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"Hay que llamar al orden a los hombres que, bajo el camuflaje de la fiesta, justifican la agresión"

El profesor y médico forense aboga por "responder" al machismo que lleva a la mujer a creer que la violación en cita no es "reprobable" sino una lógica de la "hombría"

Hablar de "feminazis" o de "denuncias falsas" es, a su juicio, una "reacción" del machismo para preservar sus privilegios frente al avance de la igualdad hombre-mujer

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Miguel Lorente: Entre un 20 y 25% de mujeres sufren acoso en la Universidad

EFE

Miguel Lorente (Serón/Almería. 1962) es profesor titular de Medicina Legal de la Universidad de Granada además de médico forense. Fue delegado del Gobierno para la Violencia de Género y en una entrevista con  eldiarioclm.es analiza la campaña que, por segundo año, ha emprendido el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha contra la llamada  'violación en cita' y las reminiscencias sociales de un machismo enraizado en la cultura española y que todavía hay que seguir combatiendo para lograr la igualdad real hombre-mujer. 

Una campaña contra la violación en cita en las zonas rurales y en el contexto de las fiestas locales ¿Qué le parece?

Hay dos elementos interesantes. Por un lado, poner de manifiesto una realidad que está presente y que, por tanto, hay que abordar con todas las medidas posibles para evitar el impacto y las consecuencias terribles que tienen todas las agresiones sexuales. Otra, enfatizar y poner el acento en la figura del agresor. Hay que llamar al orden a los hombres que bajo el camuflaje de  la diversión, de la fiesta…entienden que el abuso, la agresión y la violación pueden estar justificados en un momento determinado.

Hay que dar respuesta con información, poniendo  de manifiesto que eso existe.  Las denuncias por violencia sexual representan un 10% o un 15% pero la inmensa mayoría de las agresiones no se denuncian. Últimamente vemos cómo se incrementa el uso de sustancias tipo 'burundanga' para facilitar anular la voluntad de las víctimas. Hay un riesgo alto y tenemos que responder.

El año pasado se realizaba por primera vez esta campaña en España ¿Se debe incidir más en dar a conocer este concepto entre los jóvenes?

Sí porque el problema de la violación, a diferencia de lo que se piensa en la sociedad, es que se produce en contextos de relación cercanos y conocidos para las víctimas. Esa figura de película del agresor que aborda a una víctima en un lugar oscuro, en un parking…Eso existe pero es menos frecuente que el amigo, el conocido que, aprovechando las circunstancias y la  relación, lleva a cabo la violación. Todo lo que sea cuestionar desde la normalidad la existencia de la violación es muy importante porque  muchas veces se juega con estereotipos y mitos para que sea el contexto el que justifique que no es una violación.

“Las mujeres dicen no cuando quieren decir sí”; “ella iba provocando”, “me dijo que no le importaría que fuéramos más lejos”…Siempre se utilizan estas frases. Llamar la atención sobre el contexto de la violación es muy importante.

¿El machismo es cuestión de edad y de sexo?

El machismo es cuestión de identidad y comienza en el minuto cero e influye, con un mensaje diferente, en hombre y en mujeres. Es una construcción machista de los hombres para beneficiar a los hombres. El machismo es cultura no es conducta. Es decir, se produce porque la cultura ha facilitado que se justifiquen y se minimicen ese tipo de conductas. Como tal cultura, crea mensajes para que las mujeres crean que aquello que está ocurriendo es algo normal. Les han dicho que es normal que su marido les pegue.

A los chicos se les dice que en la forma de entender la relación te pueden tocar,  te pueden forzar o intimidar y que eso es ser hombre. Aquella expresión de “oye tío, como no le metas mano se va a pensar que eres marica”. Todo eso es cultura y lleva a la mujer a creer que ese tipo de conductas no son agresivas o reprobables del todo sino que forman parte de esos ‘pedazo’ de hombres que tenemos como amigos.

Hay una creciente preocupación por la extensión de comportamientos machistas en los más jóvenes y en concreto en las chicas ¿Estamos viviendo una especie de  vuelta atrás?

