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Ignacio Bartolomé, director de RAIS Fundación (Área Sur)

"No se están tomando las medidas necesarias para acabar con el sinhogarismo"

"Que haya personas viviendo en la calle no deja de ser el reflejo de un fracaso colectivo como sociedad"

"Las políticas de las distintas administraciones para abordar el fenómeno son disgregadas, dispersas y, en general, no están siendo capaces de frenar el aumento de este problema"

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Un técnico de RAIS Fundación conversa con una de las personas usuarias de uno de los recursos para personas sin hogar, basado en la vivienda con apoyo psicosocial.

Cree en una sociedad más solidaria e igualitaria, y dice que tiene la fortuna de poder contribuir a ello. Ignacio Bartolomé, director de RAIS Fundación en el Área Sur, se incorporó en 2011 a esta entidad de iniciativa social. Hablamos con él para abordar el fenómeno del sinhogarismo, de las personas que no disponen de techo y paredes en los que resguardarse. De esta cruda situación, in crescendo en pleno siglo XXI, Bartolomé destaca la situación actual de muchas mujeres que viven en la calle y que son víctimas de una doble o triple discriminación, habiendo sufrido muchas de ellas violencia de género, y sobreviviendo diariamente en unas condiciones indignas para cualquier persona.

¿Cómo llega una persona a vivir en la calle?

Las personas sin hogar no han llegado a esa situación de repente. Lo habitual es pasar por un proceso largo y doloroso antes de llegar a la exclusión social severa. Para entender esta situación es necesaria una doble mirada. Por una parte, el que haya personas viviendo en la calle no deja de ser el reflejo de un fracaso colectivo como sociedad. Una sociedad que no es capaz de erradicar los factores que generan exclusión social (desigualdad de oportunidades, sistemas de protección deficientes, barreras de acceso a recursos, etc.) y que mantiene el estigma y la discriminación hacia determinadas personas.

Por otra parte, además de los factores sociales hay una realidad personal en la que influyen diferentes elementos de vulnerabilidad que, en muchas ocasiones, se dan al mismo tiempo: la falta de una red familiar y social de apoyo, parecer una enfermedad crónica o una enfermedad mental, haber sufrido malos tratos, tener una discapacidad, el abuso y adicción al alcohol o sustancias, la falta de ingresos económicos y de vivienda, etc.

¿Qué caso que haya conocido le ha llamado más la atención?

No sabría decirle un caso en particular, son muchas las historias de vida que me han producido un fuerte impacto a nivel personal, pero quizás yo destacaría la situación actual de muchas mujeres sin hogar, que son víctimas de una doble o triple discriminación, habiendo sufrido muchas de ellas violencia de género.

¿Cuál es el perfil más común de una persona que se ve obligada a dormir en la calle?

No existe un perfil común como tal ya que cualquier persona, por la sucesión repetida de hechos traumáticos en su vida, unido a ciertas condiciones socioeconómicas como la falta de una red de apoyo familiar o una situación laboral y económica precaria, puede terminar en la calle.

El sinhogarismo es la forma más extrema de exclusión social. ¿Qué evolución está teniendo en los últimos años y hacia dónde nos dirigimos?

No tenemos datos oficiales, y eso es parte del problema de falta de visibilización del sinhogarismo. Pero las organizaciones que trabajamos con las personas sin hogar estimamos que el fenómeno está aumentando cuantitativa y cualitativamente. Sobre todo en los últimos años de crisis social y económica se está produciendo la cronificación de las personas en esta situación. Las políticas de las distintas administraciones para abordar el fenómeno son disgregadas, dispersas y, en general, no están siendo capaces de frenar el aumento de este problema.

¿Qué tipo de políticas o de iniciativas públicas podrían hacer descender el número de personas sin hogar?

El problema del sinhogarismo está estrechamente relacionado con la falta de alojamiento, esto es, con la exclusión residencial. La necesidad y el derecho al alojamiento digno es un elemento central, aunque no único, para prevenir el problema y promover la inserción social de las personas que lo padecen.

En RAIS Fundación creemos que para dar respuesta al problema es necesario contar con una red de protección social básica capaz de dar respuesta a la emergencia, pero también hace falta recursos que atiendan las necesidades específicas de estas personas, por ejemplo, la situación de las personas sin hogar convalecientes tras una enfermedad.

El Congreso ha aprobado recientemente una proposición no de ley del PP que insta al Gobierno a ampliar los delitos de odio para proteger a las personas sin hogar, ¿qué opina de la medida?

Consideramos que es urgente e imprescindible que el Código Penal reconozca la especial vulnerabilidad que las personas sin hogar tienen frente a delitos basados en la intolerancia y los prejuicios, recogiendo la situación socioeconómica de pobreza y exclusión como una característica a proteger. En este sentido, la iniciativa del PP nos parece muy positiva, pero debe materializarse de forma urgente en la modificación del Código Penal. No obstante, para poder enfrentarnos de una forma eficaz a este problema, el Código Penal no puede ser la única herramienta. Es necesario contar con una ley integral en la que se contemplen de una forma ordenada medidas orientadas a la prevención y la protección de las víctimas y se establezcan los recursos necesarios para luchar contra este fenómeno.

