Andalucía suspende en salud mental: solo 3,5 psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes

Andalucía es la que más plazas PIR ofrece junto con Cataluña y Madrid, pero el sector solicita más inversión

Álvaro López


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España en general y Andalucía en particular, suspenden en salud mental si se comparan con la Unión Europea. Mientras que en el viejo continente la tasa de psicólogos por 100.000 habitantes dentro de sus sistemas sanitarios está en una media de 18, en España la cifra apenas alcanza los 6 y en Andalucía baja aún más hasta los 3,5 psicólogos clínicos, según datos del Defensor del Pueblo. Una ratio muy baja que afecta directamente al cuidado de la psicología de la población porque esas cifras se refieren al número de profesionales que integran, en este caso, el Servicio Andaluz de Salud (SAS). Un sistema público que no se va a reforzar demasiado en Andalucía con las 29 plazas de Psicólogo Interno Residente (PIR), también conocido como el “MIR” de la psicología clínica, a las que este sábado aspiran 4.500 personas en la convocatoria anual de formación sanitaria especializada.

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Con más de 8,4 millones de habitantes y una pandemia mundial que ha desatado numerosas patologías asociadas a la salud mental de la población, Andalucía tiene una situación precaria en cuanto al cuidado de los ciudadanos en ese sentido. La baja ratio de 3,5 psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes hace que la atención hospitalaria de las enfermedades relacionadas con la salud mental no esté suficientemente cubierta, según denuncia el sector. Aunque es cierto que sólo Cataluña, con 45 plazas PIR, y Madrid, con 35, ofertan más puestos para la psicología clínica en nuestro país, también es cierto que el resto de comunidades tienen mejores ratios de psicólogos por cada 100.000 habitantes. De hecho, según los datos que constan en un informe de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Cataluña ha impulsado tanto la psicología clínica en los últimos años que su tasa por ciudadanos está equipara a la de Europa con 18 psicólogos.

El sistema por el que se acreditan estas plazas depende en primera instancia del Gobierno central, pero al final son las comunidades autónomas las que deciden solicitar más o menos al Ejecutivo, en función de lo que les soliciten los hospitales, aunque no siempre ambas peticiones van de la mano. En los últimos años, se ha experimentado un leve aumento en la inversión en las diferentes regiones a la hora de dotar de psicólogos clínicos sus sistemas sanitarios públicos, pero sigue siendo insuficiente para los profesionales porque sigue habiendo muy pocos psicólogos acreditados para una población que supera los 47 millones de personas. Por ratio, Galicia y Andalucía son las que la tienen peor. Preguntada al respecto, el SAS no ha respondido a este medio ni sobre por qué no se acreditan más plazas PIR ni sobre por qué se invierte menos que en el resto de España.

Pocas salidas laborales

Este panorama, calificado de “precario” en el sector, afecta directamente a los nuevos graduados que salen de las facultades de Psicología. En España, solo es posible trabajar en el sistema sanitario como psicólogo si se han hecho los cuatro años de PIR, previo grado universitario, y no es posible acceder de ninguna otra forma. Paralelamente, quienes no opten por esta vía tienen dos opciones más: trabajar como psicólogo general tras haber cursado el máster universitario oportuno o abrirse paso por el sector privado a través de su propia clínica o trabajando con terceros, pero sin poder hacer psicología sanitaria. Es decir, las opciones para trabajar como psicólogo en nuestro país son limitadas, más si se tiene en cuenta que, según las estimaciones del Colegio de Psicología de Andalucía Oriental (COPAO), “el 80% de los graduados quieren trabajar en el campo sanitario”. En Andalucía, cada año se gradúan en la universidad alrededor de 1.500 psicólogos.

Bartolomé Marín, coordinador de Neuropsicología en el COPAO afirma que “Andalucía invierte muy poco en salud mental”. Si se observa la estadística, “las convocatorias anteriores para el PIR han sido muy flojas y la bolsa de psicólogos clínicos en el SAS está agotada”. Por otro lado, como las jubilaciones se siguen produciendo, la tasa de reposición está invertida. “En un plazo de 10 años, un 30% de los psicólogos clínicos van a estar jubilados en Andalucía”. Un aspecto que preocupa en el sector, sobre todo teniendo en cuenta que, como ocurre en el resto de la sanidad andaluza, la contratación precaria está haciendo que muchos profesionales acaben marchándose a otros sistemas sanitarios como el de Cataluña o Navarra.

