La pandemia muestra las carencias de la enseñanza a distancia: "Al no tener un modelo, cada profesor está haciendo lo que cree correcto"

Profesores confinados. El aula en casa

El tercer trimestre se inicia con los centros educativos del país cerrados por la crisis sanitaria del coronavirus. El profesorado ha aprovechado las vacaciones de Semana Santa para buscar la manera de normalizar la educación a distancia. "Nos ha pillado bastante desprovistos. Nunca se está preparado ante esto", dice Paco López, maestro y jefe de estudios de un colegio público de Sevilla.

"¿Qué hacemos con los niños? Los abuelos no son una opción con el COVID-19"

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La crisis de la Covid-19 ha evidenciado las dificultades de afrontar el paso a una educación en línea. Si las universidades virtuales están teniendo problemas, la situación en las etapas educativas anteriores revela la falta de recursos, de formación y de conocimiento. "El cambio hacia el e-learning es un cambio de modelo pedagógico. No es solo dotar tecnológicamente los centros sino que hay que formar al profesorado", explica el profesor y doctor por la Universidad de Huelva, Alfonso Infante.

"Nos hemos reinventado semana a semana para ver lo que podíamos mejorar", dice Marta Reina. Esta profesora de infantil, de primaria y de educación especial lleva "bien" lo de la tele-educación y agradece sus recientes formaciones en Google for Education. Nunca pensó que iban a ser tan útiles.

Adaptación exprés a la tele-educación

La actividad docente se suspendió en Andalucía el lunes 16 de marzo. Los centros tuvieron un día para planificarse, pero la disparidad de criterios, no sólo ya entre instituciones sino entre docentes, es patente. "No es cuestión de buscar culpables sino de poner en evidencia un sistema [la educación online] para el que nadie estaba preparado", dice la presidenta de la confederación andaluza de asociaciones de padres y madres del alumnado por la educación pública (CODAPA), Leticia Vázquez.

Infante, que investiga sobre las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en la educación, tiene claro el problema: "No disponemos de un diseño instruccional". Esto, para Infante, es el punto de partida para cualquier educación en línea ya que la organiza, la dota de recursos y actividades y pone las bases para su evaluación. "Eso no se ha hecho en la mayoría de las instituciones presenciales. Al no tener un modelo, cada profesor está haciendo lo que puede o cree correcto. O le dan las directrices ahora de prisa y corriendo. Es el profesor el que está teniendo que tomar las decisiones y no tiene una guía y, en muchos casos, no tiene la formación tanto técnica como pedagógica".

Eso cala en los claustros. "La directiva y la Consejería de Educación se han dedicado a exigirnos que demostremos que estamos trabajando desde casa, que estamos usando herramientas digitales… pero no nos han dado ninguna directriz, ni nos han preguntado qué necesitamos, ni nos han reunido para oír propuestas…", explica Patricia Gómez, una profesora de Formación Profesional (FP) en un instituto público de Huelva.

Las administraciones llevan tiempo impulsando los recursos en línea, pero el profesorado asimila estos métodos, según apunta López, "a medida que entiende positiva su funcionalidad". Ahora no queda más remedio aunque no es fácil. "Suelen ser plataformas idealmente perfectas. Racional o informáticamente están muy bien diseñadas, pero no siempre son intuitivas a la hora de su uso por parte de las familias o del profesorado. Por eso se van imponiendo siempre métodos más simples y cuando tenemos una situación de urgencia es de lo que vamos tirando".

