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No es No: Día mundial para la eliminación de toda violencia hacia la mujer

Waris Dirie travesó el desierto de Somalia con tan solo trece años. Provenía de una familia nómada, sin recursos. Se negó a casarse con el hombre que la quería comprar a cambio de unos camellos. Así que, decidió escapar de su hogar, y con un esfuerzo milagroso, consiguió llegar a Europa.

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Durante actividad de la asociación

Durante actividad de la asociación Legki Yakaru

Hoy, no se conoce a Waris como la famosa top-model que desfiló en las principales pasarelas de moda de todo el mundo, sino por ser la primera mujer que llamó la atención de la comunidad internacional por hablar sobre la mutilación genital femenina (MGF).

A Waris le practicaron la mutilación tipo III cuando era pequeña (“infibulación”), típica de algunas étnias de los países del Cuerno de África y de algunos países árabes. Es el tipo más severo. Implica la extirpación total o parcial de los órganos genitales femeninos y el posterior cierre de la vagina, dejando un pequeño orificio para el ciclo menstrual y la orina. Las consecuencias físicas, psicológicas y emocionales que esta práctica comporta para la mujer, son prácticamente imposibles de cicatrizar.

Si Waris no hubiera escapado, se habría casado. Y en la noche de bodas, habrían tenido que reabrir la cicatriz que le quedó a causa de la mutilación para poder consumar el matrimonio (“defibulación”). Y después, muy probablemente la habrían cerrado de nuevo (“refibulación”).

La MGF se realiza con instrumentos tipo navajas y hojas de afeitar, sin anestesia y sin ninguna garantía sanitaria. A veces también se practican mutilaciones genitales femeninas colectivas, pudiendo utilizar el mismo instrumento para todas las niñas, aumentando así, el riesgo de infección de enfermedades como el VIH o la Hepatitis C. 

La Asociación Legki Yakaru quiere seguir el ejemplo de Waris Dirie a través del Proyecto Heal. Nuestro objetivo es informar y empoderar a las comunidades practicantes, dado que el desconocimiento perpetua la práctica de la MGF. También buscamos formar a profesionales de diferentes ámbitos para que, si se encuentran con algún caso de MGF o riesgo de que se lleve a cabo, sean capaces de entenderlo, detectarlo y gestionarlo.  

Para las etnias practicantes, realizar la MGF significa mantener la buena imagen de la familia ante la comunidad y su pertenencia a ésta. Si observamos esta práctica con una visión transcultural, nos daremos cuenta que las madres la permiten porque creen que es lo mejor para sus hijas. No se dan cuenta de las consecuencias que esta práctica tendrá para ellas el resto de sus vidas, y tampoco saben que se considera un tipo de violencia contra la mujer y la niña.

Sin embargo, la migración de familias practicantes hacia Europa, ha hecho que estas personas tengan la oportunidad de participar en espacios de debate sobre sexualidad, derechos de las mujeres y las niñas, y sobre las consecuencias de la MGF. Además, las nuevas generaciones empiezan a preguntar. Informar, respetar y no estigmatizar, será esencial para que estas nuevas generaciones actúen como agentes de cambio y sean las que decidan si continuar con la tradición familiar o abandonarla.

 

 

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