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Sobre este blog

El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.

Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.

La derecha, pura ley de la selva. Allá y acá

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, el pasado 15 de diciembre de 2025.
5 de enero de 2026 22:00 h

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El salvaje y asesino Donald Trump ha bombardeado Venezuela -decenas y decenas de muertos- y secuestrado al presidente de aquel país, Nicolás Maduro, y a su esposa, Cilia Flores, para unas horas después, como un vulgar trofeo de caza, mostrarle esposado y humillado en el camino hacia el juzgado donde se le acusará de narcoterrorismo. El salvaje, asesino y codicioso compulsivo Donald Trump ya ha contado al mundo que las empresas yanquis se harán con el petróleo venezolano y que están dispuestas a ganar muchísimo dinero. Y para poder llevar a cabo su política bestial e inhumana, el salvaje, asesino, codicioso e incompetente Donald Trump está dispuesto a la ruin operación de dejar al régimen chavista vivo para que sirvan de escuderos a sus petroleras yanquis. Gobiernan el mundo los villanos de los cómics o las series, gentes sin escrúpulos y sin el menor respeto a la legalidad nacional -se ha saltado todas las normas constitucionales de su país- o internacional, como han demostrado los Delta Force de gatillo fácil. Son Darth Vader, Lex Luthor, el Joker, Homelander o Vecna ¿Que Venezuela va a vivir años en el caos, como ya ocurriera con las estúpidas y chapuceras -además de criminales- invasiones de Afganistán o Irak? Y eso, a quién le importa si sus chicos de Texas se llevan millones y millones de dólares a la faltriquera.

Putin invade Ucrania con total impunidad. Netanyahu masacra Gaza, y no solo Gaza. Trump traduce su vesania en una película de Hollywood. Se acabó la legalidad internacional. El mundo, hoy, es una jungla donde los animales más fieros y con menos escrúpulos reinan sin nadie que ponga límites. Fin de una era, estamos en otro infierno.  

Y si por acullá los depredadores muestran sus colmillos y su enorme capacidad de ejercer la maldad, acá sus correligionarios de la derecha y la extrema derecha, hoy indiferenciables y unidos de manera aberrante como insanos hermanos siameses, ven cómo su futuro se abre a un brillante arco iris, el poder será nuestro, enterraremos a los zurdos en simbólicas cunetas y, si se ponen farrucos, quitaremos a las fosas lo de simbólicas. Había que verlos, qué cara de satisfacción con la salvajada de Trump. ¡Qué alegría irreprimible la de Díaz Ayuso! Y con qué cara de tontos han acabado la historia, Delcy en el sillón y Corina en la calle. Así que puestos a examinar malos, quedémonos con los que habitan en esta siempre sufriente piel de toro. 

Empezamos el año peor de como lo terminamos, en esta larga marcha que nos lleva de la nada a la más absoluta miseria. Echan toneladas de maloliente estiércol desde la derecha más paleolítica, la que dizque moderada y es mala como un dolor, el implacable partido judicial, hacemos lo que se nos pone en las togas y unos medios de comunicación repugnantes hasta la náusea. Los conocíamos a todos: tú eres Santiaguito, tú Albertito, aquel es Manolito y este otro Eduardito. Pero es que ahora, con los últimos efluvios del apestoso 2025, aparecen en el éter, cada uno a su aire, en esta columnita nunca hemos sido conspiranoicos, algunos políticos, finos analistas y periodistas de pro, todos ellos de juicio hasta ahora bastante apreciado en medios progresistas, que sin saber muy bien por qué han añadido sus pareceres -respetables, faltaría más- a esta oleada antisanchista que nos invade. 

Que se vaya el presidente del Gobierno, dicen, porque esta situación de ahogo patibulario es insostenible y necesitamos volver a la decencia, cosa que nunca lograremos con él en el machito. Lo primero que uno se pregunta es por qué no encabezamos esa deseada vuelta a la normalidad democrática pidiendo que sea Alberto Núñez Feijóo, mentira tras mentira, bazofia tras bazofia, Mazón tras Díaz Ayuso, quien se vaya de la política para que otro dirigente devuelva a la derecha al campo de la decencia. En segundo lugar, exigencia radical al Consejo del Poder Judicial para que aparte de la carrera a esos jueces que ensucian a sus pares con persecuciones miserables o sentencias deleznables al tiempo que deberíamos afanarnos en pedir con energía que se hagan de una vez las leyes para acabar con la vergüenza de unos medios de comunicación mentirosos, zafios y vomitivos. 