La sociedad está cambiando a bien y si hay una reacción es porque hay avances en igualdad.  Esa reacción no hemos sido capaces de entenderla por haber abandonado todas las medidas de concienciación educativa y de prevención, especialmente en los  jóvenes. El cambio social que se percibe respecto a la igualdad está liderado y protagonizado por las mujeres. Los cambios no se producen de manera homogénea en la sociedad. Es una transformación asimétrica.

Ante el cambio objetivo hacia la igualdad liderado por las mujeres, con asunción de roles, ocupación de espacios, responsabilidades profesionales etcétera, pues hay quien se siente desplazado, cuestionado o atacado. Cuando hablamos de una Ley Integral contra la Violencia de Género, los hombres creen que es una ley contra ellos. No, es una ley contra los hombres…violentos.

¿Qué pasa además con los jóvenes? Como te enseñan desde la cultura machista que ser hombre, básicamente, es no ser mujer porque la hombría puede estar en cuestión, cuando llegas a la adolescencia y te encuentras con chicas que no se comportan como te enseñaron en cuanto a las relaciones, te sientes desorientado y confuso. Y entonces la forma de buscar espacio propio, que no sea el de las mujeres y que muchos están tomando es un retroceso hacia posiciones más machistas. Es muy delicado, no estamos haciendo nada para evitarlo.

Y en esa reacción parece que se empieza a contraponer machismo y feminismo y aparecen términos como el de ‘feminazis’… ¿Tiene la sensación de que eso está ocurriendo?

¡Bueno! Es que el machismo es privilegio. No es solo una especie de desorden involuntario o una deriva del tiempo. Es una construcción interesada para que los hombres tengan privilegios respecto a las mujeres. Lo que ahora está en cuestión son esos privilegios. La reacción del machismo es intentar presentar ese cambio como una especie de ataque frente a lo que ha sido el orden histórico. Se intenta vender la imagen, exitosa en su estrategia, de la mujer históricamente perversa, como Eva. Las políticas que buscan la igualdad hombre-mujer la plantean como un ataque a los hombres y a lo masculino.

 Si además hablo de ‘feminazis’, ‘denuncias falsas’ o términos de ese tipo que reflejan esa idea de mujer perversa, pues es muy exitoso. No deberíamos ser tan permisivos con este tipo de argumentos porque en el fondo están incitando al odio, a una respuesta violenta que muchos hombres llevan a cabo y que, después de tantos años de leyes de Igualdad y contra la violencia de género, sigue dejando una media de 60 mujeres asesinadas cada año.

Hay expertos que abogan por la necesidad de que los hombres cambien los vigentes modelos de masculinidad ¿Coincide con esta apreciación?

Es clave. Si no cambias tu manera de entender lo que es ser hombre, difícilmente podrás abandonar el machismo. Suelo hablar del  posmachismo como una estrategia que busca mantener los privilegios. Cuantos más argumentos se dé a los machistas más cambiarán sus estrategias, como los micromachismos, para que no sean frontales. Se resisten al máximo, lo dificultan pero saben que no pueden oponerse, no  tienen argumentos aunque todavía jueguen a la incapacidad de la mujer, la menor inteligencia…Eso tiene un recorrido corto. La trampa está en conseguir que las mujeres terminen haciendo lo que siempre han hecho los hombres, incluso el modelo moral, y se trata de alcanzar la igualdad, no de reproducir comportamientos.

¿Ayuda el  Pacto de Estado contra la Violencia de Género? Usted ha dicho que llega tarde, está desenfocado en sus planteamientos y se ha hecho a la fuerza…

Siempre he planteado que hay que hacer un pacto contra el machismo no contra la violencia de género. ¿Cómo vas a erradicar la violencia causada por el machismo sin eliminarlo antes? No tiene sentido y además no es factible.

¿La estrategia social debe ir más allá de incidir en el ámbito educativo?

La educación influye mucho pero si tú estás en el aula y me dices que hay que ser iguales, asumir responsabilidades…y luego sales y te encuentras que todo es diferente, es difícil que lo puedas llevar a la práctica. El machismo como elemento cultural requiere algo más que un cambio educativo, que hace falta. La transformación social ha de ser homogénea. Se necesita también una concienciación social, campañas, que lo aborden los medios de comunicación o una forma de representar la realidad en series o películas de manera distinta y no hablo de crear un mundo irreal pero sí una capacidad crítica. Y no la tenemos para hacer frente al machismo.

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