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Toc, toc... La encuesta del paro llama a tu casa: “Nos preguntaron casi de todo”

Las familias seleccionadas responden a la EPA durante seis trimestres. / EFE

Ana Requena Aguilar

Madrid —

Los Rodríguez Bañón abrieron la puerta de su casa un miércoles por la tarde: al otro lado, un encuestador y 117 preguntas. Poco antes les había llegado una carta. El Instituto Nacional de Estadística (INE) les comunicaba que eran uno de los hogares seleccionados para hacer la Encuesta de Población Activa (EPA). Cada trimestre, cerca de 350 encuestadores entrevistan a unas 65.000 familias (entre 180.000 y 200.000 individuos) para recoger los datos que permiten elaborar la EPA, que, junto al censo, es la encuesta que más información proporciona.

¿Por qué eligieron a los Rodríguez Bañón? “Son técnicas de muestreo, se trata de escoger a familias y personas representativas de la sociedad. Si, por ejemplo, el 10% de las familias son madres con hijos, el 10% de la muestra son madres con hijos; si el 5% son extranjeros, el 5% de los encuestados también lo son; y si el 70% de la población vive en grandes ciudades, elegimos esa cifra en grandes ciudades”, explican fuentes del INE. El Instituto se basa en las secciones censales (con información de los censos), de las que seleccionan el 10%. De cada sección se entrevistan a entre 18 y 22 familias de esas viviendas.

Esta es la segunda vez que la familia Rodríguez Bañón –el nombre es ficticio para proteger el anonimato de las fuentes– responde a las preguntas del INE. Lo harán otros cuatro trimestres más. “Las secciones censales elegidas suelen ser estables, pero las familias se van cambiando. Cada una permanece seis trimestres en la estadística para dar continuidad a los datos”, explican desde el Instituto. Una vez que las familias son elegidas, se les envía una carta para notificárselo y avisar de que, pocos días después, un encuestador pasará a entrevistarles. La carta contiene también un número de teléfono para que las familias puedan consultar dudas; y un código, con el que se identifican los entrevistadores por seguridad.

La primera entrevista es siempre presencial, luego todas son telefónicas. Si no pueden estar presentes todos los miembros de la familia, una persona, cabeza de familia, responde por todos. “Las entrevistas que nos han hecho han durado entre veinte minutos y media hora. Te preguntan de todo: cuánto has trabajado, tu antigüedad en el trabajo, si has estado en más de una empresa, si has disfrutado vacaciones, si estás estudiando, tu nivel de formación, si te han cambiado las condiciones de trabajo, qué tipo de empleo tienes...”, cuenta Ruth, la madre.

Los Rodríguez Bañón son cuatro: madre, padre y dos hijos, y viven en una capital de provincia. Los dos progenitores trabajan, y su hijo estudia pero busca activamente un empleo, lo que a ojos de la EPA lo convierte en un parado. Su hija mayor vive y trabaja fuera de casa desde hace años así que, a efectos estadísticos, no cuenta. “Les dije que mi hija ya no vivía aquí y que trabaja en otra ciudad, así que no me preguntaron por ella, solo por nosotros tres. Me explicaron que, a efectos estadísticos, ella ya no forma parte de la unidad familiar”, relata Ruth.

El cuestionario que se hace a las familias es público y apenas ha cambiado. “Es un cuestionario de itinerarios: en función de si tienes empleo o no, vas respondiendo unas preguntas u otras”, señalan fuentes del INE. La encuesta, de 24 páginas, es exhaustiva: “¿Ha conseguido su trabajo actual a través de una oficina de empleo pública?”. “¿Realizó algún trabajo que considere horas extras, pagadas o no?”. “En las 4 últimas semanas, ¿terminó algún día su jornada laboral después de las doce de la noche?”. “¿De qué formas ha buscado empleo en las cuatro últimas semanas?”. “¿Ha realizado durante las últimas cuatro semanas algún tipo de estudios o formación fuera de los planes oficiales de estudio?”.

Toda la información que procede de los cuestionarios se almacena en un fichero de microdatos, que también es público. Para respetar la confidencialidad de la información, se eliminan los nombres y se cambian por códigos: cada persona pasa a ser un número. A partir de ahí se sigue un proceso de depuración de los datos, comprobación y estadística. Junto al proceso informático, un departamento en el que abundan estadísticos y matemáticos analiza los datos para elevarlos al total de la población y llegar a las cifras que, más tarde, llenan portadas y telediarios.

¿Qué pasa si una familia se niega a responder? Si en la primera visita no están, la persona encargada de hacer la encuesta vuelve hasta en dos ocasiones más. Si el hogar sigue sin dar señales de vida, se vuelve a enviar una carta. Responder es obligatorio: son estadísticas públicas y la ley contempla multas para las familias, personas y empresas que se nieguen a responder.

El INE asegura que la tasa de respuesta a todas las estadísticas es muy elevada y presume de EPA: “Es una de las mejores y más exahustivas encuestas del mercado laboral a nivel internacional”.

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