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Afectados VPO Santander

"Mientras paguéis, me importa una mierda lo que pase en el piso"

Una afectada cuenta su experiencia en una VPO de La Albericia a la que acaba de renunciar cansada del "trato vergonzoso" de la Sociedad de Vivienda y Suelo

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Laura Fernández, antigua inquilina de una VPO en Santander. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE

Laura Fernández, antigua inquilina de una VPO en Santander. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE

"Mientras paguéis, me importa una mierda lo que pase en el piso". Esta es la respuesta que Laura Fernández asegura que recibió cuando intencionadamente dejó de pagar una cuota del recibo del IBI para ver si así los responsables de la Sociedad de Vivienda y Suelo (SVS) de Santander se ponían en contacto con ella para reclamar el pago y poder aprovechar la ocasión para exigirles la misma diligencia a la hora de solucionar de una vez por todas las deficiencias en la vivienda de protección oficial en la que vivía junto a su pareja. 

Vivía, en pasado, porque esta vecina de Santander acaba de renunciar a la VPO en la residía desde hace tres años en el barrio de La Albericia, en régimen de alquiler con opción a compra. ¿El motivo? "La nefasta experiencia por los fallos de construcción y el trato vergonzoso de los responsables de la sociedad municipal, que actúa como promotora".

Tal y como viene contando eldiario.es, el caso de Laura no es un hecho aislado, sino que un grupo numeroso de inquilinos de las viviendas promovidas por el Ayuntamiento, hartos de los desperfectos y de la falta de respuesta, se han agrupado en una plataforma para defender sus derechos, además de haber demandado a la SVS ante los tribunales.

A pesar de que Laura ya no vive en la VPO, contactó con la plataforma para contar su experiencia. Según recuerda, en 2013 recibió la "buena noticia" de que le había tocado un piso de protección oficial, y encima "el premio gordo": un ático, por el que pagaría de renta casi 600 euros mensuales -con comunidad- con la opción de descontarse el 80% de esos pagos si ejecutaba antes de diez años la opción de compra.  

Cuando en el mes de julio entraron a vivir se percataron de "unos cuantos desperfectos", como un fallo en un cristal, un azulejo roto de la cocina o la vitrocerámica, que traía dos fuegos en lugar de los tres que recogía el contrato para un piso de tres habitaciones.

"En este momento fue cuando empezaron a reírse de nosotros a la cara", afirma Laura, cuya andadura en la vivienda ya no había comenzado con buen pie, ya que los diez primeros días estuvieron sin ascensor y con el suministro de gas cortado porque había una fuga en los contadores.     

Otro de los problemas, continúa contando, es que "cuando cualquier vecino tiraba de la cisterna, me desifonaba todo el baño y me salía un olor súper 'agradable' por toda la casa". "Nunca me lo arreglaron; me decían que era imposible y que todo estaba bien hecho", critica ahora.

Humedades, un mal común

"El primer invierno en ese piso nos salió una humedad debajo de la puerta de la terraza; ha sido lo único que han arreglado en condiciones o, mejor dicho, que han arreglado", asevera esta inquilina. 

Ese mismo invierno a la vecina de abajo "le salió humedad debido a una filtración en la terraza, y a pesar de que pasaran días haciendo un sol de justicia, andabas por ella y el agua salía hacia arriba. Después de cinco meses se dignaron a venir y lo arreglaron con un poco de sicaflex de forma bastante chapucera".

Otra "buena broma" fue cuando hace unos nueve o diez meses "me vinieron a arreglar otra humedad que me salió en mi habitación, ya con moho y toda la pared calada y marrón. Aparecieron cinco o seis, entre ellos, el dueño de Copsesa -la constructora-. Con toda su cara me dijeron que era condensación por no ventilar la casa, hasta que después de un buen rato discutiendo uno de los ingenieros hizo una medición y me dio la razón".

Para arreglarlo, señala, hicieron una canaleta que desviaba el agua hacia otro lado: "Te puedes imaginar cómo está la siguiente habitación a la mía... Es el cuarto de las antenas", apostilla.  

Entre los argumentos de SVS para no actuar, asegura que le dijeron, por ejemplo, que el cristal roto que ella denunciaba era pintura y, al igual que la bañera que se le movía, era porque "según ellos no sabía limpiar".  "Al final, después de dos años, me dijeron que me lo cambiarían, y a día de hoy ahí sigue", remacha.  

"Me importa una mierda"

Laura cuenta que una de las cosas que más le sorprendió fue el recibo del IBI: "Casi 600 euros por un piso de 77 metros cuadrados... ¡Ni que fuera una mansión en mitad de El Sardinero!", exclama.

Relata que les dejó a propósito una cantidad que no llegaba a 200 euros a deber, "para ver si tenían la decencia de llamar preguntando qué ha pasado; pues lo único que tuve que aguantar fueron amenazas, gritos y otras tonterías. Les dije que esa llamada la estaba esperando hace un año para ver si de una vez arreglaban las cosas, que pagando casi 600 euros al mes entre alquiler y comunidad es lo que debieran hacer. Me respondieron, con palabras textuales: 'Mientras paguéis, me importa una mierda lo que pase en el piso'".

Inundación en el garaje

Los fallos en la construcción también afectaron a las zonas comunes. A los cinco meses hubo una inundación en el garaje al soltarse el codo de una de las tuberías de extinción de incendios, provocando "unas cataratas como las del Niágara", lo que fastidió parte de los enseres y la electricidad de los trasteros que se ubican en la planta -2. 

Después de dos años largos, la Justicia ha sentenciado que ha sido culpa de la comunidad de propietarios por falta de mantenimiento. En cualquier caso, apunta Laura, "SVS a efectos legales es la propietaria -la promoción es en alquiler-, pero nunca hacen nada y somos nosotros -los arrendatarios- los que hacemos de propietarios. Total, que pagamos nosotros", se queja.

Luego -prosigue- las "benditas placas solares, que no funcionan en ningún sitio, pero pagamos el mantenimiento". "Humedades, grietas, el ladrillo cara vista se está despegando... Están esperando a que te conviertas en propietario para así quitarse ellos -SVS- el problema de encima y no tener que pagar nada", insiste. "Esta es mi experiencia en un VPO, a día de hoy ni loca volvería", concluye.

Laura Fernández, antigua inquilina de una VPO en Santander. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE

Laura Fernández abandonó la VPO en la que vivía cansada de los desperfectos. | JOAQUÍN GÓMEZ SASTRE

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