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No es país para harinas

El pan es el alimento que más calorías aporta a la alimentación de los españoles, de 9 a 75 años, según el Estudio Anibes

España tiene unas elevadas tasas de sobrepeso y obesidad. No necesita ser alentada a consumir alimentos de baja densidad nutricional y alta densidad energética

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Foto: INESEM

El pan, ese alimento que es (supuestamente) pilar de la dieta mediterránea, que tiene un halo de nutritivo e imprescindible, que está en la base de nuestra desfasada pirámide alimentaria, esa que nos recuerda que hay que incluirlo en cada comida. ¿En serio? ¿Estamos valorando realmente en qué contexto hacemos esas recomendaciones? Probablemente, no:

Los números del pan

-En España, según datos de la Comunidad de Madrid, el 70% del pan que se vende es precocido y congelado, pan industrial. Además, según datos oficiales del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, sólo el 7% es integral. El consumo per cápita, en 2015, fue de 35,15 kg, según la misma fuente, de los cuales fueron integrales 2,6 kg.

Si hablamos de aporte en la dieta, el pan es el alimento que más calorías aporta a la alimentación de los españoles, de 9 a 75 años. Ahí es nada. Son datos del Estudio Anibes.

Con esa información en la mano, ¿podemos considerar una prioridad a la hora de dar consejo alimentario en España recomendar consumir pan?

Lo cierto es que no, por varios motivos:

  1. Sabemos que el pan que se consume es mayormente de baja calidad, de fabricación industrial. Y de harinas refinadas en su inmensa mayoría.
  2. Sabemos también que el consumo ya es elevado de por sí, muy por encima del de frutas y verduras, huevos legumbres o frutos secos.
  3. El pan blanco no es un alimento demasiado interesante en términos nutricionales. No aporta muchos nutrientes más allá de almidón, a nivel de micronutrientes (minerales y vitaminas) no en demasiada cantidad.
  4. España tiene unas elevadas tasas de sobrepeso y obesidad. No necesita ser alentada a consumir alimentos de baja densidad nutricional y alta densidad energética. Hay que recordar que el pan blanco se asocia con un mayor riesgo de sobrepeso.
  5. Para nuestra suerte, en general, la población tienen un buen acceso a alimentos y no pasa hambre. Tiene muchas alternativas para ingerir hidratos de carbono diferentes al pan.

Valorando ese cúmulo de circunstancias en su conjunto, lo cierto es que no parece tener mucho sentido que recomendemos comer un alimento, que ya es el más consumido en nuestros hogares, que lo es además en su peor versión (industrial y refinado) y que aporta poco más que calorías a la dieta.

La época de la harina ya pasó

Quizás la época de la harina ya pasó, y no es el contexto ideal para decir eso de “pan cada día”.

¿Significa eso que hay que prohibir comer pan?

No, pero hay una diferencia importante entre prohibir y alentar al consumo. En nuestro entorno, lo sensato es priorizar el consumo de verdura, hortalizas, legumbres, frutos secos, huevos…. No pan.

Teniendo en cuenta que nuestra situación a nivel nutricional es el de una alta prevalencia de enfermedades metabólicas, deberíamos priorizar aquellos alimentos que las previenen. Unos consejos mucho más adecuados podrían ser los siguientes:

Si consumes pan, que sea integral y elaborado de manera tradicional. Cómpralo en una panadería con obrador, así además favorecerás al pequeño comercio. Pero no aumentes la cantidad, solo sustituye el blanco por integral. También la bollería, si desayunas magdalenas es mucho mejor una tostada integral, pero si desayunas una manzana con nueces, no lo cambies por pan aunque sea integral.

Limita su consumo, aumenta en su lugar las frutas y verduras, o los frutos secos. No lo tomes en todas las comidas, no hace falta. Recuerda que no es un alimento imprescindible ni a priorizar en la dieta.

El consejo de recomendar un consumo elevado de pan, en cada comida, como pilar fundamental de la alimentación, está totalmente obsoleto y a menudo esconde detrás intereses puramente comerciales, de hecho la iniciativa “Pan cada día” está impulsada por INCERHPAN, no debería sorprendernos.

Puede tener sentido en poblaciones que vivan situaciones de escasez, con pocas opciones como fuentes calóricas y riesgo de desnutrición.

Los molinos y la harina forman parte de nuestra historia como un genial recurso, que permitía conservar el cereal tras su cosecha y ser accesible durante otros meses.

Quizás no haya que sesgar justificaciones de salud que no son ciertas para promover aún más el consumo de pan. Quizás España, en el 2017, no es país para harinas.

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