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Critica y vencerás: la batalla cibernética femenina

El vituperio es un sutil mecanismo de poder que aúna comunidades virtuales y destruye la imagen social de las mujeres

La socialización de género atraviesa las relaciones construidas en las redes sociales que funcionan siguiendo códigos, normas y una ética

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Asistentes a la cita de moda vinculada a la revista 'Vogue', en una imagen de archivo

Asistentes a la cita de moda vinculada a la revista 'Vogue', en una imagen de archivo

Hace poco más de una semana, la revista Vogue online cerró su foro dejando sin amparo cibernético a una red de casi 150.000 usuarias registradas a lo largo de más de 10 años. La página se eliminó por la noche y sin previo aviso. Los teléfonos de las usuarias sonaron a la mañana siguiente: ForoVogue y toda la historia que sus participantes habían construido, ya no existían.

Solo unas pocas horas antes, la 'influencer' LovelyPepa denunciaba a ForoVogue a través de su canal de Youtube por los insultos y calumnias que algunas usuarias habían vertido sobre ella durante años. Pero ni ella misma imaginaba la magnitud de su poder de influencia. La actual directora de Vogue, Eugenia de la Torriente, llamó a la 'influencer' para disculparse y para proteger algo muy valioso que estaba en juego: la reputación de LovelyPepa y la de la propia revista.

La dirección de Vogue olvidó, sin embargo, amparar a las usuarias de su foro –las que no participaban en las conversaciones ofensivas sobre mujeres famosas, que eran la mayoría–. Se tomó la parte por el todo y en vez de invertir esfuerzos en controlar la actividad del foro, se decidió cortar por lo sano. Como resultado, la reputación del foro estalló en Twitter con el 'hashtag' #AdiosForoVogue, y se condenó a sus usuarias de forma generalizada por chismosas y criticonas.

El ejercicio de sororidad que Vogue alegaba para justificar su decisión de cerrar el foro implicaba solo a la 'influencer'. Poco tenía que ver con las usuarias que han quedado desprovistas del poder emancipador que tenía su participación en esa comunidad. La revista ha castigado a las mujeres que viven aisladas en zonas rurales y que habían creado comunidades con otras usuarias a kilómetros de distancia; a las que hablaban civilizadamente de política, de feminismo, de maternidad, de ginecología; a las que compartían los productos nuevos que llegaban al supermercado; a las que crearon guías colaborativas de viaje, que incluían actividades y lugares económicos en los que hospedarse, y a las moderadoras que durante años y años han gestionado voluntariamente ese macroespacio virtual que tantas visitas proporcionaba a la revista online. En este juego de prestigio, se ha derribado al rival más débil y el sistema ha ganado de nuevo.

El divide y vencerás que la cultura inculca a las mujeres ha alcanzado la gloria. Mientras nos señalamos unas a otras, nadie mira el engranaje. Criticamos y castigamos a las demás desde nuestra posición dependiente del poder, al mismo tiempo que descalificamos a las que critican por su conducta infiel y deshonesta. Y mientras tanto, la socialización de género queda intacta.

Lo hemos visto, a través de la crítica se forjan alianzas y enemistades, se construyen grupos de presión, se incluye a unas en una comunidad al mismo tiempo que se deja fuera a otras. Ni siquiera las 'influencers', que padecen y denuncian el escarnio público se libran de practicar esa dinámica de socialización. Ejemplo de ello fue el programa 'Quiero ser', que emitieron Tele5 y Divinity hace dos años en el que las 'influencers' Dulceida, Madame de Rosa y Cristo Báñez formaban a otras futuras gurús del mundo de la moda. A través de las pruebas, se incentivaban las afrentas y la competitividad feroz entre compañeras.

Pero no se trata de criticar de nuevo. Al contrario, se trata de mirar hacia el lugar donde el corporativismo masculino se cubre de gloria, orgulloso y con la cabeza alta. Desde allí, la crítica y el chismorreo se menosprecian también, como tantas otras actividades vinculadas tradicionalmente a la feminidad. Se ridiculizan y se repudian como comportamientos de bajeza moral que comparten las mujeres. Pero, al mismo tiempo, se temen.

Recordamos a todas esas compañeras huérfanas de un foro para debatir tras el cierre del de  ForoVogue que os adoptamos encantadas en el foro de Pikara, un espacio tranquilo, seguro y libre de (machi)trols.

Para leer más y debatir mejor:

"Remedios Zafra, un olivo flotante con raíces" Entrevista a la referente del ciberfeminismo sobre su último ensayo ‘El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital’.

—“ Quiero replicar la angustia que una siente cuando se compara con el estereotipo” La artista visual Yolanda Domínguez critica la presión sobre los cuerpos femeninos que ejerce la industria de la moda.         

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