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OPINIÓN | 'El PP secuestra y el PSOE se dispara en el pie', por Elisa Beni
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Amarga cosecha que aún puede ser peor

Juan Espadas y Moreno Bonilla, en la noche electoral del 19J.

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Andaba España toda extrañada sobre el misterioso cambio sociológico en Andalucía por el que la derecha aquí ya no asusta, llovían cábalas, cuando en el fragor de la campaña, los andaluces progresistas de a pie, quizá por aportar algo más que los votos, por contribuir con optimismo movilizador, pusimos de nuestra parte para creer en los milagros. Unos más que otros. Hubo quien, a fuer de esperanzado o con la buena intención de contrarrestar la presión propagandística de las encuestas, hasta proclamó que ganarían las izquierdas. Pero no ha pasado. Y en nuestro corazón y mente, nosotros, andaluzas y andaluces de izquierda, sabemos que no hay sorpresa. Que lo prodigioso habría sido cosechar tomates tras 37 años sembrando ajos.  

No escribo a la ligera, sino preocupada y triste. El panorama que sale de las urnas descorazona porque el PP de JuanMa Moreno y Feijóo ha logrado una rotunda mayoría absoluta para avanzar a velocidad de crucero en su desmantelamiento de la educación, sanidad y servicios públicos y ahondar en la degradación de parajes como Doñana. Siendo ello tan grave, encima hay que suspirar aliviados porque su paseo triunfal evita meter en el gobierno al neofranquismo anticonstitucional, machista, racista, homófobo y ecocida de Vox.

Es muy tentador, echarle la culpa de todo a las derechas con quienes no comulgamos, de las que no nos entra en la cabeza que, por más respaldo financiero, mediático y de la Junta electoral que tengan, logren convencer a la mayoría trabajadora de apoyar rebajas de impuestos a los ricos que les perjudican a ellos y a sus familias. Pero, ¿acaso eso nos acercaría un milímetro a evitar volver a estrellarnos en las próximas elecciones, generales, municipales y las autonómicas de dentro de cuatro años? No.

El PSOE sembró el cinismo que hoy favorece al PP

Una pregunta me hago: ¿Por qué me veo y veo a los progresistas a mi alrededor más tocados que al principal líder de la oposición andaluza, Juan Espadas, y su equipo? Porque ellos ya venían diciendo antes y durante la campaña que si perdían no se irían a casa. ¡Y anoche mismo lo reafirmó Ferraz! El PSOE desoyó las alertas de 2018 sobre el fracaso de Susana Díaz, ha vuelto a ignorar la evidencia de que Espadas, con un bajísimo perfil de izquierdas, no sería revulsivo frente a la abstención, ¡que ha sido solo dos puntos menor que la abstención récord de entonces! Y ahora sigue empeñado en mantener a Espadas de cabeza de cartel para las siguientes ¡cuando ha perdido tres escaños de los magros 33 que sacó Díaz!

Con la estrategia de la sordera suicida acumularán batacazos. Cuesta entender ¿por qué no cambiar de nombres y equipo, hacer en el PSOE-A la catarsis que el PSOE federal hizo cuando Pedro Sánchez venció a Susana Díaz y levantar en Andalucía un proyecto ganador como se hizo en España?

La única hipótesis que veo es que, aunque pierda elecciones, aunque no esté en el gobierno, la actual dirección del PSOE-A, que es heredera de la de Susana Díaz, y de la de Griñán, a su vez heredera de Chaves prefiere confiar en que el PP se desgaste para volver al poder antes que promover la regeneración honda y auténtica que necesitan el partido y Andalucía. Sus batacazos, que sufre en sus carnes la gente corriente, parece que a ellos solo les rasguñan decididos a esperar, en sus cargos, a que la próxima haya suerte. Hay que aprender de los errores de esta legislatura: cambiar de liderazgo pronto y que la/el nuev@ referente socialista se faje haciendo oposición firme a Moreno Bonilla desde el principio. 

El PSOE puede hacer dos cosas ante esta derrota: o mantener el proyecto de Espadas como viene anunciando y sufrir otro fracaso dentro de cuatro años o hacer catarsis pronto y reconectar con la gente para ganar y gobernar.

Las izquierdas a la izquierda del PSOE merecen también mucha crítica. Vendrán en unas líneas. Incluso nosotros, la ciudadanía de izquierdas más convencida, hemos fallado –con honrosas excepciones como la de los colectivos LGTBI– y sido incapaces de articularnos para persuadir de participar a los abstencionistas.

