Dry brain / cerebro seco
Dry January es el nombre de la última tendencia viral a nivel mundial. Consiste en aceptar un reto: dejar el alcohol en enero. Miles de perfiles comparten la iniciativa, se suman los medios de comunicación que narran las virtudes de no beber alcohol. Se gana en salud pero solo hasta febrero, cuando surja el siguiente trend.
Son los tiempos, pero vivir a golpe de tendencia es ser esclavo de la voluntad de otro. Vivimos en una sociedad en la que lo que está bien o mal, lo que se lleva o no, pasa a una velocidad de vértigo. En parte por la vorágine consumista a la que nos empuja el capitalismo, en parte por la necesidad de las redes sociales de generar contenido nuevo constantemente para sobrevivir. No olvidemos que nuestro ocio es el negocio de otro.
Pero en un carrusel de tendencias que lleva la velocidad de un Fórmula 1 hay algo claro: es imposible estar a todo. Y esa imposibilidad hace que cunda en muchos una sensación de desasosiego por no llegar o por no ser capaz de estar al día de todo lo que se lleva. Porque el trend va de lo más general o lo más sesudo a lo más concreto o insignificante.
Quizá lea usted esta columna y piense que exagero. ¡Enhorabuena!, eso significa que tiene convicciones firmes, gustos sólidos y sus valores claros. Seguramente sea una persona segura de sí misma que se ha educado en un entorno que así lo ha propiciado y, sobre todo, más que probablemente ha madurado antes de que se impusiese este frenesí de tendencias efímeras. Pero, por desgracia, no todo el mundo tiene esa suerte. Usted ha podido decir durante décadas torpedo sin que alguien le mirase mal, los chavales que decían PEC hace dos días ya lo tienen vetado.
Más del 60% de los jóvenes de entre 19 y 36 años de España creen que las redes sociales aumentan el estrés y la ansiedad y casi la mitad la han sufrido por el miedo a perderse algo (Encuesta Merck: Salud Emocional). Atender a lo último nos hace a veces no pensar en lo importante. Son tantos inputs nuevos, generalmente huecos, que la cultura general con algo de sustancia también va menguando. Así que no solo está en peligro el estado de la salud mental, también del conocimiento.
Se hace urgente frenar. Bajar del carrusel es imposible, las tendencias son normales y deseables en una sociedad que progresa, que no se estanca. Pero necesitamos poner un pie en tierra. Urge la contracultura. Convertir en tendencia pasar del trend. Explorar algo más que lo que ve o escucha la mayoría, cultivar un estilo propio, que el trend se adapte a ti, no tú a él. De no hacerlo corremos el peligro de que se nos vaya secando el cerebro poco a poco y el dry brain sea la tendencia más duradera del siglo XXI.
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