Con Miguel Ríos como telonero y al grito de “¡presidenta!”, María Jesús Montero ha pulsado el botón de la campaña electoral para el 17M en Granada. La candidata a presidir la Junta de Andalucía por el PSOE andaluz ha elegido la ciudad de la Alhambra para dar el primer paso de un camino que en otros tiempos le habría llevado hacia el palacio de San Telmo, pero que en este punto parece más destinado a minimizar daños. Con todas las encuestas en contra de los intereses de Montero, ya que ninguna le da como presidenciable ni con opciones de lograr pactos en el Parlamento de Andalucía, la campaña de la ex vicepresidenta del Gobierno se lee también en clave nacional.
No en vano, el PSOE está inmerso en una vorágine de comicios autonómicos en los que acumula derrotas frente al binomio entre el Partido Popular y Vox, que ya han hecho efectivos sus pactos en Extremadura y Aragón y que no tardarán en hacer lo propio en Castilla y León. Precisamente las elecciones castellanas son el espejo en el que se miran los de Montero desde Sevilla, pero también desde Ferraz y Moncloa. En estas se produjo un incremento de dos procuradores frente a los obtenidos en los comicios de 2022 (30-28). Una subida que, sin embargo, internamente se entiende que se produjo porque el candidato, Carlos Martínez, no fue elegido desde Madrid y que además ya era muy conocido y valorado en su territorio por haber sido alcalde de Soria.
Por eso, la campaña que ha iniciado María Jesús Montero en Granada parece destinada a la supervivencia. Desde el PSOE de Andalucía no quieren oír ni hablar de bajar del suelo electoral que se estableció en 2022 cuando Juan Espadas logró los peores resultados socialistas de la democracia al quedarse con 30 diputados. Todo lo que sea estar en esos números, mejorar en votos o en parlamentarios, será anotado como una buena noticia, aunque sin lanzar las campanas al vuelo salvo que se produjese una subida espectacular que no se vislumbra y que, con el miedo a empeorar los resultados de hace cuatro años, invita a pensar que el de Montero puede ser un camino medianamente breve al frente del PSOE andaluz.
Porque la exvicepresidenta, que va a utilizar el “mal estado” de los servicios públicos en Andalucía como su principal eje de campaña, vuelve a una comunidad autónoma muy diferente de la que dejó cuando dio su salto a Madrid. Montero, que fue consejera de Salud y Hacienda durante los últimos gobiernos que los socialistas han cosechado en tierras andaluzas, regresa a un escenario en el que el PP de Juan Manuel Moreno gobierna y está fuerte, pese a la crisis de los cribados, al haber tejido una imagen de gestión tanto en el accidente ferroviario de Adamuz como durante los episodios de lluvias extremas. Estos dos capítulos, unidos a la falta de un liderazgo claro en la oposición, han impulsado a un presidente andaluz que da por hecha su continuidad y posiblemente sin depender de Vox, como si está ocurriendo en otros feudos autonómicos.
Esperanza frente a la realidad
Flanqueada por Rebeca Torró, secretaria de organización del PSOE, apenas ha habido presencia de la cúpula andaluza, que en estos últimos cuatro años ha sido el principal escollo en el Parlamento para un PP que ha podido aplicar su rodillo parlamentario merced a una mayoría absoluta que quiere repetir cuatro años después de los últimos comicios. Quizás por eso, María Jesús Montero, que ha elegido “defiende lo público” como lema de campaña, ha iniciado su discurso poniendo en valor la “esperanza” con la que afrontan una campaña que los sondeos no sitúan de su lado de la balanza.
Curiosamente, la candidata socialista ha escogido hacer su primer mitin de campaña en Granada, apenas unos días después de que los populares afeasen que no hubiese pisado aún la capital granadina durante la precampaña. No obstante, su apuesta granadina sí tiene relevancia porque en la lista provincial está incluido como número dos Francisco Cuenca, el que fuera alcalde de la ciudad hasta las últimas municipales.
No han sido unas listas fáciles para Montero que, pese a definirlas como de “consenso”, han demostrado las fricciones que hay internamente en el PSOE andaluz. Sobre todo en Cádiz, donde el secretario provincial, Juan Carlos Ruiz Boix, mantuvo un pulso con la propia exvicepresidenta por hacerse con el control de los nombres que irían en ellas. Quizás por eso, Montero ha lanzado un mensaje de unidad frente a la militancia reunida en Granada: “Estamos en una encrucijada en la que tenemos que dedicir nuestro futuro y pasa por un gobierno de España, de Andalucia y de los municipios de Granada en el que la mayoría social esté presente en las instituciones”.
