Gastropatios: el maridaje perfecto en estos oasis urbanos de Córdoba

Una turista en una degustación de los 'Gastropatios' de Córdoba.

Más allá del concurso oficial de los Patios Cordobeses que se celebra cada mes de mayo, este año se estrena en junio una nueva iniciativa que tiene como protagonistas a estos oasis urbanos declarados Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Se trata de Gastropatios, una propuesta que ofrece el maridaje perfecto entre la visita a los patios y los mejores productos gastronómicos con Denominación de Origen de esta tierra.

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Ocho son los patios de la zona de la Axerquía Norte en el casco histórico de la capital cordobesa que abren sus puertas al atardecer de los viernes y sábados del mes de junio para estrenar esta iniciativa. Para acceder a ellos, el visitante deberá adquirir por un precio de 5 euros un visado que será sellado a la entrada de cada uno de los patios del recorrido en esta nueva experiencia gastroturística.

Y, una vez dentro, uno a uno, los sentidos toman el mando de la visita. De un lado, la belleza en la estampa visual que ofrecen los patios, llenos de plantas y flores, con sus aromas y un frescor propio que les convierte en verdaderos remansos climáticos en el preludio del verano cordobés. De otro lado, el sabor en la degustación de cada uno de los productos con sello propio cordobés, que se pueden adquirir en cada una de las paradas.

El visitante realiza el recorrido de manera libre, mapa en mano para ir de calle en calle en busca de cada patio. Para empezar, por ejemplo, por los tres patios situados en la calle Parras e ir, uno a uno, probando distintos manjares: en uno, aceites de oliva virgen extra y otros productos- desde mermeladas a cosmética- hechos a partir de él; en uno segundo patio, el mejor jamón y productos ibéricos de la comarca; y en el tercer patio de esta misma calle, todo un surtido de mieles y derivados para poner el punto dulce.

Y en cada uno de los patios, un horizonte de verdor y el colorido de multitud de flores en los muros encalados, paredes de ladrillos y brocales de pozo: desde lo clásicos geranios y gitanillas a las hortensias, alguna buganvilla, rosales, limoneros y decenas de otras especies que con mimo cuidan todo el año los propietarios de estos oasis urbanos.

“Son preciosos, preciosos”, dice con la mirada en cada una de las macetas Magdalena, que desde Valencia ha venido con un amigo a pasar estos días en Córdoba. Cuentan que se han quedado maravillados al ver estos típicos recintos floridos que no conocían y, la idea de vincularlos a probar los mejores productos de la tierra no ha caído en saco roto. Prueban, de uno y otro patio, cada producto que se les ofrece y ante un expositor repleto de los mejores ibéricos piensan cuál llevarse.

En esa misma decisión andan Vicente y Alejandra, una joven pareja que espera un bebé en pocos meses y han acudido a los patios aconsejados desde la oficina de turismo que visitaron a su llegada a la ciudad. “Es muy buena idea, sobre todo para conocer los productos más típicos de aquí”, explican. Plano y visado en mano, visualizan qué otros patios les queda por visitar y qué otros manjares por probar.

Así, la ruta de los Gastropatios –que pretende ser un impulso de los productos de la tierra a partir del atractivo propio de los patios-, puede continuar hacia la calle Ocaña, donde desde su suelo de típico empedrado cordobés se visualiza la galería porticada que lo rodea, con plantas y flores por doquier.

Allí, los protagonistas son los quesos artesanos, de oveja y cabra, con distinta curación y presentación. Luego, en el patio del Pozanco, de diseño más sobrio y moderno, los preparados y conservas naturales con productos de la huerta local llaman al apetito del visitante, al que le quedan aún tres patios con sendas sugerencias gastronómicas más.

Dos amigas de Madrid, Carla y María, con su cámara fotográfica en ristre, no desperdician la oportunidad de llevarse a casa las mejores estampas de cada uno de los patios. Luego, casa a casa, van abriendo el apetito también gracias a las degustaciones, que abren una nueva ronda en otras tres calles del casco histórico. En la calle Mariano Amaya, confitura de oliva y aceite virgen extra; en la calle Alvar Rodríguez, jamón ibérico del Valle de los Pedroches; y, por último, una selección de quesos de Los Balanchares en la calle Frailes.

Pero al paladar de los turistas le queda aún un producto que degustar, ya fuera de los patios pero en otros recintos tan típicos como ellos: las tabernas, que ofrecen al visitante una copa de fino Montilla-Moriles. En cuatro puntos del recorrido de los Gastropatios, otras tantas tabernas con solera abren sus puertas a quienes participan en este particular itinerario para servirles los mejores caldos de la Denominación de Origen cordobesa. Copa en mano, es momento para paladear esta experiencia.

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