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Christina Rosenvinge, la resaca perfecta para un mayo de revolución

La cantante revisita su último disco en Madrid, donde rescatará una temática feminista y reivindicativa ideal para estos días de aniversarios y campañas 

Rosenvinge nos habla de sus referentes artísticos, como Louise Bourgeois y Yoko Ono, y de los altibajos en una de las carreras más constantes de nuestro país

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Christina Rosenvinge en el Círculo de Bellas Artes/ Pedro Caballero

Christina Rosenvinge en el Círculo de Bellas Artes/ Pedro Caballero

La voz de Christina Rosenvinge durante una conversación es la antítesis de la psicodelia electrónica que reina en su música. Resulta difícil reconocer esas mismas cuerdas vocales en los gritos y gemidos que le acercan al éxtasis en Lo nuestro. Aunque este último disco tiene un largo recorrido, el jueves regresará al Círculo de Bellas Artes de su ciudad natal sin necesidad de una excusa especial. Pero quizá sea más oportuno que nunca. La reivindicación feminista y la conciencia colectiva que acompaña a cada uno de sus diez temas parece la resaca perfecta en este mayo de revolución.

Christina llega días antes del concierto a una sala de columnas demasiado espaciosa para un cuerpo tan pequeño. Pero en seguida comenzará a henchirse de ideales y experiencias que avalan sus tres décadas de profesión. La artista reconoce que sus nuevas canciones han alcanzado una madurez que no le permitieron en sus comienzos, más comerciales y dependientes de la dictadura económica.

Ahora no deja títere con cabeza porque ella misma ha sido víctima de los problemas que rugen en las calles. Habla de su época de vacas flacas, la hegemonía patriarcal en la industria y del hastío político como si estuviese acodada en la barra de un bar. Pero lo hace con letras disfrazadas de romanticismo industrial y una intensidad hipnótica.

La Tejedora tiene un trasfondo feminista y de maternidad, ¿qué significa una madre araña?

En este caso, la araña no es una figura amenazadora, sino protectora y frágil. Es un cuerpo imponente que se sujeta sobre unas patas muy delgadas, y que construye su hogar a través de su propia materia. Llevaba mucho tiempo queriendo abordar el concepto de la maternidad  y me costaba encontrar la aproximación para llevarlo al rock sin caer en lugares comunes. Entonces leí un libro de la artista Louise Bourgeois y la canción nació sola. 

Me impresionó mucho la visión que tenía de su madre y ahí es donde encontré esa interpretación. A través de la famosa escultura de la viuda Maman. Fue un  golpe de efecto maravilloso. Toda su explicación es esclarecedora y a la vez muy contemporánea.

Burgeois denunció con furia la brecha de género, ¿es importante pronunciarse alto y claro al respecto?

Yo creo que sí. El feminismo está presente, de una manera o de otra, en todas las obras que me han influido como artista. El simple hecho de que esas mujeres sean un referente es en sí feminista. En mi caso, incluso los discos más pop de Álex y Christina ya abordaban la temática. El souvenir, single de nuestro segundo disco -que  tiene un videoclip bien gracioso, por cierto-, era una declaración contra el matrimonio.

Desde ahí quise que todos los álbumes tuviesen ese corte. Uno de mis temas favoritos es  Tú por mí, de mi primer disco en solitario, que es una oda a la amistad entre mujeres. En su día se interpretó como una canción lésbica. Que bien podría haber sido. Pero solo hablaba de la camaradería femenina y era algo que en ese momento no se contemplaba. Y yo nunca lo desdije. Me parecía maravilloso que sirviese tanto en un caso como en el otro.

¿Encontró esa camaradería en la industria? ¿O el hecho de ser mujer le supuso más trabas?

Las trabas empezaron desde el primer momento que decidí dedicarme a la música. Sobre todo en la Movida Madrileña, que fue un movimiento fagocitado por los grandes sellos discográficos. Entré en esa enorme maquinaria sin ninguna experiencia y siendo una ingenua. Así que fue muy difícil conseguir que ellos trabajaran para mí y no al revés.

Fue un proceso al que me ha llevado años enfrentarme. Porque aunque yo siempre he compuesto y escrito, los sellos no querían intervenir tanto en el proceso creativo como en la forma de venderme. Querían moldear la imagen que se iba a trasladar al público. Todavía es muy duro intentar ejercer un control sobre ese márketing. Pero con los años he aprendido a tomármelo con calma.

Por eso cada vez más artistas jóvenes dan el salto a los sellos independientes, ¿es un proceso natural?

Es algo a lo que te sometes cuando entras en una industria que se mueve por intereses mercantiles. La maquinaria discográfica te convierte un bien de consumo. Es muy difícil mantener tu independencia cuando necesitas dinero. Y sueles necesitar apoyo económico para todo: para producir, grabar, contratar a buenos músicos, tener un estudio y llegar a la gente. Todo eso depende de las inversiones de otras personas y, en ese momento, obedeces a lo que quieran hacer contigo. 