Y al sancocho, además, le añaden un poco de pimienta. ¿Y si estudiamos de verdad, nos dicen, una coalición PP-PSOE, para evitar que gobierne Vox? Alguno, Rodríguez Ibarra, ya lo ha propuesto en serio, y en los mentideros de la Villa y Corte la especie se multiplica, dicen que otros socialistas del antiguo régimen van susurrando la propuesta por saraos, distinguidas reuniones y potentes lobbies. Que corra la especie de manera inocente por los capilares de esta tierra yerma, pensarán, que en algún momento a lo mejor hay que airear la fantasía. Es verdad que en Alemania se ha hecho así, pero hay notables diferencias. La primera y fundamental, y ya habrá tiempo para otras consideraciones, que la derecha alemana huyó como de la peste de los neofascistas, mientras que aquí Feijóo ya ha dicho alto y claro que los españoles quieren una unión PP-Vox. Y él se la va a dar. Con un abrazo de hermanos. Pero no perdamos el oremus: salta a la vista para cualquier observador despierto, que por ahora solo se trata de una trampa encaminada, en primer lugar, a cargarse a Sánchez, nuestro único objetivo, acabar con el presidente que se come a los niños crudos y que vuelvan los de siempre. Iremos informando.

Pero ni tan siquiera es este, a juicio del Ojo, tan a menudo equivocado, lo que debe guiarnos entre la bruma viscosa de esa pretendida vuelta a los tiempos idílicos de cuando la pelea política era cosa de hidalgos y respetables figuras, siempre honestas, sin mezcla de mal alguno. Ave María Purísima, cómo se querían todos. Resulta un tanto sorprendente ver cómo se suma cierta izquierda de pitiminí a la tesis de la sucia derecha de que la solución a la barbarie actual pasa por la eliminación del vilipendiado Sánchez, de inclinaciones podemitas, acusan, y el botín deben heredarlo, precisamente, quienes fueron sus infames verdugos. A sus dueños de siempre, vaya. Muerto el perro, se acabó la rabia. O sea, que la culpa es de ella, que llevaba una provocadora minifalda. Pasa mucho. Si Allende no se hubiera empecinado en seguir en La Moneda, Augusto Pinochet, pobrecito, no hubiera tenido que masacrar y torturar a miles de chilenos. 

Pero es que la cosa no trata de si se obtienen unos puntos más o menos en unas elecciones o de relevar un nombre dicen que gastado. Todo este bárbaro conglomerado, las derechas siempre han sabido utilizar a las izquierdas biempensantes, busca otra cosa mucho más importante, y ahí está la madre del cordero, grita el Ojo, porque lo que nos jugamos es nada más y nada menos, que la existencia de un gobierno progresista o uno reaccionario. Es elegir entre la sanidad pública, La Paz, el Clinic, el Virgen del Rocío o engordar hasta el cólico miserere a Quirón o Ribera. Es saber si queremos universidades privadas de curas y ricos, como las que gusta la reina del vermú, o instituciones públicas sólidas como la Complutense o Salamanca. Si optamos por mantener el poder adquisitivo de las pensiones, si queremos un salario mínimo decente, que los dependientes puedan vivir con los menores agobios posibles, tratar con dignidad a los inmigrantes o echarlos a machetazos a la infravida. La cosa no es si Sánchez nos cae simpático. 

¿Acríticos? En absoluto. Es fácil ver y aquí los hemos denunciado mil veces, los muchos errores de este Gobierno o la angustia que produce la asquerosa corrupción que anidaba -esperemos que sirva el pasado- entre sus filas, encabezada por dirigentes de altísimo nivel. O la falta de soluciones a la vivienda, tan invocada por el Ojo, así como otras muchas cuestiones de enorme gravedad tal que la injusticia estructural, cada día más sangrante la brecha entre ricos y no sólo pobres, sino trabajadores de a pie. Pero alguien con la cabeza fría, ¿puede creer de verdad que Núñez y Abascal vienen a mejorar las prestaciones de los ciudadanos más humildes?

