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“A la playa. Si llega el fuego, nos metemos en el mar”

Fermín Cabanillas / Sonsoles Valenzuela

“A la playa. Si llega el fuego, nos metemos en el agua”. La noche ha sido larga, extremadamente larga en la playa de Mazagón, por culpa del incendio forestal que desde la tarde de este sábado afecta a tanto terreno en el término municipal de Moguer que ha llegado a quemar terreno del Parque Nacional de Doñana. Pero si la noche ha sido larga, el día está siendo un literal infierno.

Una tragedia ecológica que parece haber salvado definitivamente la posibilidad de cobrarse víctimas humanas, aunque sí han muerto incontables animales de muchas especies, rodeados por las llamas en cuestión de segundos por mor de un viento que no ha ayudado nada a los que intentan sofocar las llamas.

En medio de la tragedia que supone que centenares de hectáreas de terreno estén siendo consumidas por las llamas, los vecinos de la zona se han ido poniendo a salvo como han podido, con la mente puesta en el incendio de Portugal de la pasada semana, y las víctimas que acarreó una evacuación que, por lo que las instrucciones que han ido dando, entre otros, los miembros de Protección Civil, se han seguido al dedillo.

“Salgan cuanto antes, abandonen las viviendas”, gritaba un miembro de Protección Civil golpeando las puertas de las casas de madrugada, mientras una familia decide refugiarse en la playa, con la instrucción a los niños de que si el fuego se acerca se metan en el agua. Es noche cerrada, y las escenas de pánico se suceden, a la vez que se ve a decenas de personas pululando por las calles con lo primero que han podido coger de sus casas para ponerse a salvo del fuego, y sobre todo del humo.

Los desalojos han sido constantes. Se quedó vacío rápidamente el asentamiento chabolista de Las Madres y una zona de viviendas colindantes. urbanizaciones, establecimientos hoteleros, cámpines y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) del Ministerio de Defensa fueron desalojados de emergencia para prevenir daños humanos. Las personas desalojados fueron reubicadas en polideportivos o viviendas de familiares. Mientras, casi un millar de efectivos luchan contra las llamas y el viento en una pelea desigual.

Y en medio de los desalojos, durante la tarde llegaron los cortes de carretera, bien por el peligro para las personas que pudiesen cogerlas, como la de Mazagón a Moguer, o bien para dejar vía libre a los servicios de emergencia, como la de Matañascañas a El Rocío. En el caso de esta última, la A-483, la Guardia Civil reguló el tráfico hasta que a las 18:11 horas nadie pudo usarla ya. Era la hora punta de salida de la playa tras un día de descanso, y miles de personas se quedaron tanto en el arcén como en las atascadas calles de Matalascañas en busca de salida.

No se sabe la cifra exacta. Algunas optaron por volver a sus casas temporales, otras por prepararse para pasar la noche, si es necesario, en los coches. En ese punto ha salido a relucir la solidaridad de los vecinos con vivienda propia, que han ofrecido sus casas para que pasen la noche las personas que ocupaban los arcenes con sus coches.

En medio del dantesco paisaje que se observa desde casi cualquier punto de la costa, el daño a Doñana parece imposible de evitar. Juanjo Carmona, portavoz de WWF en el Espacio Natural, entiende que se pueden evitar o al menos controlar siniestros como este “pero para eso hay que crear un paisaje más en mosaico, porque el pinar sólo tiene estas consecuencias, además de que arde muy rápido”.

“Es importante contar con paisajes más heterogéneos, y trabajar antes del verano para evitar incendios”, explica Carmona, que recuerda que el fuego ha llegado a “una zona de linces, con varias hembras, donde habrá que valorar qué ha pasado, pero sobre todo es importante saber bien qué ha pasado, para que no vuelva a ocurrir, y esto pasa por una buena restauración en la zona”.

“Una noche toledana”

“Ha sido una noche toledana”, cuenta María Teresa Quilón, vecina de Sevilla, que desde hace 25 años pasa cada verano con su familia en su segunda residencia en el centro urbano de Mazagón.

