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La maniobra Mariano

Mientras los demás se queman en sus propias palabras, Rajoy se preserva en su silencio. Y esto acaba de empezar

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El candidato Rajoy ha ganado las elecciones y reclama su derecho a intentar ser presidente y formar un gobierno estable. Pero paradójicamente toda la presión para que eso suceda y Rajoy sea presidente y pueda constituir un gobierno estable no recae sobre él, sino sobre todos los demás. Al parecer el problema de que Rajoy sea presidente no lo tiene Rajoy, sino que lo tienen Pedro Sánchez, Albert Rivera, Pablo Iglesias e incluso la CUP y Artur Mas.

Rajoy lo ha logrado una vez más. El problema es suyo pero la responsabilidad de arreglarlo cae sobre todos los demás. Es la temible "maniobra Mariano". ¿Cómo lo ha hecho, otra vez? La respuesta se encuentra, como siempre, en el código Mariano. Concretamente en dos de sus máximas más acreditadas: en política el tiempo es lo único verdaderamente importante y la incertidumbre debilita solo a quien no saben convivir con ella.

La primera decisión de Rajoy ha buscado recuperar el control de unos tiempos que había perdido la noche electoral con un resultado muy por debajo de sus expectativas. Para ello sacó partido de la posición de ventaja institucional que le confiere vivir en La Moncloa y repitió la misma jugada que la había salido bien dos veces justo antes de las elecciones: irlos citando en Moncloa, por entregas y por sorpresa.

Rajoy ya no es el candidato que no alcanzó la victoria buscada. Se presenta como el presidente que convoca a los demás en nombre del Estado. Y los demás tragan y le conceden esa ventaja a cambio solo de poder dar una rueda de prensa en Moncloa. Para empezar, las reuniones deberían celebrarse en la sede del PP y, para acabar, debería fijarse una mínima agenda previa. Las reuniones exploratorias son para los noviazgos largos, como los de antes.

La segunda decisión de Rajoy ha consistido en recurrir a un clásico de su código: guardar silencio, dejar que hablen los demás y se vayan poniendo cada vez más nerviosos mientras se lían con sus propias declaraciones.

No deja de resultar llamativo que el único a quien no hemos oído hablar es a aquel que aspira a la presidencia. Es el Partido Popular el único que no ha puesto alguna oferta de programa de gobierno encima de la mesa. Más allá de tener que hacer presidente a Rajoy porque sí y porque es lo responsable, o tener que aceptar porque sí cuanto dice su programa en materia de soberanía, economía o terrorismo, desconocemos cuál es la oferta de Rajoy para que le voten o al menos se abstengan. En cambio de los demás lo sabemos todo, incluso demasiado.

De Albert Rivera sabemos tanto que va a tener que editar un folleto informativo para que podamos seguir la evolución de sus líneas de descuentos y ofertas para gobernar.

Entre los socialistas el problema es, precisamente, que nadie sabe quedarse callado. Pedro Sánchez le pone condiciones a Rajoy, Susana Díaz se las pone a Pedro Sánchez, los barones se las ponen a los dos y de los votantes nadie se acuerda. Por eso se van sin parar desde 2011. Porque nadie se queda en un sitio donde nadie te hace caso.

De Pablo Iglesias sabemos que le gustan las corbatas del rey y que traza una línea roja cada día mientras se pregunta quién manda en el PSOE porque en Podemos está claro que manda él… Bueno, él y la gente, claro, sobre todo la gente.

En la primera semana el único que no ha tenido que rectificarse a sí mismo alguna vez ha sido Mariano Rajoy. Mientras los demás se queman en sus propias palabras, Rajoy se preserva en su silencio. Y esto apenas acaba de empezar.

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