Conectividad 24/7

En el colegio de Paco López, en una zona desfavorecida de Sevilla, dieron todo tipo de facilidades: flexibilización de horarios e incluso los números personales de teléfono. El objetivo era "no complicar más la vida a las familias". Tras la suspensión de las clases "prácticamente la mitad" del alumnado dejó de lado la educación. López huye de las grandes soluciones que obvian casuísticas concretas. "Los mensajes generalistas me parecen demasiado simplistas", dice. "Es más potente trabajar codo con codo: qué problema tienes, qué te pasa, contigo lo vamos a resolver así…"

Esta individualización docente acarrea más carga de trabajo para el profesorado. Y unas expectativas por parte de las familias. Alberto Molina, profesor de primaria en un colegio concertado, lo lleva "muy bien" aunque reconoce que "en la primera semana fue difícil dosificar y pecaron de enviar mucho más trabajo de la cuenta". Los maestros se enfrentaron a "jornadas maratonianas de 10-12 horas. Intentamos que el aprendizaje fuera lo más personalizado posible", dice. Coincide Gómez: "La carga de trabajo aumenta porque está todo mucho más individualizado: todo se multiplica por el número de alumnos que tienes".

Gómez defiende la limitación de los horarios y de los canales de comunicación. "El número [de teléfono] personal me parece que no debería formar parte de mi ámbito profesional en ningún momento". Reina expresa que con la tele-educación es "más notorio" que muchas familias esperen una conectividad 24/7 del profesorado y resalta la necesidad de controlar el tiempo y cuidarse.

Casuísticas complejas

Desde la CODAPA se insiste en que lo académico ha primado por encima de la adaptación al confinamiento. "No nos parece justo para nadie, no sólo para el alumnado y las familias sino para el profesorado que se tiene que poner las pilas, seguir evaluando, seguir poniendo notas… y sin saber si está llegando o no".

"Nos hemos afanado en ser súper profesores, súper digitales… y se ha dejado en plano secundario lo que realmente importa", dice Gómez mientras que Reina aboga por ejercer, además, un acompañamiento a las familias: "La gente está viviendo una batalla en sus casas".

López sabe que no hay una receta única, pero expone: "Las propuestas que escucho, incluso de personas relevantes, tienden a que no se den clases y lo principal es dejar la educación y tratar el problema a nivel emocional. En algunos casos de familias ideales, que son las que tienen su despensa cultural y económica llena y ceros en su cuenta corriente, esto es posible. Pero en nuestro caso, [la alternativa a] no aportar tareas o dar continuidad a un hábito de trabajo acompañado es la Playstation".

Educación y pantallas

Tras la improvisación inicial, los centros educativos han ido ajustándose a cómo dar clases a distancia. "Había que coger ritmo", dice Molina. "Ya que hemos visto las carencias [de la educación online], quizás es bueno dotar y enseñar más tanto al profesorado como a las familias y al alumnado para que estemos preparados en caso de que esto sucediera otra vez", plantea Vázquez.

Irene S., alumna de 5º de Primaria lo tiene claro: "Prefiero el cole porque mandan menos [tareas]. En una hora no vamos a dar 10 actividades. Porque se creen que tenemos todo el día". Martina P., de 6º, dice que seguir así las clases "es más complicado porque no nos explican, sólo nos mandan los deberes". Ambas son nativas digitales, pero desconocen el uso pedagógico de las nuevas tecnologías. Infante es partidario de no esperar a introducir las TIC en las aulas. "Hablamos mucho de la tele-formación, pero no termina de implementarse. Esto ha sido una señal importantísima de que tiene que estar contemplada en todas las instituciones", dice. Sin embargo, "todavía ha desconfianza."

Marta Reina echa de menos a "sus niños". Patricia Gómez se ha sorprendido por cómo los suyos se han adaptado a la situación. "Pensé que con las pantallas iban a aprovechar la coyuntura para evadirse, pero para nada ha sido así". Y Alberto Molina defiende que para un maestro es "fundamental ver las caras de sus alumnos". Y no a través de una pantalla. Para los tres lo virtual no puede sustituir a lo presencial, pero la crisis del coronavirus ha dejado en evidencia las carestías de un modelo que necesita de la metodología en línea. Para ello, también es necesario la organización, la formación y el tiempo.

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Publicado el
13 de abril de 2020 - 21:05 h

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