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¿Puede Eurovegas acabar como Port Aventura?

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El anuncio del magnate norteamericano del juego Sheldon Adelson de instalar su versión europea de Las Vegas en España ha provocado un encendido debate. La mayoría de los partidarios se sitúan en la derecha económica y defienden que una inversión de 6.000 millones de dólares, que acabará creando cerca de 30.000 puestos de trabajo, justifica sobradamente ceder a las pretensiones de Adelson de que la ley no se aplique en su complejo: nada de ley antitabaco, exenciones de impuestos y bonificaciones de la Seguridad Social por la contratación de trabajadores.

Pero el proyecto de Adelson también tiene muchos detractores. Entre la izquierda, por el hecho de que se ceda a sus pretensiones de recibir un trato especial, de constituir lo que ya han denominado un paraíso fiscal en territorio español. Los que, desde los mismos sectores, se muestran indignados por el hecho de que las administraciones sean cómplices de un proyecto que fomenta patologías como la ludopatía y atrae a organizaciones criminales dedicadas a explotar la prostitución. Pero también hay empresarios indignados que han seguido invirtiendo a pesar de la crisis y han aguantado el tipo a pesar de todas las dificultades cumpliendo la más estricta legalidad y pagando todo lo que el Fisco les exige. Sea Madrid o Barcelona la elegida para albergar Eurovegas, lo que ahora planea sobre el proyecto son las dudas sobre la capacidad financiera de Sheldon Adelson para llevarlo a cabo. 

El director general de Las Vegas Sands, Mike Leven, acompañado de accionistas la compañía, visitó Barcelona el lunes antes de desplazarse a Madrid. Durante la estancia, visitaron los terrenos cercanos a Barcelona, para comprobar que no hay ningún problema para construir rascacielos de 35 pisos, y el puerto de Barcelona, uno de los principales activos de la capital catalana ya que en él embarcan más de dos millones de pasajeros de crucero. También se entrevistaron con el presidente catalán Artur Mas.

Leven reconoce las dificultades que están teniendo para obtener la financiación de 2.000 millones de dólares que requiere la primera fase del proyecto, y que esta podría verse aplazada a que pase la crisis del euro. También admite en privado que el proyecto no es definitivo y que puede verse reducido si no obtienen la financiación necesaria. ¿Y si logran el trato de favor exigido y luego se ven obligados a reducir el proyecto a menos de la mitad?

Tras la visita, Mike Leven asegura que todavía no hay favorito entre Barcelona y Madrid y niega estar provocando una subasta entre las dos candidaturas. En grandes cifras, la inversión de la compañía alcanzaría los 6.000 millones de dólares y el objetivo de la empresa es obtener un 20% de beneficios sobre la inversión. Un tercio de los recursos los aportaría la empresa como capital y el resto sería financiación bancaria, en dos fases de 2.000 millones cada una. La construcción emplearía a 15.000 personas y luego, una vez en marcha, el complejo emplearía a otros 15.000 trabajadores. A pesar de las declaraciones públicas, sin embargo, todo parece indicar que el magnate del juego prefiere Barcelona para, entre otras cosas, complacer a su esposa, más partidaria de la capital catalana.

No sería la primera vez que un macroproyecto como el de Adelson acaba instalándose en Cataluña de la mano de un Gobierno de CiU. Ya ocurrió lo mismo a finales de los años 80 y principios de los 90 con lo que hoy es Port Aventura.

La Generalitat de Jordi Pujol, a través del sinuoso Lluís Prenafeta, recurrió a los servicios del fallecido diplomático Manuel Prado y Colón de Carvajal, entonces conocido por haber incorporado la corona real al logotipo de Iberia durante su breve presidencia de la compañía, y por ser uno de los mejores amigos del rey. Prado se comprometió a llevar Eurodisney a Tarragona, pero finalmente, Mike Eisner, consejero delegado de Disney, decidió emplazarla en la que había concebido desde el principio como su mejor ubicación: París.

Prado recurrió entonces a la multinacional Anheuser-Busch, propietaria de la marca de cerveza Budweiser y de las franquicias de los parques temáticos Cypress Gardens. Anheuser-Busch se comprometió a reemplazar a Disney en Tarragona y se preparó para instalar un parque y un macrocomplejo turístico en el entonces municipio de Vila-seca i Salou. El complejo se convirtió en la bandera de la gestión económica de Pujol, en competencia directa con el entonces alcalde de Barcelona, Pasqual Maragall, que había conseguido los Juegos Olímpicos de 1992.

Pero la empresa norteamericana dio la espantada cuando el alcalde convergente de Vila-seca i Salou, Joan Maria Pujals, decidió segregar la ciudad en dos municipios. Pujol recurrió entonces al hombre de moda, el financiero Javier de la Rosa que, asociado con Prado y el propio Prenafeta, acabó por hundir del todo el proyecto.

Tuvo que ser, como casi siempre, La Caixa, quien salvara el proyecto. Junto a la multinacional Universal, construyó el parque. Del complejo turístico tal y como estaba concebido, nunca más se supo. De la Rosa, Prado y Prenafeta acabaron todos en prisión. Así que, vistos los precedentes, parece legítimo preguntarse si Eurovegas, tras beneficiarse del trato de favor que exige Adelson de las administraciones, no acabará como Port Aventura.

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Publicado en el blog de Fèlix Martínez.

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