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Un banco promocional para la Comunidad Valenciana

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Desde finales de 2014 la Unión Europea ha tratado de impulsar la financiación de los sectores con más dificultades para obtener fondos y desarrollar proyectos de fomento y desarrollo dentro de un gran plan de promoción de las inversiones. Hasta la fecha, el éxito ha sido sólo relativo pero la idea y su estructura de funcionamiento permanece. Uno de los objetivos principales es articular una red institucional sólida que fomente y participe activamente en la financiación del emprendimiento, especialmente para las pequeñas y medianas empresas, que son las más proclives a sufrir déficit de financiación. Así, la Comisión Europea considera que los llamados “bancos promocionales” pueden ser los agentes que vertebren buena parte de la financiación de estos proyectos e insta a su creación y desarrollo a las escalas nacional, regional o local.

Según indica el artículo 2 de la regulación del Fondo Europeo de Inversión Estratégica (EFSI, por sus siglas en inglés), un banco promocional es una entidad financiera a la que un organismo público le otorga el mandato de desarrollar actividades de promoción y desarrollo, de diferentes formas y con diferentes productos, de acuerdo a las necesidades específicas de cada caso. Y sugiere, además, que son los propios estados miembros de la UE los que pueden impulsar sus propias entidades promocionales. A nivel europeo, la más conocida –y una de las principales articuladoras en conjunción con otras a escala nacional- es el Banco Europeo de Inversiones (BEI). En España, hay diferentes iniciativas de esta naturaleza fundamentalmente impulsadas por las carteras ministeriales de economía e industria, entre las que destaca el Instituto de Crédito Oficial (ICO).

Parece lógico que, en un entorno de mercado en el que es complicado impulsar el emprendimiento y siendo la Comunidad Valenciana un territorio de especial sensibilidad en cuanto a la innovación y el desarrollo de nuevos proyectos empresariales, se cuente en la misma con un banco promocional. Desde el gobierno de la Generalitat Valenciana se ha pensado en el Instituto Valenciano de Finanzas (IVF) como posible esqueleto para albergar tan importante cuerpo. Claro que, las cosas tienen que empezar por el principio y, por lo tanto, es necesario ahondar en el porqué y explicar el cómo. En cuanto a la motivación, la racionalidad de la creación de un banco promocional surge de los fallos de eficiencia del mercado, cuando la acción de los operadores privados es insuficiente para cubrir y resolver los fallos de ese mercado que pueden resultar de información asimétrica (por ejemplo, al delimitar quién es merecedor y quién no de financiación en función de su riesgo), externalidades (por ejemplo, cuando se genera algún tipo de catástrofe o accidente con consecuencias para un número importante de empresas y puestos de trabajo), o por problemas de poder de mercado (por ejemplo, cuando la competencia entre entidades financieras es o muy reducida o excesiva). La idea no es de sustituir ni completar al sector privado, sino complementarlo.

Explicar cómo el IVF se convierte en un banco promocional requiere también dar un paso atrás porque exige una reconversión de este instituto. Una transformación que ya está, de hecho, avanzada y que ha implicado sanear deuda y reestructurar con un objetivo de funcionamiento y de eficiencia que se basa en separar la actividad de política pública del capítulo de inversión financiera privada. El saneamiento y recapitalización del IVF permitirán crear una entidad nueva sin reminiscencias ni cargas del pasado. Precisamente, el nuevo IVF nace para cubrir ese hueco de mercado que se señalaba anteriormente, estableciendo mecanismos de control corporativo desde la acción pública, de manera que ésta última sea la primera en exigir su control y transparencia, aunando así lo mejor del mundo privado y de la supervisión y control públicos. Pretende el nuevo IVF nutrirse de consejeros independientes que acompañen en la gestión a los representantes de las diferentes instituciones públicas y aseguren una gestión y un control de la institución bajo criterios de estricta eficiencia y responsabilidad. Se pone en marcha, además, una web de transparencia para seguir, casi en tiempo real, las acciones emprendidas, así como la publicación de informes de evaluación ex – ante y ex – post de cada una de las actividades. Incluso, para poder evaluarlas con el mayor rigor y de forma externa, -y para poder sacar un conocimiento que permita mejorarlas- se creará una base de datos abierta a centros de investigación sobre estas actividades. Por supuesto, no faltarán los controles ordinarios propios de su condición de empresa pública, incluido el de la Sindicatura de Cuentas, el parlamentario y el de supervisión a través del acuerdo voluntario alcanzado con el Banco de España.

El renovado IVF nace con una amalgama de funciones que pretende separar la iniciativa política de la gestión privada, empezando por los perímetros que para ambas funciones marca el sistema europeo de cuentas (SEC), lo que permite separar funcional y contablemente cada una de las actividades. En la Comunidad Valenciana esas funciones son hoy muy necesarias y lo serán aún más en el complejo mercado financiero del futuro. Así, por ejemplo, es conveniente corregir fallos de mercado en la provisión de servicios públicos, dar alguna viabilidad financiera a empresas supuestamente más opacas por su propia naturaleza de pyme o, simplemente, por ser de nueva creación. Parece conveniente también ayudar a empresas de éxito a superar perímetros y alcanzar nuevos mercados. Y hacer todas estas funciones mediante una colaboración público privada.

En este modelo de negocio, el IVF adopta de forma completa la naturaleza de banco, que fundamentalmente cubriría huecos en la financiación de las pymes, con plena funcionalidad como entidad financiera para acceder al entramado de financiación del BEI. Se trata, por tanto, de insertar a la Comunidad Valenciana en un sistema de financiación promocional de primer nivel. De este modo, se puede favorecer la utilización del crédito como herramienta de política económica utilizando fondos reembolsables en lugar de subvenciones. Y no sólo en el ámbito de las políticas económicas sectoriales, sino también en el ámbito de las políticas sociales. Además, el IVF puede ayudar a reducir el impacto de la prociclicalidad del crédito (más financiación en las fases alcistas del ciclo económico y menos en las recesiones), reduciendo el racionamiento de crédito en entornos económicos desfavorables. Los instrumentos serán, fundamentalmente, líneas de crédito y canalización de financiación europea y de otros ámbitos promocionales. Esas líneas son préstamos participativos con cierto riesgo para fomentar el emprendimiento, en la idea en que es mejor participar en proyectos de inversión que subvencionarlos.

Se trata de un proyecto ambicioso, aunque pertinente. No exento de riesgos, en el que las fases iniciales son fundamentales para evitarlos. Porque radican principalmente en esa necesaria y estricta separación de la política pública del criterio independiente, motivado y transparente en la ejecución de las políticas de financiación. El proyecto está ahí avanzando hacia su concreción. La crisis ha evidenciado la existencia de huecos e ineficiencias en el mercado del crédito. La austeridad y la transparencia en las cuentas públicas ha sido y seguirá siendo necesaria pero el fomento de la actividad empresarial y su co-financiación desde la acción pública parece también necesaria, tal y como se ha evidenciado estos años. La Comunidad Valenciana tiene un proyecto para ser parte de la red europea que articula esa acción.

*Santiago Carbó Valverde és Catedràtic d’Economia de CUNEF i director d’Estudis Financers de Funcas

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