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Un primer día de colegio distinto a todos los demás: "Había mucho miedo y desinformación"

Primer día de colegio de muchos niños y niñas en este curso marcado por la pandemia (Málaga)

Son las 9.50 de la mañana, la hora señalada para los niños y niñas de tres años, y cada cual lleva los nervios como puede: algunos lloran (madres, padres, niños y niñas); la mayoría busca brazos; y otros simplemente observan, hasta que alguien les hace pasar al patio, donde se agrupan por el color de su camiseta. Entonces ocurre: una cría decide que aún no ha llegado el momento y que su lugar todavía no es ese. La niña se zafa del marcaje y consigue remontar parte de la rampa de entrada. Corre con todas sus fuerzas y pasan unos segundos interminables, hasta que la interceptan a dos metros de la meta. Hay mucha épica en la escena: una rebelión destinada a no llegar a ningún sitio, aunque todos allí entiendan los motivos.

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Nunca se vuelve a vivir el primer día de colegio, pero solo los padres son del todo conscientes de esto. Y sólo los padres saben que el virus hace que este primer día sea diferente a todos los demás. Por eso, este año, las más nerviosas eran las familias. Mario se señala la mascarilla, explica lo obvio a su joven interlocutor (“mira, llevo mascarilla”) y luego, en un giro inesperado, muestra una mochila de astronautas: “Y también esta mochila”. Acaba de conocer a su compañero a la entrada del Colegio García Lorca, en el centro de Málaga, que este jueves ha abierto sus puertas, al igual que otros 2.551 centros educativos andaluces. La Junta de Andalucía ha informado de que sólo siete no han abierto.

Mario ha entrado contento, y eso que aún no sabía que se iba a reencontrar con un viejo amigo de la guardería. Pero a la puerta del colegio hay estampas de todo tipo. “Lo difícil vendrá mañana, cuando ya sabrán lo que hay”, comenta una madre con sorna.

Aglomeraciones a la entrada para despedir a los niños

A las puertas del colegio, decenas de padres se han agolpado intentando captar lo máximo del primer día de sus hijos, escudriñando por la ranura hasta que la puerta se cierra. “Las normas del colegio nos han parecido fantásticas, y por eso hemos traído a mi hija, pero la entrada ha sido un desastre. ¿De qué vale organizar tanto si luego pasa esto fuera?”, se pregunta Noemí. A su lado, Alonso Lara propone fijar algún tipo de cordón que evite que se repitan esas escenas, y critica la ausencia de Policía Local. “Es normal que quieras despedirte del niño, pero no te quedes mirando. Hay padres que graban un vídeo de cómo baja su hijo, y dónde se ve a otros menores. Puede que no sea legal”, razona.

Inmaculada Luque, de la AMPA La Barraca, señala en cambio que todo le ha parecido muy organizado. “Han venido un par de padres a decir que lo han visto todo muy bien, y que estaban más nerviosos ellos que los niños”.

Situado en el Ensanche (hoy conocido como Soho), el Colegio Público García Lorca es bilingüe (francés), tiene 680 alumnos de 3 a 12 años, y goza de un notable prestigio académico en la ciudad. Cuenta su director, Santiago Ortiz, que escenas como las de esta mañana son inevitables y asegura que se irán corrigiendo. A media mañana, está satisfecho con los primeros compases del curso. “Lo fundamental era tranquilizarlos. Existía mucho miedo, mucha desinformación”, señala.

“La administración ha dado informaciones contradictorias”

El centro que dirige ha mantenido su plan inicial de abrir para todas las edades, a pesar de que una circular dictada el pasado 3 de septiembre permite a los colegios escalonar las entradas. “La administración ha dado muchas informaciones contradictorias, incluso a los servicios de inspección”, lamenta el director. Otro dato muestra el escaso margen con el que han trabajado los centros: justo antes de atender al periodista, Ortiz recibió a las tres maestras de refuerzo Covid. Venían sin el test rápido, por lo que el propio director ha gestionado la cita con el Centro de Salud.

El centro se ha adaptado dentro de sus limitadas posibilidades. Han señalizado itinerarios y zonas en pasillos y patio, estructurado las entradas con dos horarios por cada una de las tres puertas, ampliado el comedor al salón de actos y fijado turnos de recreo. Pero la masificación es un problema que no pueden resolver: “Tenemos las ratios más altas posibles, a 25, incluso hay clases con 26. Dentro de la clase trataremos de aprovechar el espacio para hacer la separación máxima”. Ortiz también está negociando para mantener los grupos de las aulas en el comedor. “Hay unos reales decretos que están por encima de la licitación. Hablamos de un problema de salud pública.”.

Otro problema no resuelto del todo es la limpieza, de competencia municipal. No ha habido desde el 30 de junio al 1 de septiembre, a pesar de que se han realizado obras en el colegio. Esto ha retrasado algunos trabajos de adaptación y señalización. El colegio está “en condiciones para entrar, pero no del todo limpio”, admite Ortiz, que añade: “Trabajamos para que el colegio no se nos caiga. Llevamos cuatro años pidiendo el cuarto de baño de cuatro años y la Junta no ha puesto un duro. Las administraciones nos han dejado muy solos. No solo a nosotros, a todos los colegios”. 

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Publicado el
10 de septiembre de 2020 - 21:27 h

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