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¿Puede el sistema de partidos saltar por los aires?

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Hace unos días, Lluis Orriols publicaba un post en Piedras de Papel mostrando su escepticismo sobre el fin del bipartidismo de PP y PSOE. Además de las barreras que el sistema electoral impone a la emergencia de partidos minoritarios, su argumento es que IU y UPyD están siendo incapaces de capitalizar el descontento con los dos partidos mayoritarios y la desafección con el sistema político. Aunque pienso que parte de sus conclusiones son correctas, sí creo pertinente matizar algunos de sus argumentos que, desde mi punto de vista, subestiman el potencial crecimiento de los partidos no mayoritarios.

En primer lugar, Lluís afirma que en el último barómetro del CIS de enero de 2013 los líderes de Izquierda Unida y de UPyD no consiguen el aprobado de los ciudadanos. Esto le hace concluir que estos partidos son vistos también como parte del establishment político. En cambio, no creo que sea irrelevante que, aunque tanto Cayo Lara como Rosa Díez son suspendidos, sus valoraciones son, en términos relativos, mejores que las de los líderes de los dos grandes partidos. Esto es particularmente apreciable en el caso de Rosa Díez, que es la política mejor valorada. Por otro lado, para sacar conclusiones más fiables sobre los datos de valoración de un partido, es preferible mirar la nota solo en el segmento de votantes que le puede votar. Dicho de otra manera, la nota media de Cayo Lara puede ser un suspenso porque los ciudadanos más a la derecha le otorguen sistemáticamente valoraciones muy bajas al líder de IU, sea quien sea.

Así, si observamos el electorado potencial de Izquierda Unida -definido aquí como aquellos que se sitúan entre el 1 y el 3 en una escala ideológica de 10-, Cayo Lara sí aprueba en valoración (5,3). No solo eso, sino que un 47,28% de los ciudadanos de izquierdas le valoran en un 6 o más, lo cual es un porcentaje bastante alto para este tipo de pregunta. Algo parecido ocurre con Rosa Diez, que es la dirigente política mejor valorada. Su suspenso se debe sobre todo a las bajas valoraciones que le otorgan los ciudadanos más a la izquierda. Si restringimos nuestro análisis a los ciudadanos entre el 4 y el 6 de la escala ideológica, más de un 35% la puntúan por encima o igual a 6.

Lo relevante de todo esto es que, dentro de sus electorados potenciales, Cayo Lara y Rosa Díez tienen valoraciones notablemente mejores que Rajoy y Rubalcaba en sus propios electorados potenciales. Rubalcaba no llega al cuatro en el centro izquierda (medido como del 3 al 5 en la escala del CIS) y Rajoy suspende estrepitosamente tanto en el centro-derecha como en la derecha.

Un segundo argumento que Lluís pone sobre la mesa es que los jóvenes y los votantes más a la izquierda no están liderando el ascenso de partidos minoritarios, cuando sí lo han hecho en el caso de partidos como Syriza o el Movimiento 5 Estrellas. No le falta razón en esto. La intención de voto a UPyD es bastante baja en los menores de 25 años y la de Izquierda Unida no difiere por edades (salvo en que decae a partir de los 55 años). En cambio, para observar el impacto del descontento con PP y PSOE en el voto, creo preferible no mirar por segmentos de edad o ideológicos, sino directamente a aquellos que se muestran desafectos, como, por ejemplo, los ciudadanos que citan a la clase política como el principal problema del país.

Así, en el pasado barómetro de enero, PP y PSOE obtienen una intención de voto directa casi tres veces mayor que la de Izquierda Unida y unas cuatro veces y media mayor que la de UPyD. Si seleccionamos a los individuos que citan a la clase política como mayor problema de este país, UPyD es el partido que mayor intención directa de voto obtiene (19.33% de aquellos que votarían a un partido), sobrepasando al PP y al PSOE. Izquierda Unida, además, recibe prácticamente la misma intención de voto que el PSOE entre los desafectos con la clase política . Esta tendencia, claramente amenazadora del bipartidismo, podría ir a más. Ayer mismo se publicaron los resultados del barómetro de marzo del CIS, donde la corrupción, que todo el mundo relaciona con la política, se mantiene en el segundo puesto y ampliando su ventaja sobre el tercer problema.

Existe un tercer elemento de análisis que Lluís no considera en su post. En España, dada la relevancia que tiene una segunda dimensión de competición como la territorial, la desafección puede ser capitalizada por partidos de ámbito no estatal. Es decir, el descontento con el sistema político, el bipartidismo o el funcionamiento de la política se puede traducir con más facilidad en un descontento con “España”. Por tanto, cabe pensar que, en muchas CCAA, IU y UPyD no son por sí mismos los candidatos naturales a beneficiarse electoralmente de esta situación. De hecho, esto viene siendo el caso con el ascenso (en ocasiones, en coalición con Izquierda Unida) de fuerzas electorales en lugares como Galicia, Comunidad Valenciana y otras CCAA. Estos partidos o coaliciones de ámbito no estatal tomados individualmente no amenazan la posición predominante de PP o PSOE, pero, en su conjunto, son un fuerte aldabonazo al bipartidismo.

¿Quiere esto decir que el bipartidismo se muere en España? No creo que se pueda hacer una afirmación rotunda en un sentido u otro. Lo que sí me parecía oportuno mencionar es que, si bien los partidos minoritarios no terminan de despegar en las encuestas, hay claros signos de que pueden capitalizar el altísimo descontento con el establishment político en España. Obviamente el sistema electoral funciona como una barrera muy fuerte a que esto ocurra. Pero esto puede llegar a ser un arma de doble filo. El sorpasso en las circunscripciones pequeñas es aún lejano y altamente improbable, pero, si eventualmente ocurriera, se volvería fuertemente en contra del partido mayoritario sobrepasado. La intención de voto de los partidos pequeños esta fuertemente condicionada por las expectativas de que no consiguen representación en la mayoría de circunscripciones. Si, de repente, se produjera ese cambio, el impacto en su intención de voto sería imprevisible.

Tampoco me parece convincente argüir, como frecuentemente oímos, que si “con la que ha caído” partidos como IU o UPyD están aún en expectativas de voto por debajo del 15%, esto significa que el bipartidismo no está en peligro. Estos procesos raramente son lineales y se larvan durante largo tiempo para después desencadenarse súbitamente. Por ello, son difíciles de prever con antelación. La ruptura del sistema de partidos es uno de estos fenómenos que solo somos capaces de anunciar cuando ya han ocurrido. Si en el año 1990 le hubiésemos mostrado a un italiano el sistema de partidos cuatro años después, este no habría dado crédito. Por eso, probablemente el bipartidismo no muera, pero ¿y si ocurre?

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