Cuando desde el sector hablan de contratos precarios, lo hacen basándose en la temporalidad de los que se ofrecen cuando un graduado acaba sus cuatro años de PIR. Lo habitual, según explica Bartolomé Marín, es que se les contrate por unos seis meses, lo que dificulta que la persona pueda establecerse y conciliar su vida personal y profesional. El problema está principalmente en ese ámbito, porque en cuanto a los ingresos la situación es sensiblemente mejor. Un psicólogo clínico que trabaje durante todo el año en el SAS puede embolsarse alrededor de 50.000 euros brutos. Un sueldo alto que, sin embargo, no termina seduciendo por las dificultades que hay de encontrar un empleo estable en Andalucía. Haciendo que muchos opten por trabajar en el ámbito privado o como psicólogo general a través del máster universitario que los habilita.

Falta de inversión

“La principal función que tiene un psicólogo clínico normalmente está relacionada con la salud mental de diagnóstico y puede ser en todo tipo de hospitales, pero es testimonial en el ámbito de la neuropsicología”, explica Bartolomé Marín. “Ahora, con la Covid-19, no solo hace falta la psicología, sino que también existe la Covid persistente que requiere de una evaluación mucho más profunda, que no solo se centre en aspectos como la ansiedad que puede desarrollar un ciudadano por culpa de la pandemia, sino también de aspectos clínicos porque se ven patologías asociadas a problemas del cerebro”. Pero la falta de inversión por parte de la Consejería de Salud está haciendo que Andalucía suspenda en este ámbito. “Los actores públicos tienen mucho desconocimiento del tema porque el 30% de la atención primaria está relacionada con los problemas psicológicos”.

Por otro lado, “hay una medicalización excesiva de los tratamientos mentales, obviando otros tratamientos psicológicos que pueden ser mucho más eficaces evitando la cronificación de los problemas”. Una realidad por la que Bartolomé Marín cree que es necesario que Andalucía integre en el SAS también a la psicología general que es de carácter preventivo: “La figura de la prevención debería ser incluida en la salud mental. En Andalucía tenemos, por ejemplo, un programa de prevención de cáncer de colon, pero no de la salud mental”. La figura del psicólogo clínico está habitualmente olvidada, a la vez que apenas se invierte en un PIR que es muy necesario para los profesionales. “Desde que apruebas el PIR estás en dispositivos reales. Ves toda la problemática de la patología que te encuentras en el ámbito sanitario y tu campo formativo es más amplio porque también te formas con otros especialistas. Es una formación más amplia”.

Se da la circunstancia de que la carrera de Psicología es una de las más demandadas de Andalucía, solo por detrás de Medicina y Enfermería. Amalia López es una graduada andaluza que se enfrenta al examen para acceder al PIR con el temor de no saber si podrá conseguir una de las 29 plazas que salen a concurso. “La probabilidad de sacarlo es de un 5% y habitualmente requiere un esfuerzo de 3 o 4 años de estudio que no todo el mundo puede permitirse”. Para esta psicóloga, la “incertidumbre” y la “falta de garantías” son dos de los mayores problemas que padecen en esta profesión a la hora de acceder al sistema sanitario en Andalucía. “Hay esperanza, y cada vez más, de que mejore la situación porque hace unos años no se hablaba nada de salud mental y ahora sí. A nivel político parece que se le está dando un poco más voz al PIR”.

Sin embargo, pese al optimismo con reservas que muestran egresados como Amalia, también reconoce que para sobrevivir a la presión de no saber si se conseguirá una plaza del PIR que se convoca cada año, “hay que vivir pensando que es posible porque no hay ningún tipo de garantía de que la vayas a obtener”. Andrea Sánchez, también egresada, comparte las mismas inquietudes que Amalia. En su caso, junto a varios psicólogos graduados ha creado una pequeña plataforma para exigir más plazas PIR. “Tú sales de la carrera del grado y no puedes trabajar porque para hacer psicología clínica tienes que pasar antes por el PIR y como no hay plazas, la sensación es de mucha frustración e impotencia”. Cree que es “incomprensible” que, tal y como está el debate del cuidado psicológico, “a la hora de la verdad no se ponga dinero y no se oferten puestos de trabajo”. Un panorama desalentador que deja en el aire el cuidado de la salud mental de los ciudadanos.

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