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'Twin Peaks': la serie que encendió una revolución

Repasamos el fenómeno de la serie de David Lynch con motivo de su regreso

La tercera entrega de Twin Peaks se estrena en España la madrugada del próximo 22 de mayo

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'Twin Peaks' y el agente Cooper 25 años después

'Twin Peaks' y el agente Cooper 25 años después

El año de su debut, Twin Peaks se batió en los Emmy con La ley de Los Ángeles, China Beach, A través del tiempo ( Quantum Leap) y Thirtysomething. Algunas de ellas han perdurado en el tiempo gracias a lo que significaron para la nueva hornada que llegaría en años posteriores. Y otras, como China Beach, prácticamente descatalogada ahora, siempre hay que reivindicarlas.

El camino que abrió Twin Peaks  fue mucho más profundo porque no se parecía a nada de lo que se emitía por aquel entonces. Enseguida se convirtió en el espejo en el que muchas series buscarían verse después. Por eso se pasa por alto y se le perdona la segunda temporada, y se entiende la  enorme expectación que está levantando su regreso más de 25 años después de su final.

David Lynch está contribuyendo lo suyo, manejando con mano de hierro todo lo que rodea este regreso: apenas se saben detalles de por dónde irá la trama, más allá del regreso anunciado de la mayoría del reparto. Lynch ha dado orden de no realizar casi ningún pase previo al estreno, ni siquiera para que los críticos de EEUU puedan tener sus valoraciones hechas unos días antes. Hasta ha impuesto a la cadena Showtime la fecha de estreno y las condiciones de emisión, que se podrá ver en España (Movistar+) en simultáneo a EEUU en la madrugada del próximo 22 de mayo.


¿Estará esta tercera entrega a la altura del hype que hay entre los que vieron la primera temporada en su año de emisión, los que se dejaron arrastrar por la historia en los años siguientes y los espectadores que se adentraran en el universo de Twin Peaks directamente en su regreso? Algunas de las razones de su enorme legado pueden explicarlo:

El sello de autor (cinematográfico). David Lynch se aventuró en el universo televisivo en una época en que la pequeña pantalla era mirada con desprecio desde el cine: o bien era donde iban a morir viejas glorias dadas por perdidas o donde se ganaban el pan aquellos que no conseguían trabajo en los estudios de Hollywood. Lynch no se adaptó al medio, sino que quiso llevárselo a su terreno y, por eso, frente al concepto serializado imperante, planteó Twin Peaks como una película servida por capítulos.

El asesino de Laura Palmer era lo de menos. En la memoria colectiva,  Twin Peaks sigue siendo recordada por el misterio que planteaba en su capítulo piloto pero, al final, terminó siendo lo de menos frente a los vecinos que fue conociendo el agente Cooper. 

En contra de las series policiales que precedieron a Twin Peaks, y las que todavía llegaron después, David Lynch envolvió en plástico un cadáver solo para anticipar que eso iba a ser lo menos inquietante que íbamos a ver una vez que nosotros también pusiéramos un pie en Twin Peaks.

El comienzo de la fiebre seriéfila. Twin Peaks llegó con unos cuantos años de adelanto a la explosión de series que hoy no deja de crecer. Demostró que podía ser todo lo rara que quisiera porque los espectadores estaban preparados para otro tipo de ficción televisiva y para no fiarse nunca más de la vida tranquila de las ciudades pequeñas y la dualidad entre buenos y malos.


No todo tiene una explicación ni tampoco es necesaria. La vuelta de Twin Peaks es la reivindicación del dejarse llevar en una época en la que todo tiene que ser explicado para que una serie apruebe el examen de la credibilidad. Lo mejor de Twin Peaks es que era (y sigue siendo) el lugar en el que puede pasar cualquier cosa y cuanto más rara mucho mejor. Lo importante es disfrutar del viaje.

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