Pero todos quietos, por favor, que el Ojo ve ante sí unos enormes semáforos rojos. A ver, ¿de dónde hemos sacado que la izquierda, el PSOE, Pedro Sánchez, el maltrecho gobierno de coalición, han perdido ya la batalla de la dignidad y la justicia y no tenemos más remedio que aceptar los hechos anunciados por estos profetas y ponernos a los pies de los reaccionarios ganadores? Así, para comenzar, ¿la tortura de los tribunales? Bueno, habrá que verlo, que el PP también va a cargar con lo suyo. ¿Por las elecciones de Extremadura? Venga ya. ¿Qué se prevén malos resultados en Aragón, en Castilla y León y hasta en Andalucía? Pues nada está escrito, sobre todo si no empezamos la carrera con un saco de cemento a la espalda, el miedo y la desesperanza comiéndonos las entrañas. Eso quieren unos y otros. Que nos rindamos antes de ir a la guerra. Pero tontos seríamos si aceptáramos las premisas de la derecha y sus involuntarios ayudantes: todo el pescado está vendido y en la cesta queda un mísero boquerón. Pues no. Es otra mentira más: hay que ir a por la merluza, el rape y la lubina salvaje. Y pelearnos por lograrlas, claro. Con el cuchillo en los dientes. Con el trabajo de los sindicatos, de las asociaciones profesionales y vecinales, con las abnegadas oenegés, con la resistencia en las universidades y en los ámbitos culturales y científicos.

Porque queda tiempo para demostrar que aquel amigo de Peret llamado Blanco Herrera, no estaba muerto, que no, que estaba tomando cañas. Desprendimiento hasta la escama más mínima de corrupción o machismo, muchas medidas sociales, todas las que sean posible con la minoría parlamentaria de la que se disfruta y luchar, hasta la última gota de nuestra sangre, que al Ojo no le gana nadie a dramático, para mantener el voto de los cuasi amigos que todavía no nos escupen. Quince meses dan para mucho sufrir, es cierto, pero también para correrse varias juergas monumentales. Hay que apapachar al Gobierno, pedirles que no nos dejen, que trabajen como esforzados para solucionar los problemas de las gentes, que no queremos que la economía vuelvan a dirigirla los neocapitalistas salvajes tipo Milei, o Montoro o Rato, si a eso vamos, que el nivel de conocimiento de nuestros dirigentes sea mil veces superior al de la polímata Isabel Díaz Ayuso, que el ministerio de Defensa no lo dirija Mark Rutte y que el chupacirios de Jorge Fernández Díaz no vuelva a montar una policía patriótica, esa vergüenza. Y no, no nos gustan Mario Vaquerizo o Eduardo Inda como ministros de Cultura. 

Adenda: Noticia de última hora. Las fuerzas de actuación rápida del ejército chino, encabezadas por los reconocidos Dragones Marinos han secuestrado en la noche de ayer al presidente de Taiwán, Lai Ching-te, y a su esposa Wu Mei-Ju, mientras las fuerzas regulares bombardeaban lugares estratégicos de la isla. Ambos han sido trasladados a Pekín para ser juzgados por narcoterrorismo. El revuelo mundial ha sido enorme. Naciones Unidas ha convocado de inmediato una reunión urgente de su Consejo de Seguridad, mientras Donald Trump se mostraba indignado y dispuesto a movilizar a sus fuerzas Armadas para defender con la sangre de sus soldados al régimen de Taiwan. “Es totalmente inaceptable que se produzca en pleno siglo XXI una vulneración de este calibre del Derecho Internacional”, ha dicho. También Rusia se ha mostrado dispuesta a intervenir, según ha anunciado Vladímir Putin, mientras la Unión Europea ha emitido un comunicado durísimo contra el régimen chino, exigiendo la inmediata liberación de Lai Ching-te y su esposa. 

La situación internacional es crítica. El mundo tiembla. 

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