¿Las claves podrían ser coordinación entre administraciones, prevención, modelo de alojamiento, inserción laboral y censo actualizado?

El sinhogarismo es un problema complejo y, por tanto, son necesarias respuestas integrales. Las claves que apunta son muy ajustadas y, de hecho, responden a las dimensiones que están siendo recogidas en las estrategias que se están comenzando a aprobar en distintos municipios y comunidades autónomas. En todo caso, y más allá de estas líneas generales, es imprescindible que la respuesta que demos esté centrada en las personas y orientada a solucionar el problema y no sólo a gestionarlo.

No sé si tienen datos de personas que viven en las calles de Andalucía, pero, ¿sabe si esta circunstancia ha aumentado en los últimos años?

No existen datos actualizados ni exactos sobre cuantas personas están sin hogar en las calles de Andalucía. No obstante, actualmente la Junta de Andalucía, a través de la Consejería de Igualdad y Políticas Sociales, está realizando una investigación 'Estudio sobre personas sin hogar en Andalucía. Conocer para actuar' en colaboración con los ayuntamientos de todas las capitales de provincia y con la asistencia técnica de RAIS Fundación con el fin de conocer el número de personas que viven sin hogar en Andalucía y cuáles son sus características y sus principales necesidades y problemáticas, de tal forma que la información obtenida se pueda aplicar en la mejora de la gestión que se realiza. 

¿Qué opina de que los gobiernos no pongan fin al sinhogarismo y la mayor parte de los apoyos vengan de la caridad, de ONG o de asociaciones?

No creo que los gobiernos no tengan el deseo de acabar con el sinhogarismo, pero obviamente no se están poniendo los recursos y tomando las medidas necesarias para ello.

¿La aporofobia sigue creciendo? ¿En serio hay gente que insulta, pega y humilla a personas pobres que no tienen donde vivir?

Desde el Observatorio Hatento realizamos en 2015 la primera investigación en España sobre el alcance y las características de los delitos de odio por aporofobia, la intolerancia y el odio hacia las personas que viven en la calle. Los resultados son terribles: un 47% de las personas a las que entrevistamos habían sufrido, al menos, un incidente o delito de odio. De hecho, entre estos, el 81% había pasado por este tipo de experiencias en más de una ocasión, de forma que no estamos hablando de casos aislados, sino que nos enfrentamos a un fenómeno enraizado en los estereotipos y el estigma que acompaña a las personas que viven en la calle. Joaquín, a quien le abrieron la cabeza con una barra de hierro, lo describe muy bien: "pegarle a un pobre o un mendigo no tiene importancia". 

Sevilla está estudiando importar el modelo 'housing first' para personas sin hogar, ¿qué le parece? ¿cuáles son las propuestas que ustedes ven más interesantes?

Los ayuntamientos de Sevilla y Córdoba han apostado por la puesta en marcha durante este año 2016 de diez viviendas en cada una de estas dos ciudades con el modelo 'housing first' para la atención a personas sin hogar. De este modo son unas de las primeras ciudades españolas, junto a Madrid, Barcelona y Málaga, en poner en marcha esta iniciativa innovadora que RAIS Fundación viene desarrollando desde 2014 a través del programa denominado 'Hábitat'. El modelo 'housing first' es un modelo innovador que plantea una forma diferente de afrontar el sinhogarismo: facilitar viviendas accesibles y con carácter permanente a las personas sin hogar que se encuentran en peor situación.

¿Cuál ha sido la respuesta tradicional a este fenómeno?

La respuesta que tradicionalmente se ha dado al problema del sinhogarismo ha seguido un modelo "en escalera", en el que la persona sin hogar tiene que ir superando determinadas etapas teniendo como horizonte el acceso a una vivienda permanente. De la calle al albergue, del albergue al centro de noche, del centro a una pensión… Se trata de un proceso largo y difícil para la persona, que en cualquier momento puede volver a calle y tener que empezar otra vez el camino. Además de esto, las personas que están peor, difícilmente encuentran en este tipo de servicios una solución definitiva a su problema.

La idea principal de Housing First es que la vivienda es lo primero que debemos facilitar a las personas, además de apoyo que les ayude a mantenerse en ella. Los resultados de nuestro programa 'Hábitat' basado en esta metodología han resultado muy positivos, destacando que el 100% de las personas mantienen la vivienda después de un año. Además, Housing First ofrece mejores resultados y no supone un mayor coste que el modelo tradicional, ofreciendo una alternativa eficaz y eficiente, que complementa los servicios que prestan las redes de atención para las personas con mayores dificultades.  

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