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Del exilio a la reivindicación: el artista oscense Agustín Alamán sale del olvido

Agustín Alamán en su estudio.

Una vieja fotografía familiar, un rostro desconocido y una historia apasionante detrás. Ingredientes con los que la periodista Esther Puisac Nogarol está reconstruyendo la vida y milagros de Agustín Alamán, artista que gozó de un gran predicamento fuera de España y prácticamente un desconocido en su tierra. Una situación que se explica en parte por su condición de exiliado durante la Guerra Civil. De credo anarquista, huyó a Francia en 1938 y después se marcharía a Uruguay, donde se le sigue contando entre los nombres destacados de la expresión artística. Falleció, entre la discreción y el olvido, en 1996 en Madrid.

Esther Puisac es, como Alamán, natural de Tabernas de Isuela, una pedanía de Huesca. Circulaba por su casa familiar una imagen de la década de los setenta en la que, junto a sus abuelo, Miguel Nogarol, su hermana y el marido de esta aparecía una figura desconocida. Se le identificó siempre como un amigo de la familia hasta que la periodista encontró en Internet y por casualidad referencias de un pintor de este municipio. Al acudir de nuevo a su familia esta confirmó que se trataba del artista. Un hilo del que tirar y que ha desembocado, por el momento, en una exposición de su obra a finales del pasado año en la capital oscense y en una futura biografía que se publicará en 2021.

Alamán nació en 1921, hijo y nieto de los herreros de Tabernas de Isuela. Pronto entró en contacto con la CNT y esa raíz anarcosindicalista le podría emparentar de manera clara con Ramón Acín, el artista y pedagogo asesinado en Huesca durante los primeros días del alzamiento militar y adalid de esta ideología en el Alto Aragón. El bando nacional se cobró varios fusilamientos entre los suyos y en 1938 tuvo que huir a Francia a través de Barcelona. En el país vecino conoció los campos de concentración en Septfonds y de trabajo en Alès y Miramas como tantos otros miles de exiliados españoles.

Liberado en 1944, luchó con la resistencia en el frente antifascista al tiempo que daba inicio a una carrera artística ignota en su propia tierra. De manera autodidacta, le bastaron unos pocos meses para exponer junto a Pablo Picasso en una de las muestras de Arte y Exilio que organizaba Federica Montseny. En Francia se casó con Josefina Fernández, a la que conoció en Alès, y en Francia nacieron sus tres hijos: Esmeralda, Laura y Lucio.

En 1955 se marchó con su familia a Uruguay para dejar atrás una Europa en reconstrucción y una patria a la que le resultaba imposible regresar. Lo hizo gracias a una cuantiosa ayuda donada por Nestlé por el alumbramiento de los niños y con ese dinero se pagó el pasaje de siete personas. Al otro lado del charco compaginó el trabajo de albañil junto a un hermano con su propia evolución artística, de la abstracción al geometrismo y, sobre todo, el informalismo. Pintaba de noche y de madrugada.

Realizó su primera exposición individual en la Librería Alfa del editor Benito Milla. Las intuiciones estéticas de Alamán, un hombre de gran calidez humana e insobornable sentido ético, lo condujeron hacia el informalismo, con audacia en el empleo de materiales vulgares (cemento, arena, bolsas de arpillera cosidas...). Su oficio de albañil lo ayudó en el manejo de los elementos de la vida cotidiana (madera, chapa, marmolina, cal y arena). En 1961 participó en el Salón Arcobaleno de Punta del Este y un jurado integrado exclusivamente de críticos le otorgó el primer premio en pintura. A partir de ahí impuso su nombre en la consideración del público y la crítica más exigente.

Alamán, en el periodo previo a la instauración de la dictadura militar uruguaya, decidió regresar a Madrid en 1971. Fue su tercer exilio. Allí se dedicaría a la fabricación de marcos y se centró en la escultura, soslayando en buena medida la creación pictórica. Su muerte pasó inadvertida. Dejó una obra importante, hoy solamente localizable en las instituciones que lo premiaron y algunas pocas colecciones privadas al margen de la muestra realizada en Huesca en noviembre de 2020. “Su sólida materia pictórica, hecha de aglutinantes varios, está atravesada por fisuras y repliegues, hasta adquirir una trágica dimensión poética en una tela inolvidable titulada Belchite, dominada la superficie por grises plomizos y opresivos en una metáfora abstracta de opresiones pasadas e inminentes”, señaló la crítica sudamericana.

Esther Puisac ya desglosó su figura en un ciclo de conferencias que se llevó a cabo en octubre y la pequeña exposición con obras del artista cedidas por diferentes coleccionistas, la primera en su tierra. También se preparan actos de homenaje y memoria en Aragón, Madrid, Francia y Uruguay para una figura de la que el próximo año se cumplirá el centenario de su nacimiento. El franquismo trató de aplicar capas de olvido en figuras políticas y culturales como las del propio Ramón Acín, Luis Buñuel o Ramón J. Sender. La de Alamán fue una muerte física e intelectual a la que la labor de la periodista comienza a hacer justicia.

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Publicado el
4 de septiembre de 2020 - 23:19 h

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