Narra esta mujer que “estábamos en casa y notamos un fuerte olor a humo, no se podía respirar. Salimos al jardín y vimos todo el cielo rojo cubierto por las llamas y el fuego. Era impresionante. Llamamos al 112 y nos dijeron que esperásemos a que las autoridades informasen de lo que sucedía. Esperamos un rato, dudando sobre qué hacer. Mis nietos estaban durmiendo. Volvimos a salir al jardín y vimos todo el cielo lleno de cenizas. Dos dedos cubrían el coche. Decidimos entonces recoger las cosas e irnos porque nos daba miedo estar allí.”

El incendio estaba hacia el este, por la parte de Mazagón, y María Teresa y su familia salieron dirección a Sevilla, hacia el oeste. “La Guardia Civil estaba organizando la salida. Por el camino se veía todo el fuego que estaba en toda la zona de Moguer. Llegamos a Sevilla sobre las 4 de la mañana. Ahora estamos tranquilos, también preocupados porque nuestra casa está allí, aunque sea lo de menos porque estamos bien. Han sido unas horas de desconcierto porque nadie nos decía nada. Lo entiendo porque primero tenían que atender a quienes estaban más cerca”. “A ver si consiguen parar esto y que quede solo en un susto”, concluye sus testimonio.

Cada año, una asociación de karate organiza un encuentro en el Camping de Doñana. Este año, habían acudido un centenar de personas entre practicantes y familiares. A las ocho de la tarde estaban practicando en la orilla de la playa. Fue cuando empezaron a ver el humo y el cielo de un tono anaranjado. Sin darle más importancia en ese momento porque no era muy llamativo. Ya en las cabañas, sobre las doce de la noche empezaron a ver a muchos, a desordenadas filas de coches, salir. El fuego ya se veía más rojo y cerca. “La gente empezó a salir en avalancha. Preguntamos a la Guardia Civil, que estaba allí ordenando la salida y calmando a la gente, y nos informaron con mucha serenidad de que no había ninguna orden de evacuación porque el fuego estaba muy lejos”, explica Susana Oliva, secretaria de la asociación.

“Yo me fui a la playa porque recordé lo que hacía poco había pasado en un incendio de Portugal en el que gente murió en la carretera. Por el contrario, en la playa, pensé ”si viene el fuego, nos metemos en el mar“. Allí estuvieron varios grupos de personas alojadas en el camping hasta las cuatro de la mañana, que volvieron a subir a las cabañas, ya todo más en calma. La Guardia Civil volvió a informarles de que no había riesgo.

El fuego estaba a 10 kilométros, y por tanto no se había actividado ninguna orden de evacuación, que se inicia cuando está a menos de 4 kilómetros, pero les aconsejaban dejar preparados los coches. “Nos comentaron que habían evacuado el camping Mazagon y El Parador, cuando aún no había salido ardiendo el aparcamiento.” A los pocos minutos fueron evacuados preventivamente.

Isaac Gómez, bombero profesional del sector aeronáutico, también testigo de lo que sucedía desde la zona del camping, explica que “es común en estas situaciones que las personas se pongan nerviosas porque desconocen lo que está pasando y que se contagie. Más cuando se trata del fuego, que aparenta estar más cerca. Es difícil medir visualmente la distancia a la que está. A todo eso se unió que se fue un par de veces la luz y algunas personas entraron momentáneamente en pánico. Desalojamos la zona antes de que fuese necesario, pero era difícil poner orden en una situación así”.

Otros testigos que estaban en el camping añaden: “Lo que nos pasa al común de los mortales es que no sabemos actuar en una situación de emergencia. Cuando vemos el fuego, es lógico que nos pongamos nerviosos. Aún así pudimos salir con calma, organizados por la Guardia Civil. Bastante bien fue todo para la de gente que había en el camping, que estaba lleno”. Más allá del susto y de algunas pertenencias olvidadas en las cabañas, lo importante es que todos están bien. 

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