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Los retrasos del Gobierno en la reducción de jornales revientan las condiciones laborales del campo

El Gobierno aún no ha aprobado el decreto para reducir el número de peonadas que facilitará el acceso al subsidio agrario a los eventuales del campo.

En algunos tajos los jornaleros han aportado el transporte, los gastos de maquinaria y su cotización a la seguridad social para garantizarse las peonadas mínimas.

"O esto o no le puedo dar de comer a mi hija", comenta una de las jornaleras que ha aceptado un trabajo a destajo en el que descontaba de su salario la seguridad social, el desplazamiento y el mantenimiento de la maquinaria agrícola. 

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Cuadrilla de trabajadores en un olivar.

Cuadrilla de trabajadores en un olivar.

El pasado 22 de diciembre, la ministra de Trabajo anunció que su Gobierno bajaría el número de jornales mínimo para acogerse al subsidio agrario. A día de hoy, el decreto aún no se ha aprobado. Oficialmente, en un año como este en el que la campaña de aceituna es un 60% inferior a la anterior, se necesitan 35 jornadas de trabajo. La rebaja dejaría en 20 el requisito mínimo para asegurarse 426 euros, durante 6 meses, de la renta agraria. Pero aún, quien lo solicite, debe acreditar 35. Una cifra casi imposible ahora que la aceituna, la principal campaña agrícola de Andalucía ha finalizado. En un año bueno se estima que proporciona unos 23 millones de jornales. Este año no generará ni la mitad. Lo que cierra las espectativas de los eventuales del campo andaluz que no ven alternativas laborales, en un horizonte próximo, para lograr los jornales mínimos que les aseguren el subsidio.

La desesperación fomenta rocambolescos intercambios para reunir esas peonadas mínimas. Juana y Pilar –no son sus nombres reales, una denuncia real les acarrearía problemas futuros- son dos de las jornaleras que han accedido a contar su experiencia a eldiario.es/Andalucía. La primera ha reunido los 35 jornales. Ahora mismo vive de los exiguos ahorros a la espera de solicitar, cuando corresponda, la renta agraria y aguardando cualquier empleo temporal que pueda cubrir sus gastos y los de su hija.

De esas peonadas, 28 las ha pagado íntegramente: su parte y la del empresario. La única opción de trabajo que encontró. “O esto o no le puedo dar de comer a mi hija”. Así de sencillo. Firmó un contrato convencional, con 60 días de trabajo y jornales de acuerdo a convenio. Pero “sabía perfectamente lo que hacía, no puedo decir que me engañaran”. Por su cuenta corrían los desplazamientos hasta el tajo, el pago de averías de la maquinaria utilizada y combustible para la maquinaria y la cotización a la seguridad social.

El trato incluye trabajo a destajo y 16 pesetas –no es un error, pesetas no céntimos de euro- por kilo de aceituna recogida. “Algunos días, cuando ajustabas la cuenta, habías trabajado por 7 u 8 euros”, relata Pilar. Otras veces, “da vergüenza decirlo, ni siquiera habías ganado para pagar el bocadillo de chóped que llevabas al trabajo”, señala Juana, “si no llega a ser por mis padres…”. Cuando se les pregunta por qué aceptan esas condiciones recurren a dos de las frases que les decía el patrón cuando protestaban: “Si no te conviene, hay gente por todos lados” o “los moros y los bolivianos no se quejan”.

Por las peonadas mínimas

“Hay quien ha trabajado sólo por juntar las peonadas mínimas para conseguir el subsidio, sin cobrar el jornal”, lo explica el secretario de la federación agroalimentaria de UGT-Jaén, Antonio Marcos. Insiste en que no es la generalidad, pero "años malos, como este" son más propicios porque hay más trabajadores en el mercado y menos empleo. Los sindicatos son conscientes de las irregularidades. Año tras año advierten y denuncian lo que los trabajadores les relatan. Pero los jornaleros no se atreven a denunciar o se desdicen ante la inspección de trabajo “por miedo”, justifica. “Si denuncian, económicamente les compensa poco y además tienen problemas para trabajar, no en esa empresa, en cualquiera en un radio de 50 kilómetros”.

Por eso las denuncias se quedan en testimonios, en voces que piden protección. Esperan no repetir en esa empresa aunque no saben qué ocurrirá el año próximo. “A lo mejor tengo que volver a recurrir a ellos”, señala Pilar. Ella sólo ha conseguido 20 peonadas. “Al ajustar cuentas no me podía pagar más”, relata. Ahora aparece una nueva duda: la aprobación del decreto que rebaja el número de peonadas necesarias para acceder al subsidio agrario.

Águeda y Juan –son sus nombres reales- son un matrimonio de jornaleros de Jódar. En la última campaña han trabajado durante 21 días. El año pasado superaron los 40 jornales en la aceituna y después se fueron a la campaña de fresa, pero este año “está todo fatal”. Sus padres les dan de comer a ellos y a sus dos hijos y con la ayuda de los hermanos van haciendo frente a la hipoteca. Su esperanza es que, mientras encuentran algo, la reducción de peonadas les garantice el subsidio durante seis meses.

Desde que Báñez anunciara la rebaja en vísperas de la Navidad no ha habido nuevas precisiones. A comienzos de febrero, la delegada del gobierno en Andalucía, Carmen Crespo, aseguró que se aprobará “en este consejo de ministros [por el viernes 6 de febrero] o en el siguiente o en el siguiente” y garantizó que tendrá carácter retroactivo. El PSOE tiene prevista una interpelación en el Senado para exigir a Báñez que acelere del decreto. Mientras tanto, unos 130.000 trabajadores eventuales del campo, entre Andalucía y Extremadura, aguardan una respuesta.

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