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La ley del silencio en los chanchullos de las oposiciones sanitarias

oposiciones

Esther Samper

Para los familiarizados con las oposiciones (OPE) sanitarias lo que más llama la atención de los papeles de Osakidetza, que reflejan el “tongo” de las oposiciones médicas en la Sanidad vasca, no son los sonoros casos de pucherazos con filtraciones de exámenes. Tampoco sorprende la gran cantidad de personas con altos cargos implicadas ni la variedad de especialidades afectadas. Lo que verdaderamente causa sorpresa es que este secreto a voces entre los profesionales sanitarios, que se conocía desde hace décadas, saliera finalmente con tantos detalles a los medios de comunicación y, aún más, que se denunciase para llevar este asunto a los tribunales. Ángel Loma Osorio, uno de los testigos y miembro de un tribunal de Cardiología, era muy claro al respecto: “Pocos especialistas han sacado su plaza en el Servicio Vasco de Salud sin haber recibido el examen antes”.

El fraude en las convocatorias internas de Osakidetza no es, ni mucho menos, un hecho aislado en España. Se trata, en realidad de la punta más visible del iceberg en un país salpicado con irregularidades en sus oposiciones sanitarias. Irregularidades que nacen del enchufismo y que se perpetúan con una ley del silencio no pactada ni escrita entre los profesionales sanitarios. Porque para denunciar los casos de corrupción no solo hay que querer, sino también poder.

La primera barrera que frena a los sanitarios para poner en conocimiento de la Justicia las manipulaciones en las OPEs es poder hacerlo. La absoluta mayoría de los profesionales de la salud que cuentan con fuertes sospechas de que los exámenes para ciertas oposiciones se han filtrado previamente para un selecto grupo de “afortunados” (que suelen estar bien relacionados con quienes cortan el bacalao en las OPE) no disponen de pruebas sólidas. Así, se dan casos de oposiciones con exámenes extremadamente difíciles o con preguntas fuera de temario en los que solo un número reducido de personas es capaz de obtener la puntuación máxima o una elevada puntuación, a gran distancia del resto de opositores. En ocasiones, la irregularidad es tan flagrante que, por azares del “destino”, el número de genios con las puntuaciones elevadas coincide con el número de plazas que se convocan. Son indicios de peso de manipulación, pero sin pruebas muchos no se atreven a llevarlo a la Justicia, aunque sea vox populi en sus entornos que se ha producido la filtración de las preguntas.

Un reflejo de lo anterior ocurrió el año pasado. El Sindicato Médico de la Comunidad Valenciana (CESM-CV) informó de forma peculiar sobre la oposición de Anestesiología y Reanimación en dicha comunidad en 2016. Para mostrar lo anómalo de los resultados, el CESM realizó diferentes estudios estadísticos que reflejaban lo absolutamente increíble que resultaba que existiera una persona que obtuviera 93 puntos (de un máximo de 95) cuando la media era de 27,92: “La probabilidad de que este valor se encuentre dentro de la normalidad en el contexto de esta prueba es

Alos sospechosos resultados de la OPE de Anestesia se unía una rocambolesca historia anterior. Tiempo antes de que el examen para la oposición a Anestesia tuviera lugar, se produjo una filtración masiva del examen entre los hospitales valencianos. Dos días antes de dicha OPE, todo el tribunal dimitió por cuestiones “personales”, se creó un nuevo tribunal y en dos días desarrollaron un nuevo examen.

Las otras grandes barreras que frenan las denuncias de las irregularidades en las OPEs de Sanidad son el miedo a represalias entre los profesionales de la salud a realizar esta acción y, en menor medida, la reticencia a perjudicar a compañeros de profesión. Estas razones son las que llevaron a que, aunque se denunciaron casos de filtraciones de exámenes de OPEs de Cardiología en Osakidetza a la Justicia, no se informó sobre los nombres y apellidos ni de los presuntos filtradores ni de los beneficiarios de las oposiciones amañadas: “Es más, fuentes judiciales han indicado que, pese a la contundencia de los testigos, ninguno ha puesto nombres y apellidos a las irregularidades, algo esencial en un proceso penal”.

Por otro lado, los “protegidos”, aquellos que reciben con antelación las preguntas de los exámenes y que suelen estar relacionados con los miembros de los tribunales, no tienen ningún interés en denunciar dichas prácticas, aunque ellos sí que dispongan de pruebas.

Los sanitarios que se arriesgan a denunciar los chanchullos de las oposiciones sanitarias se exponen a represalias por parte de sus compañeros y superiores, no solo desde el terreno laboral, sino también desde la Justicia. De hecho, se intentó llevar a la Fiscalía a los tres médicos que tuvieron el valor de denunciar las malas prácticas en la OPE de Anestesia de Osakidetza por “tentativa de actuación fraudulenta”.

Entre las personas que han contactado conmigo para informarme de sus sospechas o confirmaciones de irregularidades en OPEs sanitarias en diferentes puntos de España destaca el deseo de mantener el anonimato. Como explica una de las fuentes: “Es que si hablas te quedas fuera, no te puedes imaginar la dictadura que se vive en el ámbito sanitario. En algunos servicios no puedes ni participar en grupos de trabajo o líneas de investigación o lo que sea sin el consentimiento de tu jefe de servicio. Al que se lo ponen fácil calla porque le beneficia y los que no tenemos padrinos callamos por miedo y ya sabemos que nos costará más llegar, pero que si no hablamos al menos nos dejarán vivir. No hay apenas trabajo asistencial para varias especialidades fuera del Sistema Nacional de Salud porque si hubiera opciones en la privada o no fuésemos empleados públicos, pues igual habría más transparencia y la gente arriesgaba más. Porque si te quedas fuera de los servicios de salud, no trabajas”.

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