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Es la corrupción, idiota

Al final resulta que no era la economía ni cualquier otra cosa: es la corrupción, idiota.

Ah, y los idiotas, somos nosotros.

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Un cuento.

Es muy temprano, como las seis y media de uno de los primeros días del año. Hace bastante frío en la capital y voy en el metro hacia la estación de Atocha. Viaje imprevisto de vuelta a Sevilla. Hospitales y cosas de esas, así que no voy de muy buen humor. Había vuelto a Madrid hacía no más de tres días.

Muy poca gente en el metro. Faltan horas para que abran las tiendas y desembarquen las hordas de ciudadanos a la búsqueda del regalo perfecto de reyes. El perfecto, o el que puedan pagar este año, que tendrá que ser el perfecto.

Estación de Atocha. Corte de entrada en la zona de salida de los AVE. Escáner de seguridad. Billete en el móvil que sólo medio controla la guarda de seguridad (y que pronto será 'agente de la autoridad', por cierto) y que también medio mira su propio móvil bastante aburrida. La bolsa, al escáner. La otra señora que mira el monitor del escáner parece que se va a caer de la silla. Tiene la mirada como perdida en el monitor. Pienso en que Llevo más de 20 años viajando regularmente en el AVE y –NUNCA- he visto que controlen una bolsa manualmente en los controles estos, bueno.

Espero y al tren. Va medio lleno. Salimos, y me voy al coche-bar a desayunar.

En el vagón cafetería hay sólo dos personas que ya están servidas con lo que no hay “lucha de periódicos” y me puedo hacer con uno fácilmente. Me dirijo a la barra y pido: café con leche y tostada con aceite y tomate.

Hay un señor en la barra. Está todo tan tranquilo que él también está leyendo un periódico.
Me atiende amablemente y me pone el desayuno. Se lo abono en metálico, me da la vuelta, y, ATENTOS, en vez de usar la maquinita esa que tienen que es como un terminal de cobrar con tarjeta, con un lápiz-puntero y que te imprime un recibito en papel, apunta la cantidad con un lápiz en el exterior de un sobre (sí, un sobre, ese cotidiano objeto que ha adquirido nuevos significados ya para siempre…), mete las monedas en un receptáculo junto con las demás y deja el sobre tras ese receptáculo. No habiendo nadie más en la cola, el señor vuelve tranquilamente a su periódico. Me quedo sin recibo.

Mientras estoy desayunando, le doy vueltas a la cosa.

“Qué extraño…”,

pienso…

“Nunca me había pasado... En las docenas y docenas de veces que he viajado, siempre me han dado un recibo… Y en el sobre ese, además de lo mío, había otras cantidades escritas… Hmmm… Bueno, debe de ser que está el terminal estropeado. O tal vez la línea inalámbrica no funcione…"

Pero claro, al rato no puedo evitarlo y me viene a la cabeza: 

“A ver si está haciendo una pequeña –caja B– y se queda parte de la pastuqui… Sólo factura determinadas consumiciones y cuando hay poca gente y la cosa está discreta no da recibo, lo apunta en el sobre y al final del día lo resta de la caja principal y se saca un –pequeño sobresueldo–…”

En estos pensamientos me hallo comiendo la tostada y mirando al señor de reojo.

La sensación que tengo entonces es de vergüenza. ¿Como coño soy capaz de dudar…?
Pero claro: toda esa tradicional iconografía:  "la Picaresca Española", Pajares y Esteso, ‘los fontaneros sin factura’, ese muy patrio “con IVA o sin IVA”, los informes de GESTHA, ‘La Lista de Falciani’, los Molt Honorables Camps, Matas o Fabra, el tercer grupo parlamentario más numeroso de las cortes valencianas, Montoro diciendo entre líneas que TODOS los cineastas, o socialistas, o periodistas, o calvos, o gorditos, etc, etc, etc, defraudan a Hacienda..., Botín en Suiza, el carrerón del marido de Cospedal, el Rey en Suiza, Amancio Ortega y sus Sicavs, la hija de Cañete y la sobrina de de Guindos, los EREs fraudulentos, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc, etc…

Bueno amigos, con la tostada ya fría, medio corte de digestión en proceso y sin ninguna esperanza en la humanidad española, vuelves al asiento e intentas dormirte. 

Por la ventana, siguen pasando desenfocados los olivos a 300 kilómetros por hora un rato. Cierras los ojos e intentas dormir un rato.

Y cuando ya te has olvidado de todo, una vez ya en Sevilla, en casa esa misma tarde vas y te encuentras con esta noticia:

EL EX PRESIDENTE DE SACYR VENDIÓ 11 MILLONES DE EUROS EN ACCIONES DE LA COMPAÑÍA EL 23 DE DICIEMBRE.

José Manuel Loureda, que sigue siendo miembro del Consejo de Administración de la constructura, se deshizo de 2,87 millones de acciones días antes de anunciar la paralización de las obras del Canal de Panamá 

Y entonces, es cuando no puedes evitar pensarlo un segundo, y tal vez, es cuando los malos ya han ganado:  

“si al final resulta que el señor del AVE no ha robado el dinero de los desayunos,
 es que era gilipollas”. 




Por cierto, este cuento, ' es verídico' (como diría el difunto Paco Gandía). Vamos, que lo he vivido y lo he contado como me ha pasado y como lo he sentido. 

Feliz año nuevo, idiotas.

Yo, el primero.

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