Lo nuestro fue lanzado con el sello independiente El Segell del Primavera, ¿qué le cansó de Warner?

Con Warner he tenido una relación larga pero algo frustrante, porque mis intereses no entran en sus cánones comerciales. Rascaban entre mis canciones para sacar algo que se acercarse más a un tipo de público y al resto no le daban valor. La gota rebosó en La joven Dolores, el último disco que saqué con ellos. Yo quería que  La canción del Eco saliese como single, pero no logré convencerles. Creía que ese tema era un clásico instantáneo, sobre todo porque estaba basada en otro clásico como  La leyenda de Narciso, de Ovidio.

Al final eligieron una canción mucho más estándar, por decirlo de alguna manera, y que no tenía una declaración de principios como la otra. Ahí me di cuenta de que con ellos no podía avanzar. Después de un año dando vueltas encontré el sello del Primavera Sound, que está lleno de gente que ama la música y que la respeta.

Christina Rosenvinge en el Círculo de Bellas Artes/ Pedro Caballero

Christina Rosenvinge en el Círculo de Bellas Artes/ Pedro Caballero

¿La denuncia política se ha convertido en una moda en la música? ¿O aún hace falta más compromiso por parte de los artistas?

No creo que la gente se salvaguarde tanto a la hora de opinar. Pero escribir canciones políticas tiene muchas dificultades añadidas a nivel estético o técnico. Es muy difícil aportar algo que no esté dicho o escrito mil veces. Es decir, tienes que centrarte en hacer una buena canción, que funcione estéticamente, sea bonita y que tenga una letra interesante y poética. Pero sobre todo que lance un mensaje político sin ser una repetición de eslóganes.

Y también debes reflexionar en el tema para no caer en el error de ser ingenuo o simple. Lo intenté hacer desde muy joven y el resultado fue lo peor, así que los temas nunca llegaron a ver la luz. 

Pero al fin llegó el momento con Alguien tendrá la culpa.

Esa canción nació por la motivación política tan fuerte que vivimos. La notaba día y noche, tanto en la calle como en mi casa. Vamos, que llegó en un momento en el que no se podía hablar ni pensar en otra cosa. Necesitaba reflexionar acerca de por qué es tan difícil que la gente acepte su responsabilidad. Hablé de la sociedad de consumo, de su mercantilización y de que todos somos parte y víctimas de esto.

Pero por otro lado quería escribir una canción de tres acordes que cualquiera pudiese utilizar. Un cántico para que otro artista se lo pueda apropiar y cambiar la letra según sus experiencias personales. Yo escribí lo que quería contar, pero está abierta a que cada uno la utilice para lo que quiera denunciar.

Un espíritu  muy similar al del 15M, ¿dónde estaba ese día hace cinco años?

Vivo al lado así que lo vi crecer cada día y fue un cambio muy emocionante. Se abrió un proceso de reflexión, incluso entre los que no simpatizaban con el movimiento. Creo que hubo un examen de conciencia de arriba a abajo. Está siendo muy saludable y espero que llegue hasta el final.

Llega la época de festivales y la situación se mantiene, ¿la industria debería hacer también un examen de conciencia?

En el caso de los festivales no es que haya una ideología previa, simplemente ocurre porque los hombres se identifican más con cierta sensibilidad y ciertos sonidos. Hace falta que se enriquezca el espectro y, en el momento en el que haya más mujeres -no solo en los festivales-, se avanzará. Pero en general faltan muchas sensibilidades en los eventos de música. Se me ocurre también la homosexual. Si trabajamos en eso no será todo tan monolítico y masculino. 

En cuanto al examen de conciencia, yo diría que es necesario. Empezando por preguntarse por qué las cadenas de mando siguen estando formada por hombres en nuestro país. Pues porque los hombres confían más entre ellos que en las mujeres y delegan más en sus compañeros. Por eso las cuotas, que admito que son un sistema cuestionable, tienen una razón de ser para romper esa dinámica. Casi para imponerla. Porque si esperamos a que ocurra naturalmente, el proceso será demasiado lento.

¿Cree que se lucha más para romperlo ahora que antes?

Todo lo que hicimos en su momento fue porque no podíamos hacer otra cosa. Las circunstancias son tan importantes como la identidad. Y fustigarse no tiene ningún sentido. Las mujeres de mi generación nos enfrentamos a un fenómeno de floración tardía, porque primero tuvimos que deseducarnos de las enseñanzas adquiridas y volver a formarnos en el feminismo.

Así que cuando adquieres tu plena potencia ya tienes unos años. Igual te llega a los 40 o a los 60. Bourgeois la tuvo una vez que hubo criado a sus hijos y después de que se hubiese muerto su marido. Su época dorada tuvo lugar precisamente al final de su vida. No hay esquemas prefijados ni hay que aceptar los prejuicios. Porque una cosa es lo que somos y otra lo que nos dejan ser. 

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