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El PNV ha ganado las elecciones antes de ir a votar

El título de este artículo no es cierto. En todo caso, a expensas de los resultados, el PNV ha ganado las elecciones en la medida en que sus adversarios políticos también quieren ganarlas pero no al precio de alcanzar el poder en el Gobierno vasco

Quien conozca de cerca la política vasca, sabrá que existen ciertos complejos que provocan que los partidos estén más cómodos en la oposición que arriesgándose a arrebatarle el Gobierno al PNV

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El PNV anuncia que Urkullu será candidato a la reelección como lehendakari

Iñigo Urkullu y Andoni Ortuzar el día del anunció de la candidatura a lehendakari EFE

El título de este artículo no es cierto. Todavía no sabemos si el PNV ganará las elecciones o viviremos una sorpresa. A pesar de que hemos aprendido que casi todas las encuestas fallan o mienten, los sondeos publicados hasta ahora en Euskadi coinciden en que Urkullu -ahora U, como antes Pedro, Pdr y Zapatero, ZP- será el candidato a lehendakari más votado. En todo caso, a expensas de los resultados, el PNV ha ganado las elecciones en la medida en que sus adversarios políticos también quieren ganarlas pero no, al parecer, al precio de alcanzar el poder en el Gobierno vasco. En Euskadi se puede ganar sin gobernar. Y a veces es lo más cómodo. Da menos disgustos.

Quien conozca de cerca la política vasca, sabrá que existen ciertos complejos que provocan que los partidos estén más cómodos en la oposición que arriesgándose a arrebatarle el Gobierno al PNV. Como mucho, se puede gobernar en coalición con el PNV. Hay cierto consenso implícito entre los partidos de que la política es el juego de todos -puedes condicionar al PNV todo lo que quieras- pero en la gestión de las instituciones el PNV ostenta una especie de título honorífico privado al resto. La gestión es su terreno, como en el fútbol hay gente que juega de portero y otros de delantero. Por supuesto, como todas las verdades que hacen sentir culpables a sus protagonistas, estas cosas se niegan en público, pero han marcado el devenir político vasco de los últimos 40 años. Es la particular versión vasca de la Cultura de la Transición. 

Por eso cuando un partido consigue unos resultados excelentes y, sobre todo, el coraje suficiente para buscar una alternativa de gobierno al PNV, el movimiento es visto como una afrenta a esa ley no escrita. Y, en consecuencia, cuando al PNV le toca hacer oposición se aleja de la responsabilidad que reclama desde el Gobierno y se convierte en una apisonadora implacable contra quienes han osado desafiar a los dioses. A los atrevidos les espera una oposición sin tregua. Un desgaste total hasta ponerlos de rodillas y hacer que reconozcan sus pecados en público. Le pasó a Patxi López cuando fue lehendakari y a EH Bildu cuando gobernó en la Diputación de Gipuzkoa (y en menor medida al PP en Álava donde la alternancia entra dentro de lo permisible siempre que la correlación de fuerzas del poder político -Gobierno vasco, Kutxabank y las tres diputaciones- sea favorable).

Patxi López y EH Bildu todavía se están curando las heridas.

Por eso, cuando digo que el PNV ha ganado las elecciones antes de empezar, quiero decir que el PNV parte con esos metros de ventaja determinantes sobre el estado de ánimo del resto de partidos. Como escribe Txema Montero (y cito de memoria), los partidos dan la impresión de querer acompañar al PNV antes que sustituirlo.

Por supuesto, ahora llega la campaña y se calentará el ambiente que es lo que toca, pero en lo que hemos visto hasta ahora todo el mundo parece sentirse cómodo en el papel que le ha tocado jugar. EH Bildu confía, por un lado, en ser la segunda fuerza política y que no haya 'sorpasso' de Podemos y, por otra, en poder tener la fortaleza suficiente para obligar al PNV a abrir el cascarón de una estrategia soberanista durante los próximos 4 años. En EH Bildu no se habla de sacar al PNV de las instituciones: el mensaje central es el de llegar a grandes acuerdos de país con PNV, Podemos y la mayoría sindical vasca.

En Podemos, a pesar del entusiasmo de algunos de sus dirigentes, su candidata, Pili Zabala, explica en las entrevistas que no pretende desalojar a nadie (se entiende al PNV), prácticamente con las mismas palabras que pronunciaba Garbiñe Biurrun, que al final rechazó ser candidata a lehendakari de Podemos (y palabras parecidas también a las que en su día pronunció el exportavoz parlamentario de EH Bildu, Hasier Arraiz). Si los dirigentes de Podemos buscaban a alguien que no asustara, que se mantuviera dentro de los márgenes de las reglas del Monopoly vasco, han conseguido una candidata idónea. Podemos se presenta además con una parte de aquella coalición de izquierdas, la Ezker Batua de Madrazo, que gobernó durante años con el PNV. 

Del PSE, socio del PNV, se espera que intenté gobernar con Urkullu en el Gobierno vasco, como ya lo hace con los jeltzales en las principales instituciones vascas. Y el PP -que probablemente será la quinta fuerza política en Euskadi- tiene la misión de conseguir que Rajoy sea presidente y, aunque el PNV ya ha anunciado que votará no a Rajoy antes y después del 25-S, el PP se encomienda de todas formas la tarea de facilitar favores cruzados entre Vitoria y Madrid durante la próxima legislatura.

Así las cosas, con un acuerdo PNV-PSE en el Parlamento vasco que ha permitido mayorías suficientes para aprobar presupuestos y frenar investigaciones incómodas, y con el viento a favor de los medios de comunicación públicos y concertados vascos, Urkullu ha pasado la legislatura como en Eurodisney.

Quizás por eso, las grandes batallas ideológicas de los últimos cuatro años se han vivido con mayor intensidad fuera del Parlamento vasco. La más dura quizás sea la que ha mantenido la mayoría sindical vasca, liderada por ELA, con PNV-Confebask-Vocento sobre los efectos de la crisis y el avance del neoliberalismo en Euskadi. También habría que citar la pugna (menos conocida) que ha vivido STEILAS defendiendo la escuela pública frente a PNV-ikastolas privadas-escuelas católicas. O la de los movimientos antidesahucios y de afectados de las preferentes frente a Kutxabank (PNV-PP-PSE) y Caja Laboral.   

Y aunque parezca paradójico, a pesar de que nadie busca una confrontación política directa con el PNV (y la mayoría la evitan abiertamente), en caso de victoria del PNV esta vez no va a serle tan fácil encontrar las compañías suficientes para vivir con la tranquilidad de la legislatura anterior. Y no va a serle tan sencillo conseguir unas compañías tan dóciles como las que ha tenido hasta ahora. Los días del Parlamento  spa están tocando a su fin.

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