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La onda expansiva

No consiste en darle margaritas al Isis, pero los bombardeos no acaban con las bombas terroristas sino que traen más.

Sólo la presión social por los refugiados o por los atentados, puede obligar a nuestros líderes a buscar soluciones políticas al terrorismo. Si no, seguiremos sufriendo su onda expansiva durante décadas.

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No está de más recordar a nuestros dirigentes en Bruselas que los refugiados huyen, entre otros, de los mismos bárbaros que han atentado en la capital belga. Imaginemos por un momento que los cientos que corrían despavoridos de las bombas en Bélgica se encontraran en su huida con alambradas, policías, perros, golpes y gases lacrimógenos. Pues eso es lo que está haciendo Europa, no sólo violar la carta de refugiados y la obligación de socorro sino la más elemental humanidad.

No son asuntos separados, son consecuencias del mismo terror que nos lleva a una misma conclusión obvia: la respuesta al problema no está sólo en Europa ni en la policía, está también en los países de origen y es política, económica, social y diplomática más que militar. No consiste en darle abrazos y margaritas al Isis como disparan con demagogia de mercadillo los cowboys del gatillo fácil. Los aliados llevan meses con bombardeos sobre la zona que han conseguido escasos resultados allí y nos han traído al terrorismo aquí.

Pasó en Afganistán, en Irak y ahora en Siria, la llamada “guerra contra el terror” genera más terror. De la primera nació Al Qaeda, de la segunda el Estado Islámico y de la tercera vienen estos atentados. Los bombardeos no acaban con las bombas terroristas. Acaban, eso sí, con vidas de civiles que viven bajo dominio del Daesh. De esas no hablamos. No es fácil explicarle a la opinión pública que vas a matar a más civiles allí para vengar la muerte de civiles aquí.

Tampoco es fácil de explicar nuestras alianzas con Arabia Saudí, el sangriento Estado que financió en origen al Estado Islámico, o con Turquía que permite el contrabando de petróleo del Isis porque le conviene para su lucha contra los kurdos y Al Asad. Es difícil explicarle a la opinión pública que pagamos a los turcos para que nos quiten de en medio las consecuencias de un problema del que son causantes. Son causantes todas las potencias interesadas en la zona, de uno y otro lado, desde los aliados de EE.UU e Israel a Rusia e Irán, pasando por Arabia Saudí.

Eso es lo que tendrían que explicar, que las víctimas de los atentados son los daños colaterales de una guerra geoestratégica, con Siria como centro del tablero, en la que Europa está implicada. Son los yihadistas psicópatas los que matan, nada justifica su barbarie, pero nuestros países son una parte de la causa de que existan y nos ataquen. Mientras esto no cambie, los bombardeos y las declaraciones de guerra no serán más que ruido para distraernos.

La única manera de atajar el problema pasa por pacificar Siria por la vía de la negociación, obligar a nuestros aliados a ahogar las vías de financiación del Isis y fomentar la integración de los musulmanes en nuestros países y la cooperación con los países islámicos para reducir el odio a Occidente. Tirarles bombas o echar a patadas a los vienen huyendo es encender cerillas en el polvorín.

Sólo la presión social por la crisis de los refugiados o por los atentados, puede obligar a nuestros líderes a dejarse de hipocresías y buscar soluciones políticas. Soy poco optimista con ellos y con el resto de líderes mundiales. Me temo que tenemos que asumir que seguiremos sufriendo la onda expansiva del terrorismo durante las próximas décadas.

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