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Cuidado con los dragones

Lo que ahora debería preocupar a las instituciones políticas españolas (descarto al PP, desgraciadamente) es buscar la manera de reconstruir espacios y proyectos para el diálogo y el acuerdo.

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EFE

La recientemente finalizada séptima temporada de Juego de Tronos ha resultado pródiga en escenas espectaculares, pero bastante más pobre en lo que se refiere a solidez argumental y trabazón narrativa. Se nota que desde hace tiempo los guiones de la serie van muy por delante del relato novelado de George R. Martin, que hacía de esta mucho más que una peli de batallas, magia y dragones. Así y todo, no han faltado momentos de cierta solidez.

Uno de ellos recoge un diálogo entre Daenerys, aspirante a ocupar el Trono de Hierro, y su consejero, Tyrion. Daenerys dispone de un arma de guerra aparentemente definitiva, con la que desencadenar un ataque que la permita conquistar Desembarco del Rey, sede del Trono: sus tres aterradores dragones. Cansada de batallar, Daenerys se muestra dispuesta a utilizarlos, pero Tyrion (con el apoyo de Jon Nieve) no se lo recomienda: usar a los dragones la permitiría lograr una victoria fulminante, sí, pero al precio de arrasar la ciudad y aniquilar a todos sus habitantes. Ganaría la guerra, pero perdería la simpatía de sus futuros súbditos, que verían como una reina tiránica sería, simplemente, sustituida por otra.

El 1 de octubre votarán, seguro, muchas catalanas y catalanes. Pese a todo. Lo harán dónde y cómo puedan: en locales municipales, en centros cívicos, en cajas de cartón, imprimiendo sus papeletas en casa… Votarán porque desean hacerlo y porque creen, la mayoría sinceramente, que sin ese acto no se puede hablar de democracia real ni en Cataluña ni en España. Pero será una votación que, por su fondo y por su forma, carecerá de cualquier valor legal: esto es algo más que evidente. Como consecuencia de la acción del Estado, pero también por la cuestionable estrategia del soberanismo, la votación del 1 de octubre es ya un imposible jurídico. Otra cosa es el valor político que el soberanismo quiera darle.

Votarán porque desean hacerlo y porque creen, la mayoría sinceramente, que sin ese acto no se puede hablar de democracia real ni en Cataluña ni en España

El Estado ya ha hecho todo lo necesario para invalidar legalmente la convocatoria del referéndum: sin presupuesto para urnas, sin censo, sin locales habilitados, sin garantías jurídicas, finalmente el referéndum del 1 de octubre se va a ver reducido a la modesta dimensión de “movilización política”. Supongo que el Gobierno español también habrá hecho lo necesario para que el acto carezca de cualquier respaldo internacional significativo. Pues ya está. Lo que ahora debería preocupar a las instituciones políticas españolas (descarto al PP, desgraciadamente) es buscar la manera de reconstruir espacios y proyectos para el diálogo y el acuerdo. Nada más, ni nada menos.

¿Qué en Fígols i Alinyà (254 habitantes) se vota en los locales municipales? Pues vale. ¿Pero citar como investigadas a las regidoras y regidores que se han mostrado dispuestas a colaborar con el referéndum? ¿Ordenar su detención por los Mossos d’Esquadra en el caso de que no comparezcan? Guarda tus dragones, Rajoy. Con mi apoyo no cuentes.

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