Pero quien ha gobernado Andalucía de forma ininterrumpida 37 de los 40 años democráticos es el PSOE y en esas casi cuatro décadas, con independencia de que Griñán y Chaves no se hayan enriquecido –a diferencia de los cabecillas del PP que se forraban en B-, pese a lo justo que es atribuirles grandes logros y avances, ellos también son responsables de una acción de gobierno que el electorado de izquierdas no ha visto tan distinta del neoliberalismo aplicado por el PP los últimos cuatro años y responsables además de moldear una sociedad donde el individuo, para abrirse camino, debía huir de ideas propias, críticas y comprometidas para ir a la suya, arrimarse al sol que más calienta y funcionar por contactos.

Se ha adocenado al personal para tener una sociedad sumisa. Desde los colegios donde se usó el 28F, Día de Andalucía, para dar al alumnado molletes con aceite, hacerles oír el himno y agitar la bandera blanca y verde sin explicarles quién fue Blas Infante, ni quiénes, ni por qué lo asesinaron en agosto del 36. Este PSOE, el entonces alcalde de Sevilla Juan Espadas ha primado el neoliberalismo sobre los principios democráticos hasta el punto de convertir el centro de tortura franquista de la Gavidia, en un hotel de lujo en vez de en museo de explicación y desactivación de la amenaza fascista. ¿Y qué decir de la radiotelevisión pública andaluza, donde ahora el PP lleva al extremo la falta de pluralidad y el empobrecedor tipismo que ya sonrojaban a audiencia y trabajadores en el Canal Sur de la era PSOE?

Quiero creer que los socialistas no calibraron el peligro de su proceder. Pero muchos, en actos públicos y escritos les apuntamos durante años que tenían que ejercer de izquierda para parecerlo, que debían proteger la educación pública frente al adoctrinamiento de la concertada, la sanidad pública frente al negociazo de las clínicas privadas, limpiar RTVA de palmeros y abrirla a la diversidad provincial y vanguardista de Andalucía, les avisamos de que promover la expulsión de menores migrantes engordaba el fascismo. Deben dejar de poner cara de pez ante las críticas, ganarse la credibilidad con hechos y que el electorado, así, aprecie y premie la diferencia con el PP.

La división cainita de las izquierdas a la izquierda del PSOE se cobra un alto precio y las reacciones tras la derrota ahondan la preocupación por la atribución de culpas entre facciones de Por Andalucía y el triunfalismo de Adelante por sus 2 diputados.

Rectificar para reconectar y volver a gobernar

Es evidente que la izquierda a la izquierda del PSOE tenía una oportunidad de oro para haberse fortalecido como alternativa y la ha desaprovechado por la obvia y cruda división cainita. De haber ido juntas, Por Andalucía y Adelante Andalucía, obteniendo los mismos resultados que han tenido, habrían sacado 13 escaños en vez de sus actuales 5 y 2.

Reconociendo el mérito del acuerdo in extremis de Por Andalucía, el mérito de ellos y de Adelante Andalucía para resistir frente al poder del dinero y los grandes medios ¡han perdido la mitad de representación que tenían desde 2018! Por más comprometidas y elocuentes que sean, cada cual en su estilo Inma Nieto y Teresa Rodríguez, era esperable que mucha gente desconfiara de la capacidad de Por Andalucía y Adelante Andalucía para gestionar las diferencias entre sí –y en el caso de Por Andalucía, además, las internas entre IU, Podemos y Más País– inmediatamente después de estas elecciones tras haber sido tan incapaces de hacerlo justo antes.

El estado de las izquierdas andaluzas no daba para ganarse el gobierno. Quizá si un milagro les hubiera llevado a San Telmo tampoco habría sido bueno porque habrían postergado los cambios y la verdadera unidad que urge construir ya.

Las primeras reacciones tras la derrota ahondan más que disipan la preocupación. Con Podemos desde Madrid responsabilizando del mal resultados a IU y Yolanda Díaz y Teresa Rodríguez diciendo que los dos escaños de Adelante Andalucía son «objetivo cumplido». ¿A qué grados de auto-lesión están dispuestos a llegar y a llevarnos?

Los mimbres de la izquierda, en definitiva, no daban para un cesto. Quizá si el cesto hubiera salido por arte de magia tampoco habría sido bueno porque unos y otras habrían creído que la senda errada era buena y la habrían mantenido.

Cuando urge que la cambien. Porque, a pesar de los pesares, les necesitamos. Ojalá un día, más pronto que tarde, comprendan que su interiorización lúcida de las críticas les acercará a una noche de victoria electoral mucho antes que enrocarse en no rectificar rodeados de halagadores pagados.

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