el joven youtuber ReSet grababa para mostrar en su canal a los más de un millón de seguidores que tiene. Aquel suceso ofrece pocas dudas de que esa humillación no hubiera sido igual sin la condición de sinhogarismo del hombre sin hogar de 54 años, pero si alguien las tiene basta escuchar lo que el chaval dijo en su vídeo: "a lo mejor me habré pasado un poco, pero mira el lado positivo: esto le ayudará a limpiarse los dientes. Creo que no se los limpia desde que se volvió pobre".

Este chico, que parece ir de listo y graciosillo, ahora está siendo juzgado en Barcelona por el trato degradante que profirió a aquella persona sin hogar. Pero él no lo pilla. Su principal argumento de defensa es que su intención no era ofender y que el fiscal "va a tope con la ley" y se lo toma demasiado en serio. Si a ReSet le  inquieta todo este lío es porque le hace perder dinero y seguidores, él que había dejado el instituto para dedicarse de lleno a su carrera como youtuber. El fiscal le pide dos años de cárcel por un delito contra la integridad moral y 30.000€ como indemnización al hombre que humilló y del que se sirvió para grabar aquel vídeo con fines puramente lucrativos. Es necesario subrayar que en el tipo de la pena influye el hecho de que la lesión de la dignidad de esta persona se agrava por el hecho de que el vídeo de la humillación fue subido a Youtube donde tuvo más de dos millones de visitas antes de ser borrado.

Este es uno de esos comportamientos que se contemplaría en los llamados delitos de odio y es que este tipo de acciones no tienen nada de broma. En este caso se trata de un acto claro de aporofobia porque es la condición de pobre de la persona que es víctima del trato degradante la que motiva que los hechos se produzcan de esa forma y no de otra. Es la idea de instrumentalizar la indiferencia, el desprecio o el rechazo social que sufren las personas sin hogar la que hace creer a ReSet que su acción no está del todo mal porque al fin y al cabo se trata de un pobre, de un tipo que duerme en la calle, de un ser del que nadie se preocupa, de alguien del que uno se puede reír cruelmente. Pues no, se equivocó. "Su coña" no solo levantó una polvareda de críticas que le obligaron a borrar aquel vídeo y la instrucción del caso que le ha llevado al banquillo, sino que (días después de la escena) cuando volvió a acercarse al hombre sin techo con el objetivo de comprar su silencio se encontró que una mujer que trabajaba cerca llamó a la policía para denunciar la extorsión y proteger al hombre sin hogar.

No deja de ser curioso que haya sido otra reacción social muy distinta a la que preveía ReSet (una de rechazo) la que le ha llevado hasta el banquillo. Resulta también llamativo que acuda a los juzgados solo, sin el apoyo de amigos o familiares ni rastro de esos millones de seguidores. Ante este proceso judicial parece contar sólo con su abogado y su descaro. Hasta el momento, no ha mostrado ni el mínimo atisbo de arrepentimiento, su única preocupación es haber perdido un contrato de publicidad y que esto afecte a su carrera virtual. A mi juicio, esta es otra de esas historias que nos hablan más de las miserias sociales y humanas que de ninguna heroicidad. Quién sabe si los vídeos de este chico, de origen chino, que vive en un barrio y una casa muy humilde, sin estudios, sin muchos amigos ni un claro apoyo familiar, no son más que una estrategia para tomar distancia de una vida que igual no dista tanto de la del hombre sin hogar al que maltrató, al que despreció. No es poco habitual que haya gente que prefiera tomarse la vida a coña para no asumir la ansiedad que le genera. Quién sabe si la aporofobia o la indiferencia no le son tan ajenos a este aspirante a influencer.

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