Sobre este blog

Amnistía Internacional es un movimiento global de más de 7 millones de socios, socias, activistas y simpatizantes que se toman la lucha contra las injusticias como algo personal. Combatimos los abusos contra los derechos humanos de víctimas con nombre y apellido a través de la investigación y el activismo.

Estamos presentes en casi todos los países del mundo, y somos independientes de todo Gobierno, ideología política, interés económico o credo religioso.

¿Trabajar, estudiar, cantar? Si eres trans, tírate por el balcón

Contramanifestación anti Orgullo Gay en Riga, Letonia, 2008 © Amnistía Internacional

Carlos Sanguino

Responsable del trabajo sobre diversidad afectivo-sexual en Amnistía Internacional España —

Laila es transexual y cuando estaba en el colegio un compañero le solía decir que era rara, que no merecía vivir, que deberían tirarla por el balcón. En una ocasión le pegaron hasta que perdió el conocimiento. Sus padres le dijeron que tal vez era culpa suya, por provocar. La machacaron tanto que intentó suicidarse, aunque felizmente no lo consiguió. No denunció.¿Para qué? La policía no le iba a hacer caso.

Laila es una de esas personas valientes gracias a las que Amnistía Internacional puede documentar las violaciones de derechos humanos que transexuales sufren en su país, Bulgaria.

A nuestra Europa le queda un largo camino por recorrer para combatir la violencia contra este colectivo. El Observatorio sobre Transexualidad (TMM por sus siglas en inglés) cifra en al menos 64 el número de personas transexuales asesinadas en los últimos cuatro años en 11 países europeos. Nuestros gobiernos son responsables de esto. Por no prevenirlo y porque los crímenes en ocasiones no se investigan bien. Aquí no valen las excusas.

Hay personas en Europa y todo el planeta discriminadas y asesinadas por ser transexuales. Desde 2008, han muerto más de 1.000 en todo el mundo. Cifras escalofriantes, pero podría haber muchas más. No hay registros de estos crímenes en todos los países. Así que este número es sólo la punta del iceberg.

¿Cantar en un grupo musical? No, si te llamas Angel y vives en Croacia. Le estamparon una botella en la cabeza por ser trans. Fue a la policía a denunciarlo y le dijeron fue “cuando vas así vestida, estas cosas pasan”. Estas cosas pasan. Claro.

No solo hay asesinatos. En la mayoría de los países europeos las personas transexuales no pueden obtener reconocimiento legal de su género a menos que cumplan ciertos requisitos que incluyen diagnóstico psiquiátrico, esterilización o tratamiento quirúrgico. Esas prácticas son discriminatorias.

¿Trabajar? No tan rápido. Anna es trans y trabajadora sexual en Turquía. Le gustaría dedicarse a otra cosa, pero le miran raro y no le ofrecen nada. Da mala imagen, dicen. En 2011 un supuesto cliente la violó y luego la amenazó por teléfono. “Ahora eres mía: no te dejaré en paz nunca”.

Si eres como Laila, Angel o Anna eres una enferma mental. O eso dice aún hoy la Organización Mundial de la Salud y la Asociación Americana de Psiquiatría, que consideran la transexualidad una enfermedad. En Amnistía Internacional creemos, como muchas otras organizaciones, que esa clasificación estigmatiza y vulnera los derechos humanos de las personas transexuales. Proponemos que se elimine. Y, además, que estas personas tengan acceso a servicios de salud inmediatamente.

Trabajar, estudiar y cantar sin miedo a que te peguen o te maten. Algunos tenemos mucha suerte, ¿no es así?

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Publicado el
27 de noviembre de 2012 - 06:00 h

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