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Mi recuerdo para Pedro Aunión

Ningún compañero debería jugarse la vida en el trabajo. Hacer soñar a los espectadores, hacerles reflexionar y emocionarse nunca debería costarnos la vida

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La Policía Municipal se encarga de la investigación de la muerte del acróbata

Fotografía de archivo, del 03/01/2010, del acróbata Pedro Aunión Monroy. EFE

Que muera un compañero trabajando, que muera un compañero encima de un escenario o a 30 metros de altura mientras hace su trabajo, es una tragedia que siempre arrastra el rumor de lo evitable.

Que muera un compañero joven, lleno de vida, de talento, de creatividad es algo que siempre arrastra el horror de lo injusto, de lo innecesario, de lo insustituible.
Conocí a Pedro Aunión cuando era un alumno en la escuela de Cristina Rota. Recuerdo sus números en la katarsis del Tomatazo, recuerdo su pasión, su talento y su alegría.

Ningún compañero debería jugarse la vida en el trabajo. Hacer soñar a los espectadores, hacerles reflexionar y emocionarse nunca debería costarnos la vida.
Hay mucho que aclarar sobre la muerte de Pedro. Mientras esto ocurre, trabajemos para que ningún compañero o compañera en un teatro, en un rodaje, en un centro cultural, en un megaconcierto, festival, evento o donde sea tenga que trabajar en condiciones de inseguridad o riesgo.

Que ningún compañero o compañera esté en una precaridad tal que tema quejarse por las condiciones de seguridad en el desempleo de su oficio, de su arte.

Mi abrazo y más sentido pésame a los familiares y amigos de Pedro Aunión y mi recuerdo para su arte y talento.

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Este texto ha sido publicado originalmente en la cuenta de Facebook de Juan Diego Botto.

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