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Pedro Sánchez, readmisión por despido improcedente

La victoria de Pedro Sánchez responde más a un voto oculto entre los avalistas de Susana Díaz que a un voto estratégico del entorno de Patxi López.

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Todas las encuestas fiables mostraban de forma inequívoca que los simpatizantes y  votantes socialistas preferían a Pedro Sánchez. Sin embargo, hasta la presentación de los avales, existía la firme convicción de que Susana Díaz era la gran favorita a ocupar la secretaría general del PSOE. Tras esta inconsistencia entre las preferencias y las expectativas de los votantes socialistas se encontraba el poder del 'aparato'. Se consideraba que el férreo control orgánico de Susana Díaz y las fervientes adhesiones de la práctica totalidad de los cuadros dirigentes, presentes y pasados, podrían llevar a la presidenta andaluza a ganar las primarias a pesar del sentir mayoritario de los simpatizantes socialistas.

La realidad ha resultado ser bien distinta. De hecho, la realidad  empezó a cambiar el día que los candidatos pusieron los avales encima la mesa. Susana Díaz buscaba una victoria incontestable en avales para generar un golpe de efecto que arrollara a sus contrincantes y sentenciara la competición. Cuando la realidad no dio la fotografía deseada, su estrategia empezó a hacer aguas. Desde ese momento, la campaña de Susana Díaz se encontraba desorientada, a la deriva, enquistada en un lema (“Susana gana elecciones”) que no sólo no se ajustaba a ninguna encuesta demoscópica seria, sino que tampoco podía justificarse tras frustrar las expectativas que habían generado con su deseado golpe de efecto en la fase de los avales.

En cambio, la campaña de Pedro Sánchez siguió la senda opuesta. Basada en líneas estrategicas simples y claras, la campaña de Pedro Sánchez entró en perfecta sintonía con los acontecimientos. Su discurso de corte populista gozaba de gran verisimilitud: las circunstancias que rodearon su forzada dimisión así como el hecho de que gran mayoría de los cuadros dirigentes y líderes históricos cerraran filas en torno a la candidatura de Susana Díaz eran el mejor aval para fometar ese relato populista de que Pedro Sánchez era el candidato de las bases que se enfrentaba a las élites del aparato.

¿A qué se debe esta victoria de Pedro Sánchez? Muchos politólogos y analistas políticos intuíamos que, si Sánchez conseguía revertir las cifras de los avales y superaba en votos a Susana Díaz, lo haría esencialmente por dos factores: (1) por la existencia de un voto oculto en los avales de Susana Díaz; (2) por la activación a última hora de un voto estratégico entre las filas de Patxi López, que, ante la constatación de que sólo había dos opciones viables acabarían optando mayoritariamente por su segunda preferencia, Pedro Sánchez.

Finalmente, ¿la victoria es fruto de un voto oculto o de un voto estratégico? No disponemos de datos de encuesta postelectorales, por lo que sólo podemos especular por medio de datos agregados. Una forma de "urgencia" de hacerlo es comparar el porcentaje de avales con el porcentaje de votos alcanzados. En el gráfico 1 muestro este ejercicio tanto para las primarias de 2014 como las de anoche. Los datos del gráfico parecen indicar lo siguiente:

Poder aparato

En primer lugar, existe un claro “efecto aparato” en la fase de los avales. Tanto en las primarias 2014 como en las de ayer, el candidato respaldado por las élites del partido, acabó teniendo un porcentaje menor de votos que de avales. Los datos indican, pues, que los candidatos oficialistas tienen más facilidad de conseguir avales que los candidatos más “outsiders”. Es por ese motivo que muchos interpretaron la victoria por la mínima de Susana Díaz en avales como un signo de que el preferido era, en realidad, Pedro Sánchez. Los datos demuestran que el aparato controla la fase de los avales y puede usarlo para condicionar la campaña electoral con la falsa sensación de que el candidato oficialista es el favorito por las bases. El PSOE haría bien en replantearse este método de recogida de avales pues conduce a una competición tan absurda como sesgada a favor del candidato del aparato.

En segundo lugar, Patxi López ha conseguido prácticamente el mismo porcentaje de votos que de avales. La diferencia es de apenas un punto porcentual. Por lo tanto, la capacidad de atracción que demostró Patxi López en la fase de los avales fue una predicción casi perfecta del resultado que ha acabado obteniendo en las primarias. En cambio, los avales subestimaron en nada menos que siete puntos el atractivo electoral de Pedro Sánchez y sobreestimaron en un porcentaje similar el voto a Susana Díaz.

Así pues, los datos parecen ser compatibles con la interpretación de que la victoria de Pedro Sánchez no se ha debido tanto al voto estratégico del entorno de Patxi López como a un voto oculto entre las filas de Susana Díaz. Debemos tener cautela de no sobreinterpretar los datos agregados. No obstante, mi impresión es que la polarización de la campaña electoral no ha activado el voto estrategico de forma masiva: no se ha producido esa fuga de votos de Patxi López que muchos considerábamos probable. La campaña electoral parece que sobretodo ha conseguido movilizar a la militancia, pero no sin alterar de forma sustancial sus preferencias previas. Puede que la diferencia entre avales y resultados se deba más a un mero efecto de voto oculto entre los avalistas de Susana Díaz que a una fuga masiva de votos de Patxi López hacia Pedro Sanchez

Hasta anoche no teníamos datos sobre cuál era el sentir de la militancia. Pero las preferencias de los simpatizantes socialistas en la pugna Susana Díaz vs Pedro Sánchez eran claras. De hecho, antes de que forzaran su dimisión, las encuestas mostraban que las valoraciones de Pedro Sánchez estaban en ascenso. Como argumentaba en este artículo  hace unos meses, el PSOE estaba en crisis, pero no la popularidad de su líder. Los responsables de la dimisión del secretario general el pasado octubre fueron los miembros del comité federal y no los simpatizantes socialistas. Es por este motivo que la contundente mayoría absoluta en votos de la militancia alcanzada anoche puede ser interpretada como una readmisión por despido improcendente.

En definitiva, los militantes finalmente eligieron al candidato que los votantes del partido deseaban. El reto inmediato de Sánchez no es, pues, ganarse la simpatía de los votantes, sino demostrar que es capaz de acabar con la guerra civil que sufre el partido. Una tarea tan crucial para el exito electoral del PSOE como difícil de alcanzar con Pedro Sánchez al frente de la secretaría general.

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