Forestalia suma avales para instalar una planta de biomasa en Zuera tras el fiasco de Monzón

Un camión se prepara para transportar troncos de madera hacia su destino industrial.

Eduardo Bayona


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Forestalia sigue reuniendo avales para su proyecto de instalación de una planta de generación de electricidad mediante la quema de biomasa en el polígono industrial El Campillo, en Zuera, donde retoma una iniciativa similar a la que hace unos años terminó en fiasco en Monzón, donde acabó quedándose sin opciones de construir la polémica factoría al haber acabado por caducar los permisos iniciales.

La empresa energética aragonesa encontró en la capital del Cinca Medio una firme oposición vecinal liderada por el movimiento ecologista, que también mantiene un posicionamiento crítico con este nuevo proyecto.

De hecho, su representante fue el único en votar en contra del proyecto en la última sesión del Consejo de Ordenación del Territorio, que hace unos días emitió un informe favorable a la instalación dentro del proceso de evaluación de impacto ambiental que tramita el Inaga (Instituto Aragonés de Gestión Ambiental).

El organismo puso tres condiciones al proyecto: deberá asegurar “la conservación de los valores paisajísticos mediante la integración de todos los elementos”, tendrá que “incluir el balance del impacto final sobre la actividad socioeconómica en el territorio afectado” y habrá de prever “el mantenimiento o no modificación significativa de los trazados de los caminos, sistemas de riego y drenaje preexistentes”.

El visto bueno de Ordenación del Territorio incluye sendas referencias a su “reflexión sobre la creciente pérdida de naturalidad y del valor paisajístico de las unidades de paisaje de este territorio que conllevará la implantación de instalaciones de energías renovables” y a “la preocupación por la falta de planificación territorial, ambiental y sectorial [en el despliegue de esas plantas], que dificulta la completa valoración de los efectos acumulativos de estas infraestructuras en la zona de implantación”.

Madera procedente de la limpieza de áreas forestales

Básicamente, la planta de biomasa que Forestalia promueve en Zuera sería una instalación con una potencia nominal de 49,5 Mw.h (Megawatios.hora), equivalentes a 173 de tipo térmico, cuyo combustible estaría compuesto en un 57% por biomasa forestal procedente de explotaciones forestales, lo que incluye maderas muy calóricas como las de pino y chopo y otras de menor potencia como las de encina, roble y castaño, mientras el otro 43% sería biomasa herbácea “procedente de explotaciones agrícolas”, lo que abarca tanto paja de cereal como cultivos energéticos.

El proyecto de Monzón contemplaba la quema de más de 50 toneladas por hora de eucalipto, chopo y caña, un planteamiento inviable en la práctica al requerir el cultivo de más de 7.000 hectáreas de terreno de regadío en un radio de menos de 60 kilómetros a partir de la central.

La planta de Zuera “se alimentaría de biomasa agroforestal, de madera procedente de limpiezas de montes, pero no habría plantaciones de eucalipto ni otras especies de cultivos energéticos”, explicaron fuentes de Forestalia, que destacaron cómo el proyecto está “supeditado y condicionado” a que la empresa consiga un precio mínimo asegurado para su electricidad en una de las subastas de renovables del  Miteco (Ministerio para la Transición Ecológica), la próxima de las cuales está señalada para el 25 de octubre.

Los principales motivos de oposición local a este tipo de instalaciones se concentran en el ámbito medioambiental, por el elevado volumen de gases contaminantes que emiten y por las afecciones que generan en el tráfico rodado de las áreas en las que se ubican, que se ve intensificado por el acarreo de la biomasa.

Una chimenea de sesenta metros de altura

Sobre el papel, la planta de biomasa generaría en torno a medio centenar de puestos de trabajo, a los que se sumarían otros 300 indirectos y una cifra similar durante la fase de construcción en un municipio de casi 8.600 habitantes.

La ubicación elegida por Forestalia se encuentra a tres kilómetros del casco urbano, en una zona pendiente de ampliación del polígono industrial El Campillo en la que, de salir adelante el proyecto, se levantarían tres torres de elevado impacto visual: una de sesenta metros de altura y 2,6 de diámetro en la zona de potencia de las instalaciones y otras dos de entre 16 y 18 que formarían parte del sistema de refrigeración, a las que se añadirían un silo para las cenizas, un ‘búnker’ para las escorias y una subestación transformadora.

La central de biomasa ocuparía una superficie de casi nueve hectáreas (86.906 metros cuadrados), la mayor parte de las cuales se destinaría al almacenamiento, por separado, de la biomasa leñosa y la herbácea y a su tratamiento antes de ser quemada.

Esa parte incluye elementos como un “parque de biomasa a la intemperie”, un almacén para las balas de paja, suelos móviles para la descarga de biomasa astillada y un silo de almacenamiento de biomasa leñosa, además de sistemas de trituración, cintas de transporte para alimentar la caldera y dos básculas.

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