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Sobre este blog

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) cuenta con 23 institutos/centros de investigación, propios o mixtos, en Andalucía. En este espacio de divulgación, las opiniones de los autores expresadas en este blog son de exclusiva responsabilidad de los mismos.

¿Cuánta es la Biodiversidad?

Las interacciones de las especies forman redes complejas semejantes a las que dan base a internet

Pedro Jordano

Estación Biológica de Doñana (EBD/CSIC) —

Una de los de los grandes retos que mantiene la ecología como ciencia es conocer las reglas que regulan las diferencias de abundancia de las especies. ¿Por qué hay especies (de plantas, de animales) que son muy comunes y otras, en cambio, son rarísimas? ¿Qué factores determinan la riqueza y abundancia de especies en la Tierra?

La biodiversidad en el Planeta no ha hecho sino crecer durante los últimos 3.500 millones de años, pero con un ritmo pautado por cinco grandes eventos de extinción en masa. Por ello, ha desaparecido casi un 95% de las especies que en algún momento han poblado la Tierra. Una extinción en masa tiene tres características: afecta a una considerable proporción (al menos 75%) de la biota terrestre o marina en un periodo dado; ese periodo es breve (desde una perspectiva “geológica” del tiempo); y la extinción acontece sobre una extensión geográfica amplia.

En tanto que en, al menos, tres de los cinco grandes eventos de extinción han tenido que ver impactos extraterrestres (meteoritos, cometas), muy probablemente estamos asistiendo al sexto evento de extinción: la gran extinción asociada al antropoceno, el periodo que abarca los últimos 15.000 años, aproximadamente. Y en esta sexta extinción, el principal factor causal es la acción del hombre.

La extinción de las especies, al igual que su origen, es muy dinámica. La última edición de la lista de especies amenazadas, elaborada por la Unión Internacional para Conservación de la Naturaleza (IUCN) en noviembre de 2014, enlista 76.000 especies. ¿Cuáles son las cifras de la biodiversidad? Damos nombre a unas 18.000 especies por año; y ya tenemos nombradas aproximadamente 1,8 millones. Ignoramos cuantas especies hay en el Planeta, pero estimamos que son entre 9 y 12 millones; o 20 millones, quizás. No sabemos. Pero estimamos también que perdemos entre el 0,05 y el 0,72% por año.

Un reciente estudio en la revista Nature por Newbold y colaboradores señala que sólo los cambios del uso de la tierra (para cultivos, minería, etc.) han causado en los últimos 500 años un declive promedio del 8,5% (con estimas de error de 4–13%) en la diversidad local de diferentes ecosistemas. Los escenarios que examinan para los próximos 100 años sugieren que, si no intervenimos cambiando las prácticas devastadoras de uso de la tierra, el promedio de riqueza de especies caerá en un 3,4% adicional. Esas cifras de pérdida no son triviales, dado que la extinción de las especies es difícilmente reversible. Es la primera prueba empírica de los efectos devastadores del antropoceno.

¿Es eso todo? No, ciertamente; hay más biodiversidad aparte de las especies en sí. Las especies no viven aisladas en la naturaleza. No hay una sola especie en la Tierra que no interaccione con otra. Por ello una de las imágenes icónicas de un ecosistema nos la proporcionó Charles Darwin, que describía estas relaciones entre especies como la espesura del soto ribereño en un río, con su intrincado entrelazado de ramas y hojas.

Las interacciones ecológicas, al igual que las especies, también se extinguen. Y pueden hacerlo antes de que se pierdan las especies. Por ejemplo, fragmentos de bosque tropical en Amazonia, remanentes tras la deforestación, pueden tener escasos individuos de algunas especies: se podría avistar algún tapir o algún tucán. Pero cuando quedan pocos individuos de una especie se pierden las funciones ecológicas de esa especie: los árboles cuyas semillas son dispersadas por los tapires o tucanes ya no contarían con suficientes dispersores como para garantizar la regeneración natural del bosque.

Es el “síndrome del bosque vacío”: las especies pueden estar ahí, pero su ecología ha sido tan transformada que se han perdido sus funciones ecológicas clave, haciendo peligrar la persistencia del ecosistema. Esas interacciones son también biodiversidad, es más, son la arquitectura de la biodiversidad, porque conforman el armazón ecológico que sostiene a las especies. Pero esas valiosas interacciones ecológicas pueden perderse (extinguirse) bastante antes de que se pierdan las especies, resultando en alteraciones graves del funcionamiento de los ecosistemas.

Las interacciones de las especies no se conforman de forma simple ni azarosa en los ecosistemas. Forman redes complejas semejantes a las que dan base a internet, o a las conexiones entre neuronas en el cerebro, o a las relaciones entre los genes del genoma. Al igual que en un pequeño juego de Meccano o Lego, si unimos al azar las piezas de un modelo jamás tendremos un cacharro que funcione: sólo si seguimos las reglas de ensamblaje obtendremos un modelo perfectamente funcional.

Los estudios más recientes sobre redes complejas en ecosistemas revelan que la biodiversidad depende estrechamente de esas interacciones. La estabilidad de los ecosistemas y su capacidad de retorno a estados de equilibrio depende de forma crucial de que se preserven los elementos centrales de la red de interacciones ecológicas.

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