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¡Grecia ya marcha viento en popa!

La mejor Bolsa del mundo en 2013 fue la de Atenas: un buen símbolo de que los parámetros ortodoxos no sirven a la gente común

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El primer ministro de Grecia, Antonio Samaras, en una reunión en 2010 del Partido Popular Europeo.

El primer ministro de Grecia, Antonio Samaras, en una reunión en 2010 del Partido Popular Europeo.

Una de las grandes noticias de 2013 no ha tenido todo el eco que merecía: ¡resulta que Grecia ya marcha viento en popa!

El  Financial Times la publicaba en la portada el 23 de diciembre: según el índice de referencia MSCI, la mejor bolsa del mundo en 2013 fue la de Grecia.

En el país más arrasado por las políticas de austeridad, la bolsa subió el 44%: es un buen símbolo para entender en qué se ha convertido en ocasiones la economía convencional y los parámetros clásicos para analizarla: quizá son útiles para explicar la economía de los poderosos –y el marco en el que éstos pueden prosperar-, pero no necesariamente sirven para la mejora de la vida del común de la gente. Salvo que los indicadores empiecen a ser analizados a la inversa: a mejor comportamiento de determinados índices que la ortodoxia presenta como positivos –ya sea la bolsa, la productividad o los salarios-, peor situación para la gente corriente.

El ejemplo de Grecia es demoledor: el mejor país en 2013 para la Bolsa fue también el peor país para la gente: la bolsa subió este 44%, pero el PIB cayó el 4,5%; los salarios se hundieron el 6,2% y el paro escaló otro 6%.

No es un problema sólo de Grecia: ahora, la mayoría de “expertos” incluye el  rally alcista de las bolsas occidentales –y la “devaluación interna”- como ingrediente básico del potaje que están cocinando para convencernos de que la recuperación económica es un hecho.

Y son los mismos “expertos” que en 2007 sostenían que el capitalismo había entrado en una nueva fase sin ciclos –con crecimiento perpetuo-, donde las recesiones en los países centrales de Occidente pasaban a ser sólo materia para historiadores. También explicaban que no había burbuja inmobiliaria, sino que a lo sumo habría un “aterrizaje suave”, y el único problema que les obsesionaba era la reforma laboral (y la laminación de los sindicatos).

1989 tuvo un efecto devastador para todos los  sabios de la rama económica de la Academia de las Ciencias de la URSS y sus catecismos simplistas: obviamente, tras la caída del Muro de Berlín desaparecieron del mapa, incluido el último Sumo Sacerdote encargado de la Ideología del PCUS, pese a que hizo unas cuantas autocríticas: ¿verdad que nunca más han oído hablar de Vadim Medvedev? Ante el tsunami que se desencadenó, ni siquiera el rocoso Mijáil Suslov, fallecido justo antes, se habría atrevido a dar la cara.

Pues en 2007 el seísmo fue también de aúpa en el campo del catecismo neoliberal y los dogmas de la Academia de las Ciencias de Davos. Pero el Presidium anual de sus académicos, ejecutivos y apóstoles arranca de nuevo la semana que viene como si nada. Ninguno de sus sabios ha desaparecido del mapa tras la caída de este otro muro: eran los “expertos” de antes y siguen siendo los de ahora.

En realidad, tienen más poder que nunca.

El principal ejecutivo de Lehman Brothers en España en 2008 –quizá lo más parecido al PCUS en 1989- es ahora nuestro ministro de Economía. Y acaba de comparecer con gran solemnidad para anunciarnos que la recuperación es un hecho.

Que nadie se sorprenda si este año la bolsa en España supera incluso a la de Grecia.

[Este artículo pertenece a la revista Alternativas Económicas. Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente con una suscripción]

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