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Una investigación granadina localiza una proteína que mejora el diagnóstico y el tratamiento del cáncer de pulmón

Dominio de repetición armadillo en el que está presente la proteína sobre la que se ha basado el estudio

Álvaro López


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Un grupo de investigadores del Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada (ibs.GRANADA) ha abierto una nueva puerta a la esperanza gracias a su trabajo. Tras dos años de estudio, el equipo liderado por la doctora María Esther Fárez ha conseguido encontrar una proteína que parece ser el elemento esencial para que se desarrolle el carcinoma epidermoide pulmonar, uno de los cánceres de pulmón más habituales junto con el adenocarcinoma. Algunas investigaciones sostienen que el carcinoma epidermoide está más relacionado con el consumo de tabaco y que, por eso, ocurre sobre todo en pacientes fumadores. Sin embargo, gracias al trabajo del Ibs.GRANADA, su diagnóstico y tratamiento puede ser más preciso a partir de ahora. La investigación ha sido publicada en varias revistas científicas, entre ellas la Journal of Structural Biology.

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Los investigadores que han participado en este trabajo junto con María Esther Fárez pertenecen al equipo de Genética y Oncología Molecular del Ibs.GRANADA, por lo que su campo de acción se basa sobre todo en este ámbito. De ahí que hayan centrado sus esfuerzos en conocer mejor cómo son las moléculas de este tipo de cáncer y qué elementos lo conforman para poder encontrar anomalías y patrones que puedan dar pistas sobre cómo se desarrolla el carcinoma epidermoide pulmonar. Al respecto, Fárez deja claro que la proteína estudiada no es “la que inicia el cáncer de pulmón”, sino que “está en la unión entre células en el punto en el que existen unas estructuras que las mantienen unidas para que se forme el tejido correspondiente”.

Plakofilina

Su nombre técnico es Plakofilina 1 (PKP1) y pertenece a un grupo de más proteínas que tienen copias repetidas de una secuencia interna que se conoce como repetición armadillo. Según los investigadores, este grupo de proteínas tienen varias funciones en las células porque interaccionan con otras proteínas gracias al ya citado dominio armadillo. Gracias a este trabajo, se sabe que también que la PKP1 está dentro del núcleo celular y citoplasma y que actúa como reguladora del ácido ribonucleico (ARNm) que transfiere el código genético procedente del ADN y que indica cómo deben ordenarse los componentes para desarrollar otros componentes esenciales de la célula. Dicho de otro modo, su función es tan importante que su hallazgo hace que el diagnóstico y el tratamiento de este cáncer puedan ser mucho más efectivos.

“Lo que hemos hecho es que esa proteína, como pertenece a un grupo concreto de proteínas y tiene un dominio llamado armadillo, hemos purificado ese secuencial”, explica María Esther Fárez. Así, han podido determinar las características biofísicas de la PKP1 y su interacción contras proteínas como la NUPR1, más pequeña y desordenada que la PKP1 y que se encuentra en toda la célula. La NUPR1 hace de policía regulando y señalizando los procesos de la misma célula, lo que permite que, si se observa, se puedan obtener detalles sobre el desarrollo de algunos cánceres, como ocurre en este caso concreto con el carcinoma epidermoide pulmonar. No obstante, la investigación lleva más de una década de desarrollo y ha vivido diferentes etapas hasta llegar a este punto.

Más de una década de investigación

“Estudiamos esta proteína porque en 2011 se hizo un estudio que costó 110.000 euros”, explica la doctora. En él pudieron ver todos los genes del genoma y, así, “ver la expresión del cáncer de pulmón”. “Se extrajo el RNA mensajero y la expresión de genes que se producen en los distintos cánceres de pulmón y se compararon. Así se vio la expresión y se pudo comprobar con individuos sin esta enfermedad, qué genes están sobreexpresados”. El cáncer no siempre se presenta de la misma forma y depende en buena medida de la persona, por lo que no en todos los casos se desarrolla igual. “El diagnóstico también depende del estado tumoral, de su tamaño… pero vimos que la proteína PKP1 se sobreexpresaba y decidimos que había que investigarla”.

“Se hicieron estudios funcionales para ver cómo intervenían. Ahora lo que hemos hecho es expresar ese dominio armadillo y ver con qué proteínas se une”. Un trabajo exhaustivo que, sin embargo, no se puede cuantificar económicamente. Como han intervenido diferentes equipos y la financiación ha llegado por varias vías, María Esther Fárez no se atreve a dar una cifra concreta sobre el costo de este estudio. Lo que sí explica es que este hallazgo abre la puerta a una detección más concreta del tipo de cáncer que padece la persona y, por lo tanto, amplía la personalización del tratamiento que se le puede dar. “Hemos propuesto que esta proteína se puede usar como marcador para distinguir distintos tipos de cáncer de células no pequeñas”

“Como el adenocarcinoma y el escamoso son los dos tipos de cáncer de pulmón más frecuentes, hemos visto la posibilidad de diferenciar el diagnóstico entre las dos”. Así, se puede ayudar a un diagnóstico exacto y por otro lado incidir en qué tratamiento está más enfocado hacia determinado cáncer. “Y luego esa interacción entre la proteína y otras, como proponemos, si la eliminamos podemos estar poniéndoselo más difícil al desarrollo del cáncer. No obstante, aún es muy general porque la investigación está en sus primeras fases sobre el resto del genoma de este tipo de cáncer”. Por eso, como ocurre en estos casos, conviene ser cautos a la hora de definir las posibilidades a corto plazo de este tipo de investigaciones ya que conllevan un trabajo de laboratorio que posteriormente ha de alcanzar el entorno clínico. Aunque, sin duda, este estudio es una fuente de esperanza para poder acabar en el futuro con el cáncer de pulmón.

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