Pivotando durante su discurso continuamente en palabras como “igualdad”, “oportunidad” o “ilusión”, Montero ha tratado de situarse como el contrapeso a Juan Manuel Moreno asumiendo que los socialistas representan “la mayoría social” y que, por lo tanto, han de lograr revitalizar un voto que en las dos últimas elecciones autonómicas ha abandonado las siglas del PSOE-A. “Aquí está una parte de esa Andalucía progresista que nunca se conforma, que no se resigna y que tiene la capacidad siempre de levantarse y de empoderar al pueblo para que el pueblo tome sus propias decisiones”.
Una campaña contra la “privatización”
No en vano, para los socialistas andaluces se trata de una campaña en la que el estado de los servicios públicos, que ha sido una bandera clásica de las administraciones que han encabezado, se sitúan como el caladero en el que tratar de recuperar parte de la confianza de los electores. Montero, en ese sentido, ha calificado a Moreno como un “lobo con piel de cordero”, al que han de tratar de frenar para que los ciudadanos no se engañen y confíen en una política que apuesta por la “privatización” que impide que la clase trabajadora pueda progresar.
“No se pueden construir sociedades excluyendo a una parte que moelsta a algunos”, ha apuntado la candidata del PSOE-A. Justo antes de afirmar que esa exclusión está dando pie a una campaña de “bulos” de la “derecha” y la “extrema derecha”. Según Montero, desde las formaciones de ese espectro político “se dedican a la deshumanización del adversario político”. Por eso, ha aprovechado para mandarle su “apoyo y solidaridad” a Begoña Gómez, la mujer del presidente Pedro Sánchez, que este miércoles denunciaba al agitador Vito Quiles por una presunta agresión en un restaurante.
Sin abandonar en ningún momento sus logros como parte del Gobierno de España y tratando de atravesar los mismos con las políticas del PP que, a su juicio, en los últimos ocho años ha caminado en sentido contrario, la ex vicepresidenta asegura que “se está practicando una política privatizadora de aquello que ha permitido que esta tierra haya podido crecer”. Según Montero, durante los gobiernos socialistas, estaba “garantizada la sanidad, la educación o la dependencia”.
Un terreno, el de los servicios públicos, que la candidata a la Junta de Andalucía ha utilizado recurrentemente para recordar que el año pasado fallecieron 7.000 personas esperando una prestación por dependencia y sobre todo la crisis de los cribados: “La mayor negligencia que ha tenido un sistema sanitario en España. A esas mujeres se les criminalice y no se les dé explicaciones: 4.000 mujeres, ¿qué ha ocurrido con ellas? ¿cuántas han fallecido? No son lo mismo las víctimas para este candidato (en referencia a Moreno)”.
Un compromiso sanitario
También ha aprovechado para pasar al ataque y recordar algunos de sus logros en la etapa en la que fue consejera de Salud, tachando de “bulos” las insinuaciones que se hacen sobre su mala gestión entonces. Y ha reiterado su compromiso de la precampaña: “La primera medida que tomaré como presidenta será que ningún ciudadano espere más de 24 o 48 horas para que le atienda su médico de familia”. Un momento que ha elevado la exaltación de la militancia que ha acabado coreando “sanidad pública”.
Junto a María Jesús Montero, también ha hablado la cabeza de lista por Granada, Olga Manzano, que se ha desecho en elogios hacia la candidata a la presidencia de la Junta. Tachándola de “toda una líder”, Manzano ha afirmado que no ha parado de “trabajar por Andalucía”. Y al igual que Montero ha centrado su intervención en fijar el eje de la campaña frente al PP en convertirse en el muro de contención frente a la “privatización” sobre todo de la sanidad pública. Un argumento en el que también se ha situado el cantante Miguel Ríos, que ha sido el padrino de un mitin que abre quince días de campaña en los que el suelo electoral de los socialistas es el terreno del que no quieren oír hablar en el equipo de Montero.
Porque el PSOE-A pretende que su campaña desdibuje la imagen que Juan Manuel Moreno trata de hacer suya como la de un barón de los populares alejado de la confrontación política y centrado en la gestión. Pero para Montero, el presidente andaluz “es el candidato de un PP del no a la reforma laboral o del no a la subida del SMI y la revalorización de las pensiones”. Es el candidato del “marketing”, según los socialistas, y contra ello van a construir su discurso. Dos semanas tienen para ello. Dos semanas en las que, también como hoy, Montero aprovechará para sacar pecho de su gestión como ministra en el Gobierno de Pedro Sánchez. Una táctica que en Aragón no acabó de funcionarle a Pilar Alegría.
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