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La agonía de Angela Merkel asusta a Europa

Gustara o no su política, la canciller era hasta ahora un referente de seguridad política para todo el continente

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Un estudio alemán plasma la erosión de los grandes partidos a favor de la ultraderecha

Un estudio alemán plasma la erosión de los grandes partidos a favor de la ultraderecha EFE

Mientras aquí seguimos obsesionados, y con motivo, por la crisis catalana, en Europa acaba de ocurrir algo que puede determinar el futuro de la UE: Angela Merkel no ha conseguido formar un gobierno, Alemania ha entrado en una situación de inestabilidad política a la que no se ve una fácil salida y dirigentes europeos de todos colores temen que eso provoque efectos muy negativos, incluso insuperables, en el conjunto de la Unión. Porque gustara o no su política Angela Merkel era hasta ahora un referente de seguridad política para todo el continente, el muro contra el que al final chocaban todas las crisis. Y este lunes, por primera vez en su carrera, la canciller ha fallado. Y probablemente ha iniciado su declive.

Diciéndolo más o menos claramente, todos los analistas concluyen que ha sido justamente ella la responsable del fracaso de las negociaciones entre el centro-derecha (su partido, el CSU, y sus aliados democristianos de la CSU bávara) el partido liberal FPD y los verdes para formar un gobierno de coalición a partir de los resultados de las elecciones del pasado septiembre. Y no por haber tomado iniciativas que hayan roto las negociaciones, sino porque ha sido incapaz de cohonestar intereses tan distintos como los que representan esos tres partidos. Y eso para los alemanes, y para muchos dirigentes europeos, es lo peor. Porque indica que la señora Merkel ha perdido el mejor de sus atributos políticos: su mitificado talento para el compromiso.

Las políticas sobre la emigración y los refugiados, así como las medioambientales han sido los principales caballos de batalla de las negociaciones. Y no ha habido acuerdo sobre ellas. Al final ha sido el FPD el que ha roto las conversaciones viendo la imposibilidad de que sus posiciones a ese respecto fueran aceptadas. Pero no pocos ven otro motivo detrás de ese: los liberales siguen recordando que su participación en el gobierno de coalición con el CDU/CSU de 2009 a 2013 les costó el 60% de sus votos y les dejó fuera del parlamento. En las elecciones de septiembre se han recuperado tras 4 años de travesía del desierto. Pero debían tener muy claro que sólo si arrasaban en la negociación se habrían avenido a repetir la experiencia.

Ahora hay tres escenarios posibles: 1) que se intente otra coalición, esta vez con los socialdemócratas. Parece imposible porque el SPD ya dijo hace dos meses que no quería ni hablar de eso y ahora, con una canciller más débil, que podría caer aún más en una nueva convocatoria electoral (el CDU perdió 65 escaños en septiembre), todo indica que lo dirá aún con más fuera si lo preguntan. Y, además también el SPD está escamado por las nefastas consecuencias que para ese partido ha tenido la coalición con el centro-derecha. Porque le ha hecho caer hasta el 20 % de los votos. Está claro que trabajar con Angela Merkel no es precisamente una garantía de éxito.

2) La formación de un gobierno de minoría (CDU/CSU y los verdes) que fuera tirando como pudiera en el parlamento. Esa solución se ha aplicado alguna vez, pero siempre cuando el ambiente en el resto de la cámara no era de animadversión hacia el gobierno. Y ahora la situación es muy distinta: la Alemania política respira aires de cambio y nadie va a hacer favores en esas condiciones. El que menos, el ultraderechista partido AFD (12,6 % de los votos) que no oculta que quiere la cabeza de Merkel y que este lunes ya se ha cobrado una parte de ella.

3) La convocatoria de nuevas elecciones en los primeros meses de 2018. Es la hipótesis más plausible para la mayoría de los analistas. Y aunque los sondeos de urgencia concluyen que hoy por hoy el balance electoral es muy similar al de hace dos meses, sólo con una ligera caída del CDU y un ligero ascenso de la ultraderecha, es lógico suponer que tanto este partido, como los liberales y los socialdemócratas aspiran a mejorar posiciones… a costa del centro-derecha.

La pregunta que queda, y que seguramente seguirá en el aire durante bastantes semanas, es la de si la señora Merkel será de nuevo la cabeza electoral de su formación. Y cabe abrigar serias dudas de ello. Porque a menos que haga un movimiento imprevisible que lo desmienta, la canciller ha dejado de ser el talismán electoral que ha sido durante más de una década y porque ya se la percibe claramente como un político en declive.

Aún no ha tirado la toalla, podía haber presentado su dimisión tras el fracaso de las negociaciones, pero ha querido seguir al frente del gobierno “únicamente para gestionar los asuntos corrientes”. Eso es lo que mandan las leyes alemanas para estas circunstancias. Pero ese término ha sido recibido con consternación por todos los políticos europeos si excepción. Porque eso significa que durante un periodo de al menos 6 meses Alemania estará paralizada políticamente en todo lo que a Europa se refiere. Y eso es muy inquietante. La UE se encuentra en un momento crucial y necesitaba más que nunca que el gobierno de Berlín estuviera en plena forma. En efecto, Alemania no es sólo la primera economía de la Unión, sino que también es el polo de la estabilidad política del continente, el referente y motor principal de cualquier iniciativa de calado que se pueda abordar desde Bruselas.

El asunto que más acucia es el Brexit. Las negociaciones de verdad deberían empezar a mediados de diciembre. Y sin una Angela Merkel en plenitud de facultades, Alemania no va a poder dirigir para entonces la respuesta europea medianamente articulada a las exigencias de Londres. Un nuevo retraso de puede estar perfilando en el horizonte, pero eso solo puede traer consecuencias negativas.

La otra víctima probable de la crisis política alemana es el proyecto de restablecer el eje franco-alemán en el que muchos, y particularmente el presidente francés Emmanuel Macron, confiaban como palanca de la recuperación política y económica de Europa. Sin la canciller tal eje no es factible y sin un nuevo empuje la UE se ve abocada a seguir padeciendo sin paliativos sus problemas más serios: el auge de la ultraderecha en la Europa central -del que es también muestra el ascenso de la AFD alemana, una de las causas principales de los problemas de la señora Merkel-, el capítulo de los refugiados, que si la canciller cae habrán perdido a su principal valedor, y las inquietudes financieras, particularmente graves en el caso de los bancos italianos.

Por si faltaba algo, dentro de unos meses empezará la precampaña para las elecciones europeas y desde entonces los dirigentes de Bruselas estarán dedicados sobre todo a prepararlas.

El panorama no es precisamente tranquilizador. Tras 10 años de crisis sucesivas -la del euro, la de las deudas soberanas de varios países y la de los refugiados- Europa puede entrar en un nuevo periodo en el que se replantee todo. Incluso su futuro.

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