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CRISIS CLIMÁTICA

El acuífero de Doñana se exprime más allá de lo que aguanta: su sobreexplotación sobrepasa ya los “límites viables”

Estado que presentaba la laguna Zahillo en 2022.

Antonio Morente

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El acuífero de Doñana, el que da la vida a este paraje patrimonio de la humanidad, sigue sin levantar cabeza. Así lleva años, y así se mantienen las cosas según el último informe elaborado por WWF, organización ecologista con la carga simbólica añadida de que fue una de las responsables del nacimiento del parque nacional y todavía mantiene terrenos en este enclave. Su investigación le lleva a denunciar que la sobreexplotación de las aguas subterráneas “sobrepasa ampliamente los límites viables para su recuperación” por una razón muy sencilla: se extrae más agua de la que puede recuperarse.

Los ecologistas, de hecho, llegan a cifrar que el índice de explotación es del 109%. ¿Y qué es lo que se puede hacer para superar esta situación? Pues una “gestión racional y sostenible de los recursos”, lo que en el informe se explicita como “una labor imprescindible y urgente que hay que poner en marcha para asegurar el futuro de las especies, los hábitats y las gentes de Doñana”. Todo ello, además, sobre la base de que desde 2020 el acuífero está oficialmente declarado como sobreexplotado, “y a día de hoy aún no se ha aprobado un plan de acciones para revertir esta situación”.

El estudio es especialmente crítico con la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), el organismo estatal encargado de la gestión del agua en este espacio. Por un lado, cuestiona que haya dividido el acuífero en seis masas de agua, una separación administrativa que a su juicio complica el cálculo de las dotaciones para cada pozo “con criterios técnicos y científicos”; por otro, considera que hay un “error conceptual importante” en sus cálculos que le lleva a sobreestimar el nivel de recarga subterránea.

No se sabe con exactitud lo que se extrae

“Todo ello tiene graves consecuencias para los hábitats y la biodiversidad de Doñana”, lamenta la organización, especialmente en un contexto en el que “no se conoce el volumen total anual extraído por bombeo de forma exacta” porque lo que se utilizan son métodos indirectos como modelos matemáticos y técnicas de teledetección. A todo esto hay que sumar la existencia de “numerosas captaciones ilegales”, un pirateo de agua al que hay que añadir el crecimiento brutal de las zonas de riego en las dos últimas décadas.

Por ello, apunta que los pasos imprescindibles a dar son el control de las extracciones legales, el cierre de los pozos ilegales y no permitir ni una hectárea más de regadíos en el entorno de Doñana. Es la única manera de que el acuífero Almonte-Marismas supere su actual mal estado “en términos de calidad y cantidad de agua”, para lo que es necesario también desarrollar programas de recuperación de estas masas subterráneas.

En paralelo, WWF reclama el desarrollo de un modelo hidrogeológico global, para así tener una visión de conjunto y no tomar decisiones erróneas como, a su juicio, es alejar los pozos de Matalascañas en vez de conectar el sistema de abastecimiento de esta urbanización costera a la planta de potabilización de Mazagón (en término municipal de Moguer). “Hay que desbancar la idea de que los pozos más alejados de la marisma y el límite del parque nacional no tienen impacto sobre el conjunto del acuífero”, apostilla el estudio.

No buscar “fórmulas dilatorias”

La organización señala que, para desarrollar muchas de estas cuestiones, hay que incrementar los equipos de Guardería Fluvial y Comisaría de Aguas para así reforzar los controles. Y además de reclamar al Gobierno central un estudio sobre el impacto del cambio climático en la dinámica natural de los hábitats y especies protegidos, le da un tirón de orejas a la Junta de Andalucía para que “de una vez por todas elimine todas aquellas hectáreas ilegales de riego en lugar de buscar fórmulas dilatorias para mantener esta situación de uso del agua totalmente insostenible”.

Los ecologistas tampoco se olvidan del papel que deben desempeñar los organismos internacionales, especialmente presionando a las autoridades españolas para que cumplan los compromisos que han adquirido para garantizar el futuro del acuífero y del parque. Entre ellos están la aplicación de un plan de extracciones, el cierre definitivo de los pozos de Matalascañas y la aplicación del plan de ordenación de la Corona Norte, el conocido como Plan de la Fresa, “tal y como fue redactado cuando se